“Los maestros dejaron botado el curso lectivo y a los estudiantes”

El ministro de Educación Pública, calcula que la huelga ya le costó al Estado más de ¢133.000 millones y apunta que, para el 2019 los estudiantes estarían a merced de los profesores que abandonaron el ciclo lectivo 2018.

La huelga contra el plan fiscal en el Ministerio de Educación Pública (MEP) suma ya 67 días, dos meses calendario en lo que el Gobierno no ha podido darle fin, pese a que miles de estudiantes quedaron sin clases, otros (se desconoce cuántos) fueron expulsados del sistema educativo y otro grupo cercano a los tres mil vive en la incertidumbre de saber si logró o no ingresar a la universidad.

Los daños provocados por esta huelga indefinida, organizada en contra del plan de ajuste fiscal –pero que parece encarnar otras varias banderas de enojo y disconformidad social- llegan al punto de que muchos estudiantes ni siquiera saben si aprobaron las asignaturas pues sus profesores no dejaron las notas antes de irse a huelga el pasado 10 de setiembre.

Ahora el MEP se encuentra esperando también a que los directores de los centros educativos ingresen las notas en el sistema para así informarle a los estudiantes si finalmente pasarán o no a otro grado.

El ministro de Educación Pública, Édgar Mora, alega que se encuentra con las manos atadas y justifica la imposibilidad de salvar el ciclo lectivo en que no se puede obligar a los docentes a regresar a las aulas; sin embargo, en un alarde de optimismo, dice esperar que el curso del año 2019 inicie con normalidad.

De lo contrario, dice casi como una amenaza velada, será el Gobierno el responsable de dictar medidas que contribuyan a mitigar la falta de docentes en los centros educativos y que los estudiantes retomen sus clases con normalidad.

Mora señaló también que esta huelga mostró una faceta diferente sobre muchos docentes contratados por el MEP –que contradice seriamente la idea antigua del maestro abnegado- y que ante la coyuntura de este conflicto muchos de estos docentes han demostrado un desapego emocional y moral hacia sus estudiantes y un alto nivel de agresividad y violencia.

Enseguida un extracto de la entrevista brindada por Édgar Mora a UNIVERSIDAD.

Usted asumió este año y le “dejaron tirado” el curso lectivo. Hasta el momento no ha sido posible restablecer funciones. De hecho, es el único sector que no restableció, ¿por qué?

-La huelga siempre tuvo una característica importante que pareció emerger desde el principio. Era una huelga más notable en el sector educativo, en el Magisterio. Uno podría decir que era una huelga magisterial con gente de otros sectores que se adhirieron a la huelga pero no masivamente. Eso tiene razones históricas, los tres sindicatos más grandes del país están en el sector de educación, los recursos disponibles para la huelga son mayores en ese sector y es una huelga difícil de controlar porque la educación no ha sido reconocida en el país como un servicio esencial.

En realidad, los maestros no me dejaron “botado” a mí, dejaron “botado” el curso lectivo y a los estudiantes. Esa es quizás la parte que la sociedad reclama con más fuerza y con más censura social o moral. La gran pregunta es si una protesta en el Magisterio tiene que provocar estos efectos tan negativos que se manifiestan en la pérdida de un servicio esencial para la comunidad aunque no legalmente, que tiene como centro de ese servicio a los estudiantes

¿Qué pasa si esa sentencia no se da en los próximos días, si los sindicatos no terminan la huelga? ¿Cuál es el plan del MEP para lo que queda de este año?

-Nosotros contamos con que la huelga va a persistir independientemente de si hay una solución en el poder judicial o no. Nos parece que hay una característica, y es la persistencia de algunos miembros del Magisterio en mantener un nivel de consigna alto, un llamado a la huelga permanente e indefinida y queda muy poco tiempo de aquí a que termine el curso lectivo. Hay dos calendarios que parecen estar siendo contrapuestos. Uno es el calendario de la emisión de una sentencia judicial que no tiene una fecha definida y el otro es el calendario escolar que tiene que terminar el 13 de diciembre. Mientras tanto, los días corren y corren y es necesario restituirle a los estudiantes la posibilidad a todos los estudiantes de ser evaluados y también de ser certificados, de definir la condición académica de cada uno de los niños, niñas y de los jóvenes que forman parte del sistema educativo

Eso es lo que ustedes esperan, pero no necesariamente eso va a pasar en los centros educativos. Así como puede ser que en un centro vuelvan algunos profesores, en otros no. ¿Cuál es el plan?

-Hay tres grandes circunstancias que viven los estudiantes. Independientemente de lo que vivimos quienes estamos obligados a vivir en el conflicto, hay que poner la mirada en los estudiantes, esa es la obligación del Ministerio de Educación Pública. Hay tres grandes escenarios que “Pedro y Lucía”, por poner un ejemplo, viven. Una de ellas tiene que ver con que hayan tenido la dicha de mantener el servicio educativo a su favor, es decir, que sus maestros no se hayan ido de huelga.

