«Cuando ocurre un femicidio la que falla no es la víctima»

Especialistas en violencia de género coinciden en que las mujeres no siempre tienen la capacidad de decidir sobre la violencia, debido al nivel de manipulación que los agresores ejercen en relaciones de poder.

Ninguna mujer puede ser responsable de haber sido asesinada. Sobre este criterio coinciden especialistas en violencia de género, a raíz del debate surgido en redes sociales por el femicidio de Eva Morera, una universitaria de 19 años.

Las especialistas mostraron preocupación por los comentarios que se han viralizado en distintas plataformas, donde se cuestiona a la mujer por haberse mantenido en una relación violenta por varios años.

«Hay una manipulación excesiva. No siempre las mujeres pueden decidir sobre la violencia, hay un atrapamiento. Hay que desmitificar eso de ‘¿por qué ella no reaccionó?, ¿por qué no denunció?’ La violencia es una decisión de los agresores», explicó Adriana Rodríguez, profesora de la Escuela de Psicología de la UCR.

De acuerdo con Rodríguez, el femicidio es el último eslabón de la violencia de género. La experta explicó que existe una vulnerabilidad que le permite a los agresores hacer creer a sus víctimas que les pertenecen.

La psicóloga afirma que existen tres ciclos: el primero, donde hay un aumento de la tensión, expresiones de celo, control y amenazas; en el segundo ciclo es donde se consuma el acto violento de manera planeada, y la tercera etapa es denominada «periodo de tregua» o mal llamada «de reconciliación».

«En esa tercera fase las mujeres quedan atrapadas en la confusión, en la ambivalencia y en la desesperanza, las mujeres se enfrentan a los deseos de que la violencia se termine, le creen a los ofensores en su supuesto arrepentimiento», explicó Rodríguez.

«Cuando ocurre un femicidio la que falla no es la víctima, fallamos como sociedad al seguir reproduciendo la racionalidad patriarcal y las lógicas machistas con tanta permisividad de las diversas expresiones de violencia contra las mujeres», agregó.

Construcciones sociales

La psicóloga explica que la violencia no discrimina clases sociales, ya que la manera en la que se educa a las mujeres trasciende cualquier procedencia.

«A las mujeres se nos enseña a callar, a ser temerosas, a obedecer la autoridad del hombre.  Las mujeres somos socializadas en ese esquema. A las mujeres se nos enseña a obedecer a la autoridad, esto es una construcción social. Una mujer no decide quedarse en una relación de violencia, eso sería depositar la responsabilidad en ella. Hay elementos en nuestra socialización que nos hacen más vulnerables. Lo que debemos subrayar es que el único responsable es él y cualquier hombre que atente contra la vida de una mujer», comentó.

Patricia Mora, presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu), coincide en que cualquier mujer, sin importar el nivel socioeconómico o educativo, puede caer «en redes donde le es imposible salir».

La exdiputada asegura que las mujeres están en desventaja en un escenario donde los indicadores de desigualdad se agudizan cada vez más.

«Los varones que no pueden ejercer la masculinidad tradicional, la del padre proveedor, con mayor facilidad pueden caer en una masculinidad tóxica. Creo indispensable trabajar con los varones de nuestro país que yo sé que cada día más son portadores de masculinidades más sanas», dijo Mora.

La jerarca del Inamu asegura que se debe trabajar con los hombres para que sean voceros de nuevas masculinidades, que le permitan a los hombres otras maneras de expresarse y relacionarse afectivamente.

Desigualdad económica

La socióloga de la UCR, Montserrat Sagot, considera que para la sociedad es más fácil culpar a la víctima que asumir sus propias responsabilidades.

«En primer lugar habría que plantear la premisa de que ninguna persona es responsable de haber sido asesinada. Siempre hay que asignarla a quien compete. Es fácil trasladar la culpa a otras personas», dijo Sagot.

«Es una sociedad que ha hecho marcas profundas en la forma en que educa a los hombres y cómo se educa a las mujeres. A los hombres se les educa para este despliegue de poderío y control; a las mujeres para que sean sumisas», agregó.

Sagot afirma que los medios de comunicación y las instituciones poderosas tienen alto impacto en la reproducción de los roles tradicionales de género.

«Las iglesias con sus discursos de las mujeres sumisas y del hombre como la cabeza de la familia contribuyen a reproducir esa socialización diferenciada. Si las escuelas no enseñan desde el kínder que hombres y mujeres son iguales, y que tienen que distribuir equitativamente las tareas, lo que hacen es contribuir a estas visiones».

De acuerdo con Sagot, la manera en la que se educa a los hombres desde niños es uno de los principales temas que deben abordarse para reducir la violencia de género, pero no el único. A esto agrega que los países en donde hay mayores desigualdades económicas entre hombres y mujeres tienden a tener las tasas más altas de homicidios y femicidios.

También afirma que si las personas han visto violencia desde su infancia, tendrán mayor probabilidad de replicarla en el futuro. «Aprenden a ver la violencia como algo normal y luego la imitan», dijo.

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