Pavas y La Uruca: 

En los distritos con más contagios, el hambre y el desempleo preocupan más que la pandemia

Pavas y Uruca agrupan 14.90% de los casos activos en todo el país. En ambos distritos, la falta de trabajo, el hacinamiento, la pobreza, los asentamientos informales han disparado los casos. Vecinos claman por trabajo para sobrevivir al COVID-19.

Hogares donde ninguno de los miembros de la familia tiene empleo o tuvieron reducción de jornada debido a la pandemia, en los que comen apenas dos veces al día, no se pagan recibos, o hay casos positivos del coronavirus, son la constante en Pavas y La Uruca, los distritos con más contagios activos de COVID-19 del cantón de San José, en los que el desempleo y el hambre preocupan más que la enfermedad respiratoria. 

Estos dos distritos josefinos agrupan cerca de un 14.90% de los casos activos de todos el país, son lugares en los que asentamientos informales, la migración, el hacinamiento, la pobreza, el desempleo y el empleo informal se han convertido en caldo de cultivo para la explosión de contagios. 

Ese es el caso del proyecto Cristal, un precario ubicado en el distrito de Pavas, en el que el COVID-19 ha hecho de las suyas, no solo por los contagios -pues muchas alamedas tienen decenas de casos positivos- sino también por el drama humano que viven las familias, que apenas cuentan para comer con los diarios que brinda el Ministerio de Educación Pública (MEP) a los estudiantes.

Ese es el caso de la familia de Grettel, una mujer de 20 años, quien resultó contagiada por COVID-19 en el mes de julio. En su humilde casa, ubicada en Proyecto Cristal viven 14 personas, quienes comparten baño y cocina. Al final todos enfermaron de coronavirus. 

No saben aún cómo se contagiaron, algunos de los miembros de su familia salían a trabajar, a hacer mandados, viajaban en bus e incluso los niños jugaban en la misma Alameda, comenta. La enfermedad, en su momento, se empecinó contra ellos, cuando llevó a su abuela a internamiento por unas semanas y a su papá a la clínica por falta de oxígeno. 

Pero a ella, el COVID-19 no le quita el sueño en este momento, le preocupa pagar los recibos o comer, pues su esposo perdió su empleo, debido a la pandemia, su papá aún no ha vuelto al trabajo, pues no se le había levantado la orden sanitaria, y en su caso, la venta de artículos por catálogo, tampoco está generando recursos en estos tiempos. La comida que han tenido ha sido gracias a los diarios que otorga el MEP a los estudiantes y a una cuñada que le ha ayudado. 

Cerca de Grettel vive Teresa Ramírez, de 56 años. En su casa, la afectación ha sido económica, pues su esposo, quien trabaja en construcción, se quedó sin trabajo debido a la pandemia y ella es ama de casa. 

Sus dos hijos son estudiantes, eso ha representado su «tabla de salvación», pues, con los paquetes que da el MEP a los alumnos, le han dado de comer a toda su familia. En su casa apenas pueden hacer dos tiempos de comida, es para lo que alcanza; y de los recibos ni hablar, no sabe cómo va a pagarlos cuando se venzan. 

Pavas: problemática social y económica es factor de riesgo

“Pavas tiene todos los problemas que la pobreza y las zonas urbano-marginal generan”, así lo señaló a UNIVERSIDAD la jefa de Consulta y coordinadora de la Comisión de Vigilancia Epidemiológica del Área de Salud de Pavas, Silvia Jiménez.

De acuerdo con Jiménez, esta Área de Salud que actualmente es administrada por Coopesalud, atiende a unas 87 mil personas; sin embargo, tiene una alta cifra de población migrante, por lo que mucha ni siquiera está censada. 

Además, contiene las dos caras de la moneda: la zona de Rohrmoser, en la que habitan personas con mayor poder adquisitivo, y por otra parte, 17 precarios en los que vive gente en condiciones de pobreza, pobreza extrema y hacinamiento, tales como Finca San Juan, Laureles, Oscar Felipe, Metrópolis, Bribri, entre otros. 