Pero en un centro educativo cercano se podría dar la situación de que sólo haya profesores para unas materias y para otras no. En ese caso “Pedro y Lucía” tienen una situación mixta. Tienen algunos cursos en los que pueden hacer valer todas las notas para ser evaluados los tres trimestres, pero puede ser que en alguna de las materias sólo tengan las notas de dos trimestres porque el 10 de setiembre su profesor se fue y no regresó. En el caso de estudiantes que tienen los tres trimestres, la ponderación debe normalizarse. En el caso de estudiantes que tienen notas de dos trimestres, la nota final debe ponderarse con los dos trimestres de los cuales tenemos datos disponibles.

También hay una situación mixta en la que podría suceder que el profesor regresó algunos días después de haber empezado la huelga, cubrieron materia y fueron exámenes. Aun así les estamos dando la oportunidad de que su ponderación sea la más favorable para ellos. Es decir, puede ser que se considere los tres trimestres o que se consideren dos trimestres, siempre favoreciendo a los muchachos que han sido afectados por la huelga.

Hay otra circunstancia en la que sólo tenemos un dato, que es la de un trimestre. En ese caso “Pedro y Lucía” podrían tener la situación en la que se les termine valorando ese trimestre como nota del año. Si ese trimestre como nota del año no les da lo suficiente para pasar, ellos están en la posibilidad de reclamar un daño. En ese caso a “Pedro y Lucía” les podemos hacer un examen que valdría la nota del examen como la nota del segundo trimestre, o el segundo dato para ponderar. Es decir, se sumaría la nota del primer trimestre más la nota de ese examen y se divide entre dos.

Finalmente tenemos la posibilidad más difícil de resolver, en la que existan algunos centros en los que difícilmente no encontremos ninguna nota. Esto señala problemas que no son de huelga, señala problemas previos y tiene más que ver con negligencia que con la huelga en sí.

¿Si no hay ningún dato qué pasa?

-Estamos valorando cuántas situaciones de esas tenemos.

¿El MEP asegura que para el otro año los estudiantes van a tener sus notas y sabrán qué grado cursarán?

-Queremos que eso suceda en el 100% de los casos. Estamos trabajando fuertemente para que eso suceda. A esta altura sabemos que podemos resolver estas situaciones, sin embargo creemos que hay circunstancias difíciles. Por ejemplo, la combinación entre un estudiante que no tiene una sola nota registra y que se nos desaparece en el espacio del país. Hay casos así. Tenemos estudiantes, no muchos, que seguramente ya no viven en el lugar donde iban a la escuela hasta el 10 de setiembre. Puede que él o ella ya no pudiera matricularse en otra escuela. Puede que al lugar donde sus padres lo llevaron se encuentren una escuela cerrada. Si nosotros no tenemos un solo dato de él este año, es muy probable que esta situación no la podamos arreglar. Creemos que la mayoría de casos los podemos compensar y normalizar para que su proceso de matrícula del próximo año no sea el que sufra las consecuencias

¿Hay una fecha límite o un plazo de tiempo para informarle a los estudiantes si pasaron o no el año?

-Tenemos tres semanas para lograr hacer esto. Estamos creando escenarios con Pedro y Lucía para poder entender cuáles son las mezclas de situaciones a las que Pedro y Lucía están enfrentados ahorita y poder buscar una solución para ellos que, en la mayoría de los casos, no será una única solución. Pedro y Lucía tendrán distintas soluciones para las distintas situaciones que están viviendo

Ahora usted hablaba de que era posible que los educadores terminaran este año en huelga, ya llevamos más de 60 días en huelga. ¿Cuál es su nivel de autoridad respecto a esto?

-Es evidente que hay un retorno paulatino, que el mensaje de retorno no “ha caído en saco roto”. Sin embargo, es cierto que hay pocos incentivos para regresar. Mientras haya un limbo legal muy grande entre el momento en el que se declara la huelga y el momento en el que se resuelve judicialmente, hay instrumentos a la mano de los sindicatos que permiten sostener a las personas en huelga. Esos instrumentos son aportados por el mismo Estado, a través de la permanencia del pago, por ejemplo. Cada uno de ellos ha recibido puntualmente su salario porque así lo determina la ley. El incentivo para regresar bajo esas circunstancias es menor que si no hubiese pago, pero también es menor el incentivo de regresar mientras no haya una declaratoria definitiva de legalidad o ilegalidad del movimiento.

Pero entonces, usted como ministro está con las manos atadas en este momento.

