Los Libros

Saramago, una luz centenaria

Este 16 de noviembre, con recordatorios culturales de todo tipo, se conmemora el centenario del gran escritor portugués y premio Nobel de Literatura 1998 José Saramago. La invitación a leer su obra y a buscar la sensatez de sus palabras resulta casi un imperativo ante los acontecimientos más recientes que vive nuestro mundo.

Saramago fue dueño de un estilo literario único, en el que predomina la voz de sus personajes, a la que el narrador se somete y con lo cual logra una cercanía y compenetración con el lector que hace sus historias entrañables. Al mismo tiempo, se permitió la experimentación narrativa como la ausencia de nombres propios en los personajes como en la novela Todos los nombres, donde el único que hay es José y se desarrolla en el ámbito del registro civil. También, acudió a la propuesta de variar puntos de vista sobre discursos muy consolidados, con en El evangelio según Jesucristo, donde presta voz al sacrificado mesías humanizándolo.

Su inclinación por las personas sencillas y humildes en la sociedad, propias de un “comunista hormonal” como se autodefinió alguna vez, lo llevó a crear bellos y magníficos personajes como en Levantado del suelo, Memorial del convento, La caverna, entre otras.

Saramago centenario

Las preocupaciones de Saramago no se limitan a la injusticia social que demandaba como una prioridad impostergable, sino que se extienden más allá, hacia la pérdida de sensatez, la deshumanización y la relación entre las personas.

Ensayo sobre la ceguera pone en evidencia muchas de las terribles amenazas en las relaciones entre las personas cuando estas son dominadas por el miedo, el egoísmo y el autoritarismo, lo cual resultó casi premonitorio con algunas de las cosas que ocurrieron con la reciente pandemia por Covid-19. La secuela Ensayo sobre la lucidez apunta la crisis del sistema democrático sustentado en procesos electorales, lo cual bien podría resultar en otro vaticinio ante las expresiones dadas en elecciones recientes.

Saramago fue un comunista confeso y militante toda su vida. Su posición política e ideológica estaba claramente definida por los trabajadores y por los más vulnerables. Aunque nunca consideró escribir obras que llegaran a ser panfletos, se definió como un escritor comprometido.

«Un escritor está obligado a tener un compromiso más fuerte que el de cualquier otro ciudadano. Lo que no entiendo, la verdad es que no hago muchos esfuerzos para entenderlo, es cómo se puede rechazar el compromiso a causa del hundimiento de las ideologías de izquierda. El hundimiento de una ideología no se tiene que llevar por delante el compromiso de cada ciudadano con su tiempo o con su país. Creo que mucha gente se sirve de este pretexto para refugiarse detrás de una fachada de escepticismo e indiferencia cuando finalmente lo que ocurre es que la sociedad nos está interpelando todos los días y no entiendo por qué el escritor no contesta a esas interpelaciones”, aseguró.

Siendo un escritor mundialmente conocido y apreciado en todas las latitudes como un verdadero maestro de la literatura, y ante el fracaso que supuso en la década de 1990 la caída de los gobiernos socialistas y comunistas en Europa, manifestó con claridad su postura.

“No encuentro ningún motivo, ni interno ni externo, para dejar de ser lo que soy, comunista, como tampoco encuentro ningún motivo para abandonar el partido, del que soy militante. Creo que el socialismo mantiene su verdad profunda, que siguen vigentes todas las razones para apoyar una ideología de izquierdas. Los caminos no pueden ser los mismos, pero lo que no se puede hacer es abandonar. En lugar de tratar de corregir lo que estaba equivocado, mucha gente está huyendo de una manera casi tragicómica”, explicaba con la misma vehemencia de siempre mientras algunas figuras políticas y líderes de izquierda se querían acomodar a un discurso más suave y evitar la confrontación, pero, a la vez, también la autocrítica.

Además de su aplaudida obra narrativa, José Saramago también escribió poesía, teatro y ensayo, así como sus famosos diarios Cuadernos de Lanzarote, donde escribió: “Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”.

El peligro de volver a repetir los peores errores era una de sus preocupaciones constantes: “Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina con la indiferencia».

Quizás el hecho de ser un escritor tardío, pues casi la totalidad de su obra la escribió después de los 55 años, determinó esa amalgama de filósofo humanista y narrador y, al mismo tiempo, le dio esa lucidez que transmitía en escritos, conferencias, entrevistas, conversaciones, además de en sus magníficos libros.

Este autor que, según él mismo dijo, “escribía para desasosegar”, logró una obra que se ubica entre los clásicos de la literatura universal.

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