Programa de Internacionalización

Becas UCR apoyan estudios de ticos en el extranjero

A través de más de 60 convenios, miembros de la comunidad UCR se superan académicamente en el extranjero.

Anualmente, decenas de estudiantes y docentes de la Universidad de Costa Rica (UCR) son becados para realizar algún tipo de estudios en el extranjero, ya sea en modalidad de intercambio semestral o para cursar un posgrado.

A través de la Oficina de Asuntos Internacionales (Oaice), la UCR ha establecido convenios con más de 60 universidades en 43 países, repartidos en cinco de los siete continentes del mundo. Entre ellos están Alemania, Estados Unidos, México, Japón, Reino Unido, República Checa, Suiza y Finlandia.

En 2017, 40 profesionales de la UCR dejaron atrás sus pizarras, empacaron sus maletas y se repartieron entre más de diez destinos distintos para formar parte de nuevas aulas, donde por unos cuantos años se pondrían el sombrero de estudiante una vez más para realizar sus estudios de posgrado.

Este tipo de experiencias forma parte de una serie de programas de la Oaice que les permite a los miembros de la comunidad universitaria expandir sus horizontes académicos y culturales.

Por ejemplo, la sección de Movilidad Estudiantil ofrece oportunidades como esta, por medio de un programa de internacionalización especial para estudiantes activos de la universidad que posean la beca socioeconómica máxima.

El proyecto forma parte de la Oaice y se financia por medio de la venta del servicio de diseño de programas de estudio hechos a la medida para universidades en el exterior.

Rita Jiménez, jefa de la sección de Movilidad Estudiantil, informó que los ingresos generados por estos servicios no solo contribuyen al “fondo solidario”, como les gusta llamarlo, sino que financian actividades de corta duración en las unidades académicas que contribuyen a la oficina a impartir los cursos parte del programa para estudiantes extranjeros.

En su primera edición en el 2012, la oficina solo logró becar a tres estudiantes. Sin embargo, el cuarto grupo de becados ha superado los diez estudiantes en los últimos semestres.

Lo multidisciplinario como forma de vida laboral

Carla Fernández lleva 15 años estudiando por medio de la UCR. Primero, se graduó de Ingeniería Industrial, escuela donde además es docente desde hace diez años. A pesar de su nombramiento parcial, se mudó a Michigan, Estados Unidos, para estudiar inglés académico con una beca corta de la Universidad.

Luego, llegó su plaza a tiempo completo como docente y desarrolladora de proyectos, donde se empezó a enamorar de iniciativas como la inclusión de la mujer en la ingeniería y de las estrategias administrativas.

Casi de manera simultánea, una maestría en computación empezó a golpear su puerta. Allí, empezó a considerar realizar estudios doctorales en el extranjero gracias a la influencia de sus tutores.

Inició el proceso de aplicaciones y una beca Fulbright-Laspau, otorgada por la UCR en conjunto con la Embajada de los Estados Unidos, la llevó a la Universidad de Illinois para graduarse como doctora en Administración de Negocios con énfasis en Sistema de Información.

“En mi vida he tenido muchas oportunidades, que tienen que ver casi con la suerte, pero también con estar preparada y tomarlas”, cuenta Fernández.

Así, partió hacia Estados Unidos con la idea de estudiar gestión de proyectos de tecnologías. Sin embargo, se dio cuenta de que su universidad era líder en aprendizaje automático y minería de datos, y en eso enfocó su tesis: innovación abierta, licencia de tecnologías y alianzas estratégicas; mientras que el hilo de la filosofía de la ciencia unía cada uno de sus artículos.

“Le había encontrado mucho gusto a la estrategia empresarial y ahí había un nicho donde yo podía aplicar esas técnicas, y que era algo que no se había hecho. No hay mucha gente que trabaje estrategias de negocios que pueda manejar técnicas computacionales. En eso hice mi tesis: empecé a ver gestión de tecnologías y de innovación, cómo generar teorías en ciencias sociales usando métodos computacionales”, relató.

Al regresar a Costa Rica en 2017, se reincorporó a la Escuela de Ingeniería Industrial, donde enseña sobre gestión de proyectos y análisis de datos. En 2018, la Vicerrectora de Docencia de la UCR, Marlen León, le encargó la dirección de la Unidad de Apoyo a la Docencia mediada con Tecnologías de la Información y la Comunicación (Metics).

