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Adolfo Chaves: el afán de mirar a Costa Rica desde el espacio

El ingeniero y profesor del TEC pertenece a una generación que busca desarrollar las capacidades tecnológicas y científicas del país para que este desarrolle su programa espacial, e incluso cuente con su propia agencia.  

“Si Costa Rica está presente en esta misión histórica es porque su sociedad y todo su sistema de valores pudo producir un Adolfo Chaves Jiménez”. 

Así de claro fue Ronnie Nader, cosmonauta de la Agencia Civil Espacial Ecuatoriana (EXA) y comandante de la misión suborbital ESAA-01, la cual estará completamente tripulada por latinoamericanos, entre ellos, Chaves.

Para entender sus palabras, devolvámonos unos cuantos años. A mediados de los años 80, Chaves era tan solo un niño que jugaba a armar cohetes y naves con legos cuando Franklin Chang, como astronauta de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), viajaba al espacio en un transbordador. 

Chang se retiró en 2005 y Chaves, ya convertido en ingeniero electrónico graduado del TEC, seguía soñando con la tecnología espacial. Eso lo llevó a realizar un doctorado en ingeniería de sistemas espaciales en la Technische Universiteit Delft de los Países Bajos.

Al igual que él, otros jóvenes ingenieros y científicos decidieron dar rienda suelta a sus aspiraciones infantiles y empezaron a labrar el camino para que el país contara con las capacidades técnicas que le permitieran llegar al espacio.

En el caso de Chaves, a su regreso del doctorado, se convirtió en el coordinador del Laboratorio de Sistemas Espaciales (SETEC-Lab) del Tec. “El laboratorio quiere ser la punta de lanza en la utilización de la tecnología espacial como herramienta de desarrollo para el país”, destacó el ingeniero a UNIVERSIDAD.

De hecho, el laboratorio se inauguró con el desarrollo de la parte tecnológica del proyecto Irazú, una iniciativa realizada en conjunto con la Asociación Centroamericana de Aeronáutica y del Espacio (ACAE).

Con Irazú, Costa Rica puso en órbita su primer satélite -un CubSat que medía 10 centímetros- y, con ello, dejó constancia de las capacidades con que cuenta para llevar a cabo este tipo de proyectos.

El punto diferenciador

Aunque pudieron haberlo puesto en órbita solo para probar la parte tecnológica, al microsatélite se le encargó una misión científica: tomar datos del crecimiento de los árboles ubicados en una plantación forestal, en San Carlos. Con esa información, los ingenieros forestales del TEC pudieron calcular cuánto carbono fijaron esos árboles en los meses que permaneció el satélite en el espacio.

Según Chaves, para tener impacto en el área espacial, los costarricenses debemos ser mejores en nuestro nicho. “Y lo podemos ser en monitoreo ambiental. Costa Rica puede ser un referente en este tema en todos los niveles, incluyendo la parte espacial”, señaló el profesor del TEC.

La labor de Adolfo Chaves en el SETEC-Lab inició con el proyecto Irazú, cuyo objetivo era poner en órbita el primer satélite costarricense y centroamericano. (Foto: TEC)

Por esa razón, en el nuevo proyecto, Chaves y su equipo del SETEC-Lab no solo están diseñando un sistema de control para un nuevo satélite -que va a permitir que una cámara apunte al humedal Palo Verde cuando el CubeSat 3U pase por el país- sino también están desarrollando los sensores terrestres que, al conectar con el microsatélite, medirán la profundidad del pantano. Asimismo, el diseño de la misión científica recaerá en el TEC.

Este nuevo proyecto, conocido como GW-Sat, se realiza en conjunto con la Universidad George Washington de Estados Unidos. “Ellos quieren probar un sistema de propulsión que están desarrollando para pequeños satélites”, explicó Chaves. 

De hecho, este proyecto resultó ganador de la octava ronda del CubeSat Launch Initiative, un certamen en que NASA reconoce a las mejores ideas provenientes de universidades estadounidenses. El premio consiste en el transporte, sin costo alguno, de satélites tipo CubeSat cuyo objetivo sea la investigación científica y el desarrollo de nuevas tecnologías.

“Nosotros queremos ser un laboratorio de primer nivel, trabajar de tú a tú para lograr un ganar-ganar”, enfatizó Chaves y añadió: “el objetivo es que las cosas que hagamos como laboratorio sirvan al país”.

De allí nace ese afán por colaborar con otras agencias espaciales, universidades y centros de investigación; algo que también se evidencia en el proyecto de Ley de Creación de la Agencia Espacial Costarricense (Expediente 21330), texto en el que Chaves también aportó para su redacción.

Microgravedad

En el vuelo suborbital, Chaves deberá realizar un experimento mientras siente la microgravedad.

“Cada tripulante tiene asignado un experimento para su país que debe cumplir requisitos técnicos estrictos y pautas claras con respecto a masa, volumen, potencia, composición, etc. Cada tripulante es libre de asignar ese experimento a la institución que crea conveniente, así también debe ser un experimento que pueda producir datos relevantes en un tiempo tan corto como cinco minutos”, explicó Nader a UNIVERSIDAD.

Si bien aún el experimento no está diseñado, Chaves ve un gran potencial para que Costa Rica desarrolle investigación en esta área a largo plazo, por ejemplo, en cómo podría la microgravedad afectar el crecimiento de las plantas.

“Costa Rica, al tener una biodiversidad tan increíble, podríamos probar con el crecimiento de cientos de plantas para ver cuáles nos pueden servir para que las personas puedan sobrevivir en otros ambientes como el lunar, donde la gravedad es poca, u otros ambientes interestelares; por ejemplo, ya se han utilizado algas en la Estación Espacial Internacional para la producción de oxígeno”, comentó Chaves.

Mientras piensa en el experimento, Chaves debe completar un entrenamiento dividido en tres fases que demorará 16 meses. En este, el costarricense se capacitará para lidiar con la gravedad cero, la flotación neutral y la alta gravedad. También rendirá un examen para ingresar al Centro de Entrenamiento de Cosmonautas Gagarin (GCTC), en Rusia, que constituye la última fase.

Aunque ya sueña con el espacio, ese lugar adonde sus naves de la infancia viajaban, lo cierto es que Adolfo Chaves no pierde de vista a Costa Rica. 

 

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