-Sí, no se puede obligar a nadie a regresar. Hay que respetar el derecho de huelga de las personas. Eso es lo que la ley está determinando. Además hay una serie de circunstancias que vienen sucediendo, por ejemplo, el reclamo de maestras y profesores sobre una presión constante que reciben para sostenerse en la huelga. Esto está complementado con el hecho de que muchos de ellos no requieren ninguna presión para mantenerse en huelga, porque creen que el estado de huelga es la mejor decisión que pueden tomar. Eso lo manifiestan de manera constante. En las reuniones de los sindicatos, cuando los dirigentes pretendieron deponer el estado de huelga ellos mismos mencionan que fueron las bases los que no permitieron que se depusiera la huelga, lo que señala que esta huelga se le salió de las manos a los dirigentes que ya habían llegado a un acuerdo previo con el Gobierno y que fue revocado por cada una de las bases de los tres sindicatos.

Don Édgar, usted tiene la fe de que el otro año inicie el curso de manera normalizada pero, ¿si no fuera así?

-Si no fuera así, si las circunstancias conocidas previamente, no llegan a estar presentes el día que vamos a iniciar el curso lectivo, el Gobierno tiene que construir circunstancias nuevas para brindarle normalidad a los estudiantes. Eso implica tomar una serie de decisiones que no vale la pena adelantar, porque puede ser que no haya que construirlas. Pero, si eso llega a aparecer, en los meses de diciembre y enero, el Gobierno tendrá que construir lo que sea necesario para normalizarlo.

Hay una ruptura importante entre los educadores y el MEP, ¿Estamos a merced de esos educadores, que dejaron botado el curso lectivo, para el otro año?

-Sí, lo más probable es que sea así. Las personas que forman parte del Magisterio tienen una estabilidad que nos hace aceptar que ellos son el cuadro de docentes y profesores. Yo quiero mencionar que es importante no generalizar. Persigo una base de docentes que nunca fue a huelga, que ha permitido mantener abiertos más del 50% de los centros educativos, sobre todo un porcentaje alto de centros educativos donde hay muchísimos estudiantes que siempre se han mantenido abiertos. No necesariamente con el 100% de su capacidad pero sí con la capacidad necesaria para resolver la situación de miles de estudiantes. Finalmente, una gran cantidad de docentes que han decidido deponer la huelga por su propia decisión que se han incorporado. No necesariamente porque apoyen al Gobierno, sino porque quieren apoyar a sus estudiantes. Eso también existe en el magisterio. Esa es una buena base para tener en cuenta a la hora de pensar en proyectos educativos en el país.

Anteriormente, en el país se tenía la idea de un profesor abnegado. Esta huelga deja en entredicho todo esto. Son profesores que, con sus acciones están demostrando algo contrario a lo que la sociedad costarricense tenía en mente.

-La huelga ha reflejado una cara del magisterio que, o se conocía poco, o no se había manifestado en toda su dimensión. A mí me preocupan mucho los niveles de agresividad y violencia que muchos de ellos muestran. Esta es una época especial en la que cada uno es vocero de su propio pensamiento. Al tener esa gama grande de voceros personales uno se puede dar cuenta de quién es quién y qué piensa cada uno. De qué manera lo expresa.

Yo sí he quedado asombrado al ver una vocalización de un gran nivel de violencia. Me parece que eso es grave porque no es necesariamente una competencia agradable ni productiva en un sistema educativo. Si un profesor o una maestra son rápidos en descalificar, en agredir, en ser hostiles frente a compañeros que regresan de la huelga, frente a las autoridades de su propio sindicato, o frente a su propia jefatura institucional, uno podría pensar que no tienen las competencias adecuadas para seguir adelante en un proceso educativo con muchachos y niños que tratamos de llevarlos en una dirección contraria a esa. Me cuestiono si una persona que le grita un epíteto homofóbico a su dirigente sindical, ¿puede realmente manejar el protocolo de bullying que tiene el Ministerio, o se le puede otorgar semejante responsabilidad?

Con todo esto, el resultado de esta huelga es que más de 900 000 estudiantes de educación pública quedan en desventaja con respecto a 57 000 que asisten a centros educativos privados.