Allí, asegura que sus principales retos son tres: cerrar la brecha existente en la adopción de tecnologías, sistematizar los productos tecnológicos que se han realizado en la unidad para llevarlos a más escuelas y realizar más experimentación para generar proyectos interdisciplinarios en la universidad.

“Hay muchas tecnologías como la Internet de las cosas, machine learning, que tienen aplicaciones documentadas a la educación superior. Creo que eso tenemos que mapearlo y generar proyectos interdisciplinarios. Uno de los retos más grandes en el tema de tecnología es que no se puede abordar desde solo una disciplina”, aseguró.

De su experiencia en el extranjero, además de su conocimiento académico, se lleva una reflexión: “De verdad que entre uno más sabe, más cuenta se da de lo poco que sabe, y es una de las grandes cosas que podemos hacer cuando podemos salir de nuestra zona de confort”.

Estudiando en su charco al otro lado del océano

En 2013, la bióloga UCR Melissa Mardones partió a Alemania para realizar sus estudios doctorales en Micología, sin hablar una pizca de alemán.

“Yo me fui sin saber siquiera decir hola, pero la beca incluía un curso intensivo de seis meses de alemán. (…) Ahora pienso en el doctorado y yo creo que a mí me costó más el alemán que el doctorado”, relata Mardones entre risas.

Por medio de un convenio entre la Oficina de Asuntos Internacionales (Oaice) de la UCR y el Servicio de Intercambio Académico Alemán (DAAD), Mardones dedicó los pasados cinco años de su vida a desarrollar una tesis sobre un grupo de hongos de tipo filacorales que habitan en países tropicales como Costa Rica.

Estos hongos son parásitos de plantas, pero aunque viven en sus hojas en forma de pequeñas manchas negras, no las matan. Sin embargo, a raíz del cambio climático han empezado a cobrar importancia puesto que se han iniciado a volver patógenos. “Antes no atacaban a la planta pero ahora tienen el potencial de convertirse en plaga”, explicó.

Mardones es egresada de la Escuela de Biología de la UCR y poco a poco se fue especializando en Micología, un área de estudio que posee faltantes de especialistas para la que se debían formar generaciones de relevo.

“Hay áreas de la biología donde hay mucha gente, y hay otras, como la micología, donde no hay nadie, entonces en ese sentido fui afortunada y me dieron la beca para ir a hacer el doctorado en sistemática de hongos con la idea de que regresara a sustituir a una profesora que se pensionó el 1º de enero de este año”, explicó.

Puesto que su tesis siempre estuvo aplicado a Costa Rica, asegura que a su regreso se siente en su charco, que además le permite colectar su objeto de estudio cuantas veces necesite, así como descubrir especies nuevas.

Melissa busca reducir el desconocimiento sobre las especies presentes en el país por medio de su trabajo con hongos filopatógenos con enfoque evolutivo, puesto que asegura que se sabe poco de los hongos que hay en Costa Rica en relación con los grupos a los que pertenecen.

“En Costa Rica hay mucho desconocimiento sobre las especies presentes. Es evidente que hay muchísimas más especies que no han sido descritas, uno sale al campo y 30% de las cosas que colecta son especies nuevas, eso es en lo que yo quisiera ubicarme, y en localizar estas estructuras morfológicas que nos permitan separar los grupos”, aseguró.

Además, enseña el curso Biología General, dirigido a estudiantes de otras carreras, mientras se prepara para asumir la cátedra de micología de la Escuela de Biología.

Sobre el desarrollo de su tesis, agrega que fue una vivencia muy tranquila debido a su preparación en la UCR y que repetiría “muy feliz” en cualquier momento.

“Fue una experiencia muy bonita. Y más allá de la parte académica, desde el punto de vista personal también es una experiencia muy linda, aprende uno muchas cosas. Es muy bonito darse cuenta de que hay más cosas que nos unen que las que nos separan”, finalizó.

El sonido como móvil para contar historias

Durante su paso por la Escuela de Artes Dramáticas en la primera década del milenio, José Manuel Conejo se enamoró del sonido, de las perillas en el estudio de grabación, de la música y de las ondas.

