Técnica y ética

La máxima ética del periodismo es buscar y difundir la verdad. Como toda máxima ética es difícil que se cumpla a cabalidad o en totalidad

La máxima ética del periodismo es buscar y difundir la verdad. Como toda máxima ética es muy difícil que se cumpla a cabalidad o en su totalidad. Pero es una aspiración que se debe procurar alcanzar siempre, con todos los esfuerzos y dedicación, pues es la aspiración que define el día a día del trabajo periodístico. Igualmente, conforme nos apartamos de esa aspiración nos alejamos del periodismo.

Desde luego que existe una gran cantidad de condiciones presentes en las cuales se busca cumplir con esa aspiración, son esas condiciones las que determinan el trabajo periodístico específico.

Los contextos sociales, culturales e históricos modifican la forma en que se desarrolla la labor periodística, pero no su esencia.

No todo lo que se publica en un periódico es periodismo, ni todo el que publica en él es periodista.

Por ejemplo, una columna de opinión de un experto es una exposición, desde su experiencia y especialidad, acerca de un tema. Se publica en un periódico porque el editor considera que esa opinión contribuye a nutrir el criterio de los lectores acerca de algún tema determinado.

Pero una columna de un periodista es distinta, su propósito busca provocar una reflexión, analiza, critica, contrapone argumentos, respecto de un hecho de actualidad, el cual propone interpretar de una determinada manera.

Además de informar, el periodista puede interpretar, analizar e incluso opinar, pero dentro de las formatos o géneros periodísticos correspondientes, de manera que siempre le queda claro al receptor el tipo de mensaje que se le presenta y quién lo hace.

El periodista debe estorbar lo menos posible entre el receptor y la información.

Todos los recursos que utiliza un periodista en su trabajo, sean ejercicio retóricos, estilísticos o de estructura, solo se justifican en función de la información que quiere transmitir. Esa es la diferencia principal con la escritura creativa, cuyo objetivo es estético. Aun cuando esa estética implique un compromiso o una determinada posición ante los hechos, si falla en su valor estético, falla en sus propósitos.

Por eso, el lenguaje del periodismo debe ser eficaz, transmitir la mayor cantidad de información con la mayor facilidad de recursos que permitan procesarla.

 

Aunque el origen del periodismo se remonta a los orígenes mismos de la literatura en figuras como los rapsodas en la antigua Grecia, durante siglos, el periodismo se restringió al soporte impreso. En el siglo XX, el desarrollo de las tecnologías de la información provocó que el periodismo se acomodara en otras modalidades a partir del soporte en que se difundía.

Primero fue la radio, medio en el cual se utilizaban guías o guiones que le permitían al periodista o locutores tener un orden de las ideas o la información que transmitían. Aunque en un formato inicial escrito, ese texto debía ajustarse a las características que el receptor fue modificando de acuerdo con sus condiciones de recepción. Así se transformó el lenguaje según las condiciones en que el mensaje era recibido.

El periodismo impreso también se modificó a partir de la condiciones de recepción. Por ejemplo, las condiciones de inmigración en los Estados Unidos, provocaron el nacimiento de un tipo de periodismo de lenguaje directo, títulos grandes, información gráfica que acompañaba al texto, informaciones relacionadas con lo inmediato y lo útil; esas son características todas de lo que se denominaría periodismo sensacionalista, que además se vendía a un precio muy bajo para alcanzar públicos masivos.

Casi medio siglo después apareció la televisión. Este soporte tomó mucho de la radio, con la cual tenía semejanza en cuanto a algunas condiciones de recepción.

Hay que establecer una diferencia fundamental entre el periodismo impreso y esas otras formas de periodismo y son los medios de difusión, ya que mientras que la radio y la televisión son medios de entretenimiento dentro de los cuales se introduce un programa periodístico, el periódico es solamente para informar, no para entretener.

Esta distinción es importante porque al entrar los medios impresos a competir por los receptores con los medios electrónicos, cayeron en la tentación de mezclar periodismo con entretenimiento, desvirtuando la profesión y provocando una confusión profunda en los receptores que pronto empezaron a decodificar los mensajes con los mismos criterios.

Ya en el siglo XXI, el soporte cibernético o digital destacó un aspecto del periodismo que la tecnología de la información había impulsado: la inmediatez.

Desde los receptores, más que informarse, su interés es estar enterados.

Con las nuevas tecnologías de comunicación la sociedad del espectáculo se potenció. Todo hecho social, aun los históricos, son recibidos en términos de espectáculo. Si, aterrado por los efectos sociales de la televisión masiva, el sociólogo canadiense Marshall McLuhan sostenía a finales de la década de 1960 que el medio era el mensaje, en la actualidad ese es un hecho comprobado.

Todos los mensajes están en el mismo rango. Toda actividad social, tanto pública como privada está determinada, medida, delimitada y conformada como un mensaje de acuerdo con el medio en que se transmite.

Pareciera que a este nuevo receptor no le interesa que le cuenten la historia y fascinarse o sorprenderse, sino saberse la mayor cantidad de historias y acumularlas para su disfrute personal e individual. Cree que apropiarse del mensaje consiste en eliminar al mensajero, pero no se percata de que es absorbido por el medio, del cual, al igual que el mensaje, ya forma parte.

No es que haya logrado una conexión directa con el mensaje o los hechos, como podría ser su aspiración, sino que se está fusionando con el medio mismo.

Frente a estas nuevas condiciones en la comunicación masiva, el periodismo tiene grandes desafíos, pero quizás el más importante es evitar caer en la tentación de precipitarse.

El periodismo debe afirmarse en su esencia y razón de ser, en sus fundamentos éticos y no técnicos.

Después de todo, el periodismo no es el soporte en que se transmite, así ha sido a través de los siglos.

*Máster en Literatura y editor de nuestros suplementos literarios.

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