La noche que puso a Celso Gamboa contra la pared

Tensa comparecencia ante diputados después de que exembajador en Panamá contó detalles comprometedores del viaje a ese país de magistrado y empresario Bolaños en 2016

El magistrado Celso Gamboa salió este martes de la Asamblea Legislativa rodeado de guardaespaldas y agobiado por los periodistas que le preguntaba si iba a renunciar y por qué tantas mentiras.

Su gesto era el antónimo de aquel orgullo que mostraba 20 meses antes, cuando fue juramentado como magistrado en un ambiente de fotografías y abrazos con casi los mismos diputados que esta noche no se cansaban de llamarlo mentiroso.

Ya no respondía nada él ni su abogada, su propia hermana Natalia, que trabaja como defensora pública en el mismo Poder Judicial. Muchos otros amigos se han distanciado en estas semanas de cuestionamientos, pero la hermana hoy fue su consejera y su freno al responder las preguntas variadas sobre la relación del magistrado con el empresario Juan Carlos Bolaños.

Una comparecencia previa del exembajador tico en Panamá Rodrigo Rivera había dejado muy mal parado a Gamboa en las explicaciones sobre el viaje a Panamá en que este coincidió con Bolaños y con el supuesto proveedor del cemento chino Dai Wuping, el 9 de octubre del 2016.

Rivera, quien participó en ese momento como posible asesor legal de Bolaños, dejó ver que este y Gamboa viajaron juntos a Ciudad de Panamá y no se sabe bien a qué. Que coincidieron en hotel, en carros, en bares, en el aeropuerto. Que el cuento de comprar ropa de bebé en Colón, como respondió el magistrado el 11 de setiembre a UNIVERSIDAD, fue solo un pretexto increíble.

Rivera y Gamboa casi se topan esta noche. El primero salía entre aliviado y preocupado y el segundo apenas llegaba a tratar de desmentir, pero los guardaespaldas hicieron que el exembajador se pudiera ir tan solo como llegó, con su pequeño paraguas sin abrir, pero habiendo rociado suficiente combustible en la silla que ocuparía inmediatamente el magistrado.

Gamboa iba a llegar, hablar por una hora y media y dejar con cara de desconcierto e indignación a los diputados miembros de la comisión que investiga los créditos públicos y la trama de influencias políticas alrededor del negocio de importación del cemento chino.

Celso Gamboa no se abstuvo de declarar. No es su estilo. Una de sus armas en su carrera política ha sido la aparente contundencia de sus palabras. Ayer trató de aplicarla, pero no faltaron los ratos de titubeos. Celso Gamboa flaqueó en su verbo y eso es noticia. Habrá que leer el próximo texto de su blog.

Esta vez se aferró a una explicación nueva. Dejó por admitido que era mentira obvia aquello de que fue a Panamá a comprar ropa para su recién nacido y ahora se aferra al relato de que en realidad fue a un paseo con una amante, por si faltaba morbo en el entramado del cemento chino.

Negó, eso sí, haber planeado el viaje junto a Bolaños. Asegura que la coincidencia en el número de tarjeta de crédito con que se compraron los tiquetes es algo raro, porque él pagó el boleto de más de $600 en efectivo, aunque no tiene facturas. Tampoco las tiene del hotel donde se hospedó, el mismo de Bolaños y el chino Dai, el Hard Rock Panama Megapolis. No hay muchos rastros.

“Yo no conocía a Bolaños y Celso Gamboa me lo presentó casi en la manga del avión en Panamá ese domingo” dijo con aparente serenidad Rodrigo Rivera, quien aseguró haberse extrañado por el viaje del empresario y el magistrado, aunque no tiene evidencia de qué andaba haciendo este, pues por ratos le perdió la pista. Además lo recuerda bebiendo licor como amigo con Bolaños y Dai. “Pronto vi que conocía sus negocios”, agregó.

El objetivo del viaje de Bolaños, contó Rivera, era resolver un asunto legal por el uso de la marca “Sinocem” en Panamá, el mismo nombre de la empresa propiedad de joven griego y beneficiaria de créditos por más de $30 millones del Banco de Costa Rica (BCR). En resumen: era un viaje de negocios y Gamboa participaba.

Dejaba al magistrado seriamente comprometido, pero había dos cosas que no iban a pasar. La primera: que él admitiera haber viajado junto a Bolaños y Dai. La segunda: que se quedara callado.

Entonces no quedaba otro camino que desarrollar la historia de las “pasiones clandestinas”, como resumió el diputado Ottón Solís después de tener que escuchar supuestos asuntos privados de Gamboa. Lo escucharon miles de personas (la transmisión por el Facebook de la Asamblea Legislativa llegó a más de 11.000). El caso del cemento ha ido ganando interés y la audiencia de ayer era una de las más valiosas.

Claro, era la audiencia del magistrado que llegó hace 20 meses a la Corte como promesa de cambio, credibilidad y aires frescos. Era el ex viceministro de Seguridad, exjefe de la DIS, exministro de Seguridad, exfiscal adjunto y ahora magistrado, suspendido tres meses mientras avanza una investigación disciplinaria y otra penal.

Gamboa volvió a negarlo todo, aunque la cara de incredulidad de varios miembros de la comisión era evidente. Se lo dijeron. Le dijeron “mentiroso” varias veces. No le creen que fuera por una amante y que fuera solo una casualidad las coincidencias en los detalles del viaje. Antes se presentaba como un buen papá; ahora como un mal marido. No faltaría incluso quien vea esa supuesta aventura extramarital como algo meritorio. Mejor admitir un lío de faldas que de faltas o de platas, dijo después un diputado incrédulo.

“He fallado como hombre, no en la probidad como funcionario” decía a los legisladores que más bien le acababan de agradecer a Rivera por la información que daban por cierta. Era información que hundía más a Bolaños.

Para peores, Gamboa se contradijo varias veces en su relato. Por ejemplo, primero dijo que conoció a Bolaños en la Casa Presidencial durante el gobernó de Laura Chinchilla. Después dijo que no recordaba bien y se retractó. Y todo bajo juramento de verdad.

Solo en tres ocasiones dijo no poder dar ciertos detalles porque son asuntos que están bajo investigación en el Poder Judicial. La duda con Gamboa es si participó en negocios de Bolaños en el extranjero o si influyó internamente para evitar que se investigaran relacionados al cemento o a Bolaños. O si es solo un actor indirecto en la trama del cemento.

Las respuestas parecían, en todo caso, inútiles. Los diputados no le creían. La liberacionista Sandra Piszk reaccionó ofuscada cuando le oyó decir que conoció al empresario en el gobierno de Laura Chinchilla, donde la diputada fungió como ministra de Trabajo.

Así, con pocas preguntas valiosas entre decenas de intervenciones inútiles de algunos legisladores (Abelino Esquivel se hizo destacar), Gamboa intentó surfear la ola. Parecía que lo iba a lograr, se notaba bien preparado, pero dijo cosas difíciles de digerir. Cuesta imaginarlo de nuevo en funciones de magistrado después de esta noche.

Por eso al salir los periodistas preguntaban si renunciaría. Y en esto él si prefirió abstenerse. Su hermana y los guardaespaldas lo resguardaban. Esta vez no hubo abrazos ni selfis con diputados.

(Los diputados tienen hasta esta semana para recibir comparencias y pronto deben entregar un informe sobre sus indagaciones. El viernes acudirá Mariano Figueres, otro de los personajes cuestionados por este caso)

 


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