En el tercer año de carrera empezó a trabajar en el único espacio de grabación que tenía la Escuela, a punta de pequeños trabajos que le permitieran aprender a manejar el equipo. Para su suerte, el técnico que lo operaba se fue de la universidad y el estudio quedó sin personal, entonces empezó a  trabajar ahí por su cuenta.

Algunas voces se acercaron a sugerirle que aplicara a una reserva de plaza para cursar algún programa en sonido porque la Escuela necesitaba un especialista en el tema.

Entonces, en 2012 empezó a surfear por la web de universidades en el extranjero hasta que lo aceptaron en la Universidad de Nueva York (NYU, por sus siglas en inglés), pero había un problema: la colegiatura era de casi $70.000 al año.

A pesar de no conseguir financiamiento, Conejo persistió. Preguntó por la beca Fullbright-Laspau para docentes universitarios y por los programas de la Oaice, pero las colegiaturas de las universidades donde lo admitieron seguían siendo altas.

En 2013 decidió reiniciar el proceso, abrir más el panorama y ver qué otro tipo de programas había en sonido. Así, ingresó a la Universidad de Purdue en Indiana, Estados Unidos, donde le ofrecieron la oportunidad de ser asistente de profesor.

Una vez allá, su entrenamiento inició con un semestre de inglés para poder dar las clases en ese idioma.

“Yo aprendí inglés a lo MTV, a lo que pasaban en la tele, a los juegos de video y un poco a lo self-training; pero hacer el TOEFL es una cosa, y vivir en Estados Unidos es otra completamente diferente. Las primeras cuatro semanas llegaba a la casa que la cabeza me zumbaba porque era excesiva la cantidad de información”, relata.

Durante tres años fue instructor en los cursos elementales de sonido para estudiantes de pregrado: Introducción a los estudios de sonido e Introducción al diseño de sonido. Un día, su tutor, quien dirigía el programa que cursaba, decidió irse de sabático para terminar de escribir un libro y le encomendó la dirección del programa a él.

“Entre las muchas oportunidades que encontré fue tener contacto con talentos. Uno de mis excompañeros es un chico multimillonario de China, que ha compuesto música para no sé cuántos animés en Japón; tiene una empresa de juegos de video y el año pasado estrenó un juego que vendió a $1, obtuvo 2.000.000 de descargas, usted haga la cuenta”, relató.

Algunos de sus compañeros de programa trabajan editando diálogos para películas como Kill Bill, The Hateful Eight y Born, dirigiendo el departamento de creación del videojuego Minecraft para la plataforma XBOX, o en sonido para Rápidos y Furiosos 7.

“Los alcances del diseño de sonido se sostienen bajo el entendimiento del arte dramático, cómo yo potencio una historia, contada de la manera que sea, a través del sonido. El arte no está en el mejor equipo ni en los mejores micrófonos, sino en cómo vos utilizás eso. Ese fue otro de los cambios en mi forma de percibir mi propia profesión”, reflexionó Conejo.

“Eso es el diseño de sonido: contar historias con sonidos de una forma tal que yo pueda afectar la emoción de la gente para que el mensaje de la obra llegue directo”, agregó.

A su regreso, encuentra que hay que ver cómo desarrollar clases, cómo encontrar los mecanismos para desarrollar un programa de sonido en una escuela que no tiene programa de sonido ni especialidades técnicas.

“Yo sí tengo, ojalá aspiraciones y no frustraciones, el deseo de crear todo un programa de sonido en Artes Dramáticas; creo que hay mucho que hacer en este país. Costa Rica es un país hermoso, pero con prácticas muy arraigadas; entonces, cuando vos salís te das cuenta de que hay varias maneras de hacer lo mismo y que todo es por voluntad de la gente”, aseguró.

Para Conejo, la enseñanza no viene solo a través de dar, sino también de lo que recibe. “Todas estas personas vienen de situaciones diferentes y han sido mis situaciones comunes también, entonces es un intercambio demasiado rico y siento que de repente la materia es demasiada para muchos, pero se van pensando distinto con relación al sonido”, finalizó.

 


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