Irene Arce, psicóloga del PANI:

“Los traumas de los niños por violencia pueden venir desde el embarazo”

Cuando los menores atraviesan la pérdida violenta de la madre, las secuelas pueden ir desde traumas, miedos, inseguridades, episodios de ansiedad, hasta conductas de agresividad,

Los niños y las niñas pueden tener traumas inmediatos o a largo plazo luego de un evento como el femicidio. No todos tienen el mismo patrón. Los menores pueden tratar los traumas a través de tratamientos psicológicos; sin embargo, nada excluye que reaparezcan a lo largo de su vida. Así lo explica Irene Arce, psicóloga del PANI en esta entrevista. 

¿Cuáles son los efectos en un niño, niña o adolescente después de la muerte violenta de su madre?

Ellos están expuestos a una situación de mucho miedo y ansiedad. En el plano social pueden ser chicos que eventualmente pueden rehusar el contacto, porque les da miedo que les hagan daño. Pueden temerle a figuras que ellos asocien al agresor, por ejemplo, a las figuras masculinas. Pueden temerle a los adultos. Pueden tener falta de confianza en el vínculo con otras personas, porque ellos han visualizado durante mucho tiempo que el vínculo hace daño.

En el plano de conducta pueden presentar conductas de agresividad, hacia sus padres, familiares, mascotas o a sí mismos. Conductas de desafío a la autoridad. También pueden ser chicos hiperactivos, inquietos o alterados; eso es toda una descarga ante la tensión ante la intranquilidad que el niño o niña siente, que no puede expresar en palabras, al contrario del adulto. Todavía no puede poner en palabras sus sentimientos, por lo tanto lo manifiestan con este tipo de conductas.

En el plano emocional podemos encontrar la ansiedad de separación. Por ejemplo, el niño no quiere separarse de su abuelita ni para ir al baño porque le da terror. Pueden presentar síntomas depresivos, tristeza (…) El niño puede hacer una repetición de la conducta violenta.

Ver nota principal: Los traumas después del femicidio…

¿Tanto hombres y mujeres pueden reproducir la violencia, aunque el niño o la niña haya visto que la agredida era la madre?

—Ambos. Puede haber niñas que presenten conductas de agresividad hacia terceros o que asumen que tienen que ser sumisas, queditas, que tienen que aguantar todo. También pueden haber aprendido ese rol de sumisión como propio.

¿Hay diferencia entre los traumas que presenta un menor que presenció la muerte de su madre y otro que no?

Depende de todos los elementos que rodeen a la persona, porque pueden no haber presenciado pero puede haber sido un temor en chicos más grandes, puede haber sido una profecía que ya se cumplió: el niño tenía ese temor desde hace tiempo, y genera tantísimo trauma a nivel psicológico como si lo hubiera visto porque estaba a la expectativa que esto podía pasar. Más si en el agresor estaba la constante amenaza de matar a la pareja. 

¿Los traumas pueden venir desde el embarazo?

Sí, se habla de que los primeros 1.000 días desde la concepción son determinantes en el desarrollo neurológico. Si el niño aún en el vientre materno está inmerso en un ambiente de múltiples factores de riesgo, está más propenso a ser una persona que se asuste, que tenga miedo, que sea tímido.

¿Los traumas quedan para toda la vida o el tratamiento psicológico ayuda a sobrellevarlos?

El niño o niña expuesto a una situación tan traumática como esta, por supuesto que requiere tratamiento, acompañamiento profesional y de la familia.

¿En qué consiste la terapia psicológica?

Depende del enfoque que se le dé; por ejemplo, hay uno que trabaja desde el trauma, y hay otros que trabajan desde la conductas, pensamiento, reacciones. Lo importante es no dejarlos sin tratamiento.

¿Cuánto duran esos procedimientos?

Por ejemplo, el profesional en psicología puede establecer unos objetivos terapéuticos, puede establecer una cantidad de sesiones iniciales para trabajar, puede ser breve o más larga.

¿Los menores pueden ser dados de alta?

Los niños son altamente resilientes y podrán llegar a ser personas adultas buenas, con valores éticos, sociales, familiares, y llegar a desempeñarse muy bien académicamente.

¿El que se les dé de alta no significa que los traumas desaparecen de por vida?

Sí, puede pasar. Lo idóneo sería que se reabra el proceso terapéutico cuantas veces sea necesario a lo largo de la vida, porque tampoco hay recetas. No podemos decir que eso sea lo que funcione para todo el mundo. Puede ser que con un solo proceso, con la contención familiar u otros como que el niño se integre al kínder y que tengan apoyo de los profesores, el chico logre salir adelante de una forma saludable.

¿Qué pasa cuando la persona no quiere recibir este tratamiento porque no quiere hablar de la tragedia?

No necesariamente la terapia será hablar de eso, hay una serie de técnicas en las que el profesional va a poner a hablar al niño, se puede trabajar a través del juego, arte, música, movimientos corporales. En niños más avanzados pueden ser a través de lecturas. 

¿Cuánto es el tiempo prudente para empezar con la terapia?

Lo recomendable es lo antes posible. 

¿Es obligatorio?

El PANI les ofrece la posibilidad de atención psicológica; sin embargo, si la familia tiene otras opciones puede buscarlas. Hay varias opciones, una posibilidad es que se traiga el niños a las oficinas locales en 52 locales en todo el país. La segunda es que el PANI apoye en la contratación de un especialista en trauma. 

 


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