“Históricamente es una población que presenta, precisamente por el hacinamiento, muchas diarreas, infección de vías respiratorias, hipertensión, diabetes. Con la pandemia, el dengue no se ha presentado como lo haría usualmente. Los casos han sido pocos este año, probablemente asociado al clima, o a particularidades de la pandemia”, señaló Jiménez.

La problemática social y económica en este distrito resulta un factor de riesgo para sus habitantes. En muchos de los hogares viven entre 10 y 20 personas en un mismo hogar, tampoco hay ventilación, y en muchos casos tampoco se practican hábitos de higiene. 

Además, la pandemia dejó a mucha gente sin empleo, y la violencia y las drogas continúan siendo un problema latente. “Eso es una puerta de entrada para que sea más fácil que se manifieste la enfermedad”, indicó la doctora.

Necesidad de trabajar

Pavas no escapa de la realidad del país, asegura Jiménez, en este distrito la gente está cansada de estar encerrada en la casa y necesita salir a trabajar porque tienen que comer.

“Hay gente que vive de lo que se gana al día. Tenemos vendedores de lotería, vendedores ambulantes, taxis piratas, y si no salen, no comen. Y si no trabajan, ¿cómo mantienen a la familia? Tenemos gente suplicando para que les hagamos llegar pañales y otras cosas. Hemos encontrado mucha patología de ansiedad, el encierro está afectando a la gente que está guardada buena y sana ”, externó.

La Fuerza Pública ha tenido bastante trabajo en los últimos meses, asegura, pues en los períodos de encierro, los fines de semana se hacen fiestas, y muchos de los vecinos también toman licor y arman tumultos en las calles. 

De acuerdo con el geógrafo de la Escuela de Geografía de la Universidad de Costa Rica (UCR), Melvin Lizano, el distrito de Pavas, cuya extensión territorial es de 9,35 kilómetros cuadrados, tiene 12 veces más densidad de casos activos que el cantón de Desamparados, el cual posee una extensión de 118, 91 kilómetros cuadrados. (Foto: Miriet Ábrego)

Tamizaje comunitario

Los primeros casos de COVID-19 aparecieron en el distrito, en el mes de marzo, inicialmente corresponden a vecinos de Rohrmoser que regresaron al país luego de realizar viajes a Estados Unidos y Europa. Hasta mediados de abril, el comportamiento fue muy tranquilo.

En junio, las autoridades de Salud, realizaron un tamizaje comunitario en este distrito con el objetivo de encontrar el virus en las “zonas dormidas”, lugares donde no se habían reportado casos, pero en los que existía sospecha -por sus condiciones de vulnerabilidad-  que existían. 

“Teníamos casos en ciertos lugares, pero habían otros donde había mucho hacinamiento y no habían casos. Se realizó tamizaje comunitario, se realizaron alrededor de 1.000 muestras, se fue a los lugares silenciosos, ahí muchos no tenían seguros, eran migrantes. El tamizaje permitió hacer foto de todo el área y valorar la situación. Cuando se realiza el tamizaje, a pesar de que solo salieron 60 muestras positivas, nos permitió ver que si habían casos. Identificamos casas donde viven entre 10 y 20 personas, las famosas cuarterías. A partir de ahí se empiezan a consultar más los usuarios”, explicó. 

Actualmente, en el Área de Salud de Pavas se toman entre 100 y 200 muestras diarias, las pruebas se realizan en unas carpas ubicadas en el centro médico, en los que se atienden únicamente a personas con síntomas respiratorios. 

Al martes 4 de agosto, el distrito de Pavas registró un total de 1.310 casos acumulados por COVID-19, de los cuales 841 se encuentran activos. Además, cinco habitantes de esta zona han perdido la vida debido a la enfermedad. 

De acuerdo con el geógrafo de la Escuela de Geografía de la Universidad de Costa Rica (UCR), Melvin Lizano, el distrito de Pavas, cuya extensión territorial es de 9,35 kilómetros cuadrados, tiene 12 veces más densidad de casos activos que el cantón de Desamparados, el cual posee una extensión de 118, 91 kilómetros cuadrados. 

