Calendario Icomos: el rescate de la historia a través de lo arquitectónico

Una docena de edificaciones históricas, como la iglesia católica de Coronado, son plasmadas en el calendario Icomos 2018.

Verjas de hierro forjado, relieves ornamentales inspirados en elementos de la naturaleza animal y vegetal, así como el empleo del acero, la piedra y el vidrio como materiales constructivos son algunos de los rasgos estilísticos destacados en la arquitectura de finales del siglo XIX y principios del siglo XX en Costa Rica.

Hoy, más de 100 años después, algunas iglesias, casas y hasta comercios mantienen las tendencias artísticas que el país adoptó en sus edificaciones bajo la influencia europea.

El antiguo Cuartel de Cartago, ahora museo y biblioteca, es testimonio del estilo neogótico presente en el país.

“En gran medida, el desarrollo de estos nuevos estilos coincide con la llegada al país, desde finales del siglo XIX, de arquitectos y artesanos europeos que dejarían satisfechas las necesidades y el gusto de la emergente burguesía criolla, que necesitaba construir sus nuevas casas de habitación y comercios”, explicó Guillermo Barzuna Pérez, investigador del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) y profesor jubilado de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Para Barzuna, preservar antiguas estructuras arquitectónicas es también rescatar la historia. “Rescatar los espacios patrimoniales es poder tener conciencia de nuestra memoria histórica, de cuáles fueron las necesidades del costarricense en determinada época y su visión de la estética, y todo esto se ve en los muros de la ciudad”, afirmó.

“Si nosotros destruimos los muros de nuestra ciudad, no tendremos dónde ver nuestra historia”, agregó.

Edificaciones como El Castillo del Moro o la Iglesia La Merced son testimonio de la belleza arquitectónica y las costumbres del siglo XX y retratan estilos como el art nouveau, el neogótico (en el caso de la iglesia) y el neomudéjar (el Castillo del Moro). Estas tres tendencias son rescatadas en el calendario Icomos 2018.

“Son tres influencias que sin duda abrieron camino hacia una eventual modernidad y cambio en la arquitectura costarricense y que nos hablan de ese inevitable diálogo cultural con lo que acontecía en otras latitudes y de su adecuación a la realidad de nuestro país”, expresó Barzuna.

El rescate de tres estilos

La estructura conocida como el Castillo del Moro retrata el estilo neomudéjar (nacido en
España), el cual remite a tradiciones árabes.

Diversos edificios en el barrio Amón, ubicado en el corazón de la capital, aún mantienen cualidades características del art nouveau en sus balcones, puertas y ventanas de madera y yeso, que no pasan desapercibidas entre modernos edificios.

La Casa Jiménez de la Guardia, construida en 1900, así como el edificio Steinvorth, que se construyó en 1907, son joyas arquitectónicas que ejemplifican la utilización del estilo art nouveau en el país.

Además de esta tendencia, los estilos neogótico y neomudéjar también persisten en la historia de la arquitectura costarricense. El primero, surgido en Europa alrededor de 1840, se utilizó en el país en construcciones hospitalarias y algunos cuarteles, pero especialmente se destacó en la edificación de templos católicos. Las iglesias de Grecia, La Merced, San Isidro de Coronado y la de San Rafael de Heredia son solo algunos de los ejemplos.

En el diseño de estos edificios resaltan las torrecillas, los arcos ojivales en puertas y ventanas, los pináculos, los mobiliarios en maderas finamente talladas y la iluminación a través de vitrales multicolores.

“Los arquitectos e ingenieros que hicieron posible este camino al cielo, parafraseando la célebre canción, fueron Rodolfo Bertoglio, Max Bausen, Lesmes Jiménez y Teodorico Quirós”, aseveró Barzuna.

Por su parte, el estilo neomudéjar remite a la tradición árabe de España, donde se destacan cerámicas decorativas y elementos de la arquitectura árabe como almenares, arcos de herradura y torreones culminados en bronce.

“Como testimonios del neomudéjar permanecen aún los patios interiores de la Asamblea Legislativa (obra de Luis Llach), el denominado Castillo del Moro en los bajos de Barrio Amón, así como las fachadas y patios de algunas viviendas”, ejemplificó el investigador de Icomos.

Historia plasmada en papel

Como es lo usual desde hace 16 años, Icomos, en coedición con la Editorial de la Universidad de Costa Rica (UCR), publicó el Calendario Icomos 2018, que en esta edición resalta la belleza y la historia incrustada en edificios, iglesias y comercios construidos bajo las tendencias mencionadas.

En cada mes del calendario, los editores a cargo, Guillermo Barzuna y David Boza, inundan las páginas de arte e historia: de enero a abril, lo acompañarán las edificaciones de tipo art nouveau, como la antigua Ferretería Macaya; de mayo a agosto, las neogóticas, como la conocida iglesia de Coronado, y de setiembre a diciembre, el estilo neomudéjar, retratado en El Castillo del Moro.

“La principal intención es educar en aras de la preservación del patrimonio arquitectónico, tan destruido en este país. Hay un rescate de la arquitectura que aún está en pie, para valorar lo poco que nos queda”, explicó Barzuna.

El calendario se puede conseguir en la Librería de la UCR, ubicada en la Calle de la Amargura, en San Pedro de Montes de Oca.

 

 

 

 

 

 


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