Un Rulfo guatemalteco

Por considerarla una más de las novela indigenistas o del folclore guatemalteco, había desdeñado la lectura de El tiempo principa en Xibalabá

El tiempo principia en Xibalbá

Luis de Lión

Novela

Ediciones del Pensativo

Antigua, Guatemala

2015

Por considerarla una más de las novela indigenistas o del folclore guatemalteco, había desdeñado la lectura de El tiempo principa en Xibalabá, novela del escritor indígena Luis de Lión Díaz. Hoy lamento esa grave falta, puesto que, una vez asumida su lectura en mi último viaje a Guatemala (sí, es bueno leer in situ), al darme de narices con un estupendo narrador, tuve conciencia de haberme perdido de una de las mejores novelas contemporáneas de ese país: una narración experimental, novedosa, crítica, escrituralmente bien apertrechada.

Escritor y poeta, Luis de Lión, nació en la aldea San Juan del Obispo (pueblo Katchiquel), Antigua Guatemala, el 19 de agosto de 1939. Como educador de primaria, inició en su aldea natal y por su cuenta, un programa de alfabetización y promoción de la lectura. Se convierte en sindicalista y milita en el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT). Fue secuestrado y desaparecido en la capital el 15 de mayo de 1984 por un escuadrón de la muerte. El Estado guatemalteco reconoció su responsabilidad en el hecho en el 2004. Entre sus obras publicadas se encuentran: Los zopilotes (1969), Uno más uno (1974), Poemas del volcán de Agua (1994), Poemas del volcán  de Fuego (1998) y, claro, El tiempo principia en Xibalbá (1984).

La novela describe la vida en una aldea indígena, presumiblemente en los alrededores de la ciudad de Antigua y en las faldas de alguno de sus impresionantes volcanes. De la vida de sus habitantes, especialmente, la de un indio (Pascual Baeza) que igual que Juan Caca, el otro personaje principal, salió a correr mundo y regresa con “pisto” (dinero) pero desarraigado, desconocido, alcoholizado, el autor nos enfrenta, o más bien, nos confronta, con las contradicciones entre el “indio” y el “ladino” que, como clave novelística, parecieran ser el mismo sujeto.

La novela alcanza el clímax cuando ese indio, “enamorado” de la ladina “canche” (rubia) que erotiza a los hombres de la aldea desde siempre, se roba la virgen de la iglesia para poseerla. Así, con furor desnuda a la Virgen de la Concepción y en “puro palo” empieza a violarla. La virgen accede a hacer el amor en un rejuego semántico/metafórico/erótico, pero ante los hombres del pueblo que lo han perseguido para saldar la afrenta, les dice que no esperen favores similares para todos. Entonces la virgen es denostada como puta tanto por el autor como por los personajes en una fantasmagórica y blasfema procesión que lleva en andas a la mayor prostituta del pueblo. Los habitantes

ponen en su lugar a una nueva virgen.

Estamos, además de una crítica ácida a la religión católica y a la sumisión del pueblo, ante el fenómeno de la aculturación y ante la diferencia étnica proveniente de la herida colonial con la imposición religiosa, política, sociocultural y económica: asistimos al complejo sentimiento de inferioridad ante el conquistador, el criollo y el ladino por parte del indio.  Todo a partir de las expresiones  míticas indígenas, las cuales, cuando se aprehenden, nos permiten vislumbrar la aceptación, el odio, el desprecio o el violento rechazo que configuran la relación ladino/indígena en las opresivas relaciones sociales de Guatemala: la pluralidad indígena sufre pobreza, atraso y explotación a pesar de ser la mayoría de los habitantes del país; quien nace indio parece destinado a ser campesino, pobre, analfabeto y excluido de los dispositivos del sistema y la “democracia”.

El tiempo principia en Xibalbá es una sucesión de delirios convertidos en huellas coloniales de un dispositivo amorfo al principio. Como narración experimental supera la descripción con muestras de una identidad colectiva escindida, identidad que dialoga y siente como individuo, pero que es muchos individuos a la vez. Luis de Lión, con un nuevo lenguaje, más contenido y lejos ya de la influencia de Asturias, encontró en las palabras y en las imágenes y sensaciones que estas constituyen, la pulsación equivalente a las personalidades colectivas y sus sentimientos hilvanados históricamente.

Cual Juan Rulfo guatemalteco, de Lión es un enlace entre dos mundos, pero desde una voz que describe  la vida y las pasiones de una comunidad indígena desde adentro, desde su propia entidad, a la vez que refiere  el otro mundo, el antagónico, el cual se refleja en una suerte de espejo turbio por pasiones recónditas. Ese es el mundo ladino, mismo que se repele y se desea continuamente por desconocido, deseado e internalizado. Con ese mundo se convive y se intenta olvidar, por eso duele, porque converge en una imagen de madera, sin vida, estática, fría y aparentemente impenetrable: la Virgen de la Concepción, símbolo de la opresión colonial y de la imposición estética occidental; a su vez, símbolo dolorosamente sexual.

Con la creación de personajes que funcionan como representantes de toda una colectividad, El tiempo principia en Xibalbá esclarece de manera  adecuada y precisa, los deseos y las frustraciones, pero sobre todo los silencios y las represiones, de las conciencias colectivas amordazadas y oprimidas: las etnias indígenas. Ello le confiere a esos personajes y a esas conciencias, desde el mito y la historicidad, un carácter marcadamente humano, es decir, universal. Lástima que, cual maldición, esta novela no haya podido despegar en el medio hispánico y de más allá. Es la gran novela de un escritor prematura y fatídicamente desaparecido.

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