La Uruca: Vecinos preocupados por “sobrevivir”

En el asentamiento josefino La Carpio, ubicado en La Uruca, más del 50% de las infecciones por COVID-19 no tienen nexo epidemiológico identificado, así lo declaró a UNIVERSIDAD el director del Área de Salud de La Carpio-León XIII, Sergio León. 

Este lugar agrupa gran cantidad de contagios en el distrito de La Uruca, que al martes 4 de agosto contabilizó un total de 1.094 casos acumulados de COVID-19, 1.034 casos activos y 9 fallecidos. 

Los vecinos de La Carpio, al igual que los de Pavas, también están preocupados por “sobrevivir”, muchos de ellos han sido afectados por el desempleo y necesitan salir a trabajar para llevar alimentos a sus casas.

“Nosotros sabemos que aquí la necesidad de la gente es importante. Cuando uno llama a la gente positiva para darle seguimiento, muchas veces andan trabajando pese a la orden. Eso es porque tienen que comer. En una cuartería donde viven 15 personas, las 15 aisladas. ¿Cómo comen? Hay unos que salen. Nosotros a través de Trabajo Social, Asociaciones y Municipalidad tratamos de darle apoyo a algunas familias, pero son muchísimas, cuesta darle a todos. En definitiva, la gente sale aquí, la mayoría, por necesidad”, señaló León. 

A Juan Antonio Muñoz, de 67 años, la pandemia le arrebató su empleo como guarda de seguridad. La enfermedad aún no ha llegado a la burbuja de este vecino de La Carpio; sin embargo, más allá del COVID-19, le preocupa la falta de dinero.

En este momento incluso subsisten, económicamente, solo gracias a los ahorros de su hija, quien antes de la pandemia trabajaba cuidando niños. Agregó también que solicitó una pensión del Régimen No Contributivo (RNC); no obstante, se la rechazaron porque no vivía en pobreza extrema y tiene casa propia.

A unas cuantas casas de su hogar vive Angélica Ibarra, de 32 años, quien trabaja como dependiente en una tienda. Ella también ha sido afectada por el COVID-19, pues le aplicaron reducción de jornada; además, en el último mes no ha recibido dinero, pues varios comercios han cerrado sus puertas temporalmente, debido a las restricciones sanitarias.  

“Me ha afectado porque parte de lo que yo gano lo mando a mi mamá en Nicaragua, ella necesita comprar medicamentos y yo velo por ella. En la casa estamos sin plata, solo con la comida; mi esposo sí está trabajando”, aseguró.

Ibarra tiene una hija menor de edad que estudia en una escuela pública, gracias a esto también ha recibido paquetes de comida del MEP. Los créditos también le provocan dolor de cabeza, pues pese a la situación, almacenes como Gollo o los bancos continúan sin hacerles arreglos de pago, asegura: “Uno para tener algo tiene que sacar cosas a crédito”.

“Hay mucha gente que está peor que uno. Hay gente que no tiene nada. Yo por lo menos me veo tan afectada porque del todo no estoy sin trabajo”, finalizó. 

Cuarterías: disparador de casos

En este asentamiento habitan alrededor de 24.400 personas; sin embargo, el dato no es real, asegura el director del Área de Salud, pues existe una gran cantidad de población extranjera que no ha sido censada. Estas personas suelen dedicarse a labores domésticas, construcción o empleo informal.

En este lugar, además, las cuarterías son una constante, en estas viven entre 15 y 20 personas, quienes comparten el mismo baño y cocina. “Tuvimos casos en una cuartería en que la gente del cuarto A estaba contagiada, uno de los chiquitos salía a jugar y contagiaban a gente del cuarto B”, señaló León.

Históricamente, La Carpio también ha sido afectada por otras enfermedades infecciosas como el Dengue, Chinkungunya, Zika y Hepatitis.  

“Prácticamente hemos visto todas las enfermedades pasar por aquí. Tenemos casos de Tuberculosis, tuvimos en algún momento una paciente con Lepra. Eso es producto del cómo vive la gente, sus hábitos, la alimentación. Hay personas que viven cercanas al río. Esta era la única enfermedad que nos hacía falta. También vemos enfermedades de transmisión sexual, como Sífilis o VIH”, aseguró León. 