-Absolutamente en desventaja. Quedan vulnerados y vulnerables. Hace días la huelga no tiene manifestaciones de huelga, sólo el ausentismo. Si el ausentismo se convierte en sinónimo de huelga y viceversa, ¿que contendrá? ¿Cuántas veces en el curso de una vida estudiantil, tendrá el estudiante de educación pública que afrontar este tipo de situación? Hay muchas maneras de protestar, la gran pregunta es si esta es la única manera de hacerlo. En el curso de 11 años, 12 años, ¿cuántas veces puede estar expuesto un estudiante de nuestro sistema educativo a esta misma circunstancia. ¿Por qué las huelgas políticas como esta no tienen un término? ¿Por qué puede declararse indefinida una huelga política? ¿Qué significa eso? ¿Qué pasa si la huelga es declarada legal? ¿Qué escenario vamos a enfrentar? Si además, siendo una huelga política que no se puede resolver en el MEP, no tiene solución en sí misma. La huelga sirvió para manifestarse, para colocar alguna agenda política. Todos nos dimos cuenta de cuáles eran los reclamos y reivindicaciones políticas que solicitaba el magisterio pero, ¿puede el magisterio sostener una huelga de dos años, un año o seis meses? ¿Cuál es el costo que tiene para el país y para los estudiantes? ¿Cómo se resuelve la contraposición de dos normas jurídicas, en derecho a huelga y en el derecho constitucional y humano de recibir educación? ¿Cuál prevalece sobre el otro? La sociedad tiene una versión de eso y la ha manifestado con mucha vehemencia. La sociedad ha censurado esta huelga. Sin embargo, también es cierto que el magisterio reclama tener una sentencia judicial para no atender la censura moral que ha recibido.

Hablemos del impacto de la huelga. ¿Económicamente cuánto cuesta esta huelga?

-Hay posibilidades de que esta huelga tenga un costo aproximado a los ₡66.500 millones mensuales, si se considera una serie de variables del costo. Fundamentalmente van salarios del personal de centros educativos, considerando datos que tenemos sobre ausencias del personal del MEP. También hay otros costos adheridos a este valor directo que viene de pagar salarios por un trabajo no realizado. Por ejemplo, hay costos para las familias que reciben el subsidio de becas de Avancemos. Esto es un costo sobre familias muy pobres que no están recibiendo el subsidio. La razón por la cual no reciben este dinero es porque quienes documentan que los estudiantes están asistiendo al centro educativo son los directores, y los directores están en huelga. No se devuelven ni siquiera para registrar al muchacho que está recibiendo la beca. Aquí hay un daño directo sobre estas familias.

¿Qué otros costos ha tenido esta huelga?

-Por ejemplo, ha tenido costos sobre las familias que viven del transporte de estudiantes. Hay otra consecuencia importante, es que FONATEL tiene un contrato para entregar equipo de cómputo a escuelas sobre todo de la zona sur, del cantón de Coto y la zona de Térraba. Ellos adjudicaron 13.194 equipos de los cuales, por razón de huelga, sólo han podido entregar 38. Esto tiene un efecto muy negativo sobre estas escuelas y sobre el proceso de contratación administrativa de esta gran licitación, porque tiene un plazo definido para terminar. Sólo el hecho de que no se puedan entregar estos equipos causa una consecuencia muy grande en esos centros de educación, que son centros unidocentes que requieren de mucha ayuda. El mapa de la huelga es muy variado, no es homogéneo.

Con el cruce de datos de docentes ausentes con Migración ustedes hablaron de 42 procesos que habían abierto. ¿Qué ha pasado en los últimos días respecto a estos procesos?

-Ya hemos superado ese número. Ese número fue un número inicial pero yo he firmado la apertura de más de 200 expedientes. He abierto 200 expedientes disciplinarios a personas que abandonaron el curso lectivo. Ahora el departamento disciplinario hace el traslado de cargos a la persona, que es notificarlo. De ahí inicia todo el proceso en el que esta persona tiene el derecho a defenderse, presentar todo el descargo que ellos consideren. Hay un abogado que lleva esa causa, que tendrá que emitir una resolución final. Según lo que nos han dicho eso puede tardar de tres a cuatro meses. Frente a lo que dura un proceso de los propietarios que dura hasta año y medio.

Don Édgar, este año, lo iniciamos con intolerancia y fanatismo. Las escuelas amanecieron cerradas con candados en febrero y ahora estamos frente a la huelga. Al final son dos fenómenos separados. Uno con fanáticos religiosos que cerraron las escuelas a causa de los programas de educación sexual y ahora con fanáticos o gente que es intransigente sindical y que abandona las escuelas. ¿Cómo defender la educación pública?

-Es importante que la sociedad lo haga. La sociedad tiene que tener una posición respecto a esta experiencia. Esa posición de la sociedad debe de expresarse de distintos modos. Creo que lo está haciendo. La sociedad costarricense está mostrando alguna censura que pesa sobre la acción de protesta que específicamente afecta a los estudiantes. Eso debería de manifestarse de manera constante hasta convertirse en nueva regulación respecto de las posibilidades de que esto se repita. Mucha de esta regulación, deseablemente debería de ser autorregulación de parte de los propios sindicatos. Si ellos tienen el poder de convocatoria para provocar el ausentismo en las escuelas, en la misma medida que tienen poder, tienen responsabilidad sobre la misma presencia de los docentes y de los alumnos en las aulas. Con poder tienen responsabilidad. Esa es la circunstancia que deberíamos entender todos.

*Colaboró en esta entrevista: Alejandro Durán

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