Un crítico literario llamado Mario Benedetti

Al cumplirse el 17 de mayo el décimo aniversario de la muerte de Mario Benedetti (1920-2009) se recupera una mirada a una de las facetas menos divulgadas del poeta: su función de crítico literario.

Al cumplirse, el pasado 17 de mayo, los diez años de la muerte de Mario Benedetti se evoca la figura del poeta, periodista, ensayista, dramaturgo, pero a menudo se deja de lado una faceta esencial en su propuesta: su función como crítico literario.

La propia presidenta de la Fundación Mario Benedetti, creada con base en el testamento que dejó el escritor para preservar y difundir su obra, Hortensia Campanella, aseguraba a la prensa internacional que una de las facetas poco conocidas del autor de La Tregua (1960) era la de crítico literario.

Su visión aguda y certera de poner en perspectiva la literatura latinoamericana, en especial, le demandó gran tiempo al poeta, que con sus versos cautivó a miles de jóvenes en Hispanoamérica con libros como Testigo de uno mismo, Canciones del que no canta, Defensa propia, Corazón coraza e Inventarios.

Entre los volúmenes que dejó escritos sobre crítica literaria se encuentran: El ejercicio del criterio (1995); Crítica cómplice (1971); Letras del continente mestizo (1967); Literatura uruguaya siglo XX (1963); Marcel Proust y otros ensayos (1951); Peripecia y novela (1948).

El ejercicio del criterio es una recopilación de artículos sobre crítica literaria escritos a lo largo de 50 años, con lo cual unía su vocación de escritor con la de periodista y ensayista. En estos dos últimos apartados también tuvo una amplia producción, lo que revela el carácter disciplinado que siempre acompañó al escritor.

El ejercicio del criterio es una alusión a su admirado José Martí, quien sostenía que “Para mí la crítica no ha sido nunca más que el ejercicio del criterio”.

Al conmemorarse los diez años de la muerte de Benedetti (14 de septiembre de 1920-17 de mayo de 2009), su obra narrativa y poética sigue ocupando un lugar privilegiado entre los lectores latinoamericanos, que rescatan su lenguaje cotidiano que en sus textos parecía tan natural.

Como crítico literario sabía ser exigente, pero nunca buscaba destrozar a los escritores y fiel a su estilo no rehuía la polémica —era un gran polemista—, pero en los enfrentamientos con sus adversarios era fino y nunca pretendía descalificar gratuitamente.

Con Mario Vargas Llosa tuvo fuertes polémicas, en especial después de que el escritor peruano se moviera a la derecha, mientras que Benedetti siguió siempre firme en sus convicciones de izquierda.

Consideraba, por ejemplo, que el mejor Vargas Llosa se podía encontrar en La casa verde y en La ciudad y los perros. “Sus posiciones políticas creo que han perjudicado su calidad literaria, pero, sin duda, es un gran escritor y nuestra polémica es respetuosa”, dijo en una oportunidad sobre el autor de Conversación en la Catedral.

ARDUA LABOR

A Benedetti, que era contador de profesión, le vino bien su relación con los periódicos y las revistas de la época, en los que empezó a publicar sus críticas literarias, las cuales parten de 1948.

Escribió en revistas como Marginalia, Número, Casa de las Américas, y en periódicos como Marcha, El País y Página 12.

Su condición de gran lector, desde que era un niño, le daba un palmo de ventaja y así fue como se convirtió en un crítico literario riguroso y con un gran don de criterio.

Al analizar la faceta de crítico literario, el uruguayo Pablo Rocca, en su artículo “Un lector bien entrenado”, publicado en la Biblioteca Virtual Cervantes, hace un apunte no menor para un escritor de la talla de Benedetti: “Mediante esta práctica, el crítico algo envarado del primer libro mutó en un prosista ágil, comunicativo. Una metamorfosis similar se operó en el estilo de sus cuentos y novelas, cambio que se verifica en el transcurso de la década que va desde Esta mañana (1949) a La tregua (1960). Por eso, puede concluirse que Benedetti hizo periodismo cultural en forma intensa y el periodismo también lo hizo (o lo reformó) a él”.

Esa labor de la crítica literaria, según Rocca, le abrió incluso otros horizontes al escritor de Primavera con una esquina rota.

“En suma, la profesionalidad adquirida en la crítica literaria con los beneficios de una escritura fluida y punzante prepararon el nivel de agudeza y de calidad que, hacia 1960, Benedetti empezó a practicar en sus notas políticas insurgentes que se han prodigado por una buena porción del planeta”.

Ya fuera, desde Montevideo, Buenos Aires, La Habana o Madrid, donde pasó buena parte de su largo exilio, Benedetti siempre mantuvo una coherencia política envidiable y este proceder se extendía a su función como crítico literario, ensayista, periodista y dramaturgo.

A diez años de su muerte, América Latina sigue con muchas de las heridas abiertas por la que luchó y que tenían relación con Martí, José Enrique Rodó, Simón Bolívar, quienes visualizaban a la América mestiza independiente, responsable de sus propias decisiones y perfilando un futuro desde sus propias raíces.

Hay, por ende, mucho Benedetti por descubrir que va más allá del conocido poeta y novelista que fue. Y en tiempos en que el criterio no es abundante, leerle desde esta perspectiva puede resultar edificante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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