En el asentamiento josefino de La Carpio, ubicado en La Uruca, la necesidad de trabajo preocupa a los vecinos. Mientras que unos se comen los ahorros por la falta de empleo, otros esperan que la economía se reactive lo más antes posible para volver a sus trabajos. (Foto: Miriet Ábrego)

Pruebas COVID-19

Actualmente, en La Carpio se realizan entre 15 y 20 pruebas diarias a pacientes que cumplen con el criterio de caso sospechoso, señaló León. Del total de testeos durante el día, entre el 80% y 90% resultan positivos.

Los pacientes con problemas respiratorios son examinados en un aposento de esta Área de Salud administrada por el Hospital Clínica Bíblica. En ese lugar se les aplican las pruebas de detección de COVID-19.  

En el mes de mayo, las autoridades de Salud realizaron un testeo masivo en la localidad. Los primeros dos clúster que se identificaron en La Carpio corresponden a un paciente que se dedicaba a labores de construcción y que se contagió en el cantón de Aserrí; mientras que el segundo se trató de una paciente de la cual se desconoce su nexo, pero que infectó a unas 12 personas más. 

Desobediencia civil

Otro de los factores que han incidido en el aumento de casos de este asentamiento -aunque en menor caso- es la desobediencia civil.

“Hemos ido a hacer visitas domiciliarias y hay muchachos jóvenes en la calle con amigos.  Aquí al frente hay una pulpería, la señora era positiva, y estaba afuera atendiendo y sin mascarilla. Tuvimos que llamar al Ministerio de Salud. Hay mucha gente que sale porque no quiere estar en la casa”, destacó León.

Agregó también que al Área de Salud se han presentado pacientes a citas; sin embargo, no informan que son casos positivos antes de entrar. “Hay gente que llega a sala de espera y cuando el doctor revisa el expediente para llamarlo se da cuenta que está positivo. No dijo nada y está en sala de espera donde están otras personas”.

Taller de costura pasó de 15 clientes a tan solo uno

En un taller de costura ubicado en Metrópolis 2, en Lomas del Río de Pavas, la pandemia también hizo estragos, provocando que se despidiera cuatro de las seis empleadas que laboraban en el local.

“Solo dos personas pude dejar, porque no hay trabajo. Las empresas que nos daban para maquilar no nos están dando trabajo, no se genera dinero”, comentó a UNIVERSIDAD Noilyn Cordero, propietaria de Creaciones Mitas Nonoy. 

Anteriormente, el taller confeccionaba camisetas para varias instituciones públicas. Pasaron de 15 clientes a tan solo uno. 

La pandemia incluso las hizo reinventarse, pues ahora sobreviven gracias a la venta de mascarillas.

Pandemia no pasa de largo

Luz María Callejas, de 31 años, es una de las dos empleadas que actualmente laboran en Creaciones Mitas Nonoy. La pandemia no ha pasado “de largo” en su familia, pues actualmente su esposo, quien laboraba como taxista informal, se encuentra desempleado. 

“Él trabajaba en un carrito como taxista informal y debido a la restricción vehicular a mi esposo le quitaron las placas, se las dan hasta septiembre. Tenemos dos pequeños, ha sido difícil el pago del alquiler y servicios”, aseguró Luz María, quien tiene dos meses de laborar en el taller.

Agregó también que, en los barrios de Pavas, la gente básicamente arriesga su vida cada vez que sale de la casa, debido a la delincuencia y también por la cantidad de casos de COVID-19 que existe en el distrito.

La otra costurera que trabaja en el lugar, desde hace cuatro años, es Marlene Bustos, de 50 años. Cuenta que, pese a que ella se mantiene laborando, en su familia tres personas se quedaron sin empleo desde abril.

“Solamente mi esposo y yo trabajamos. Nos afecta mucho porque nosotros alquilamos casa. Los alquileres en esta época son demasiado caros.Tenemos que pagar el alquiler de la casa más los servicios básicos y la alimentación. Gracias a Dios aquí nos hemos podido mantener aquí con el poco trabajo que hay”, señaló Marlene.

 

SUSCRÍBASE A LA EDICIÓN SEMANAL EN FORMATO DIGITAL.Precio: ₡12.000 / añoPRECIO ESPECIAL

0 comments