Seymour Menton Derrida ya no es un dios

Como figura muy destacada en el XI Congreso Internacional de Literatura Centroamericana (CILCA), realizado del 5 al 7 de marzo, asistió el crítico

Como figura muy destacada en el XI Congreso Internacional de Literatura Centroamericana (CILCA), realizado del 5 al 7 de marzo, asistió el crítico y estudioso literario estadounidense Seymour Menton.

Con más de medio siglo dedicado al estudio de la literatura, en especial la latinoamericana y referencia constante en los momentos más importantes del desarrollo de la investigación literaria, en particular en los años 70 y 80, Menton es en sí mismo toda una institución. Conversamos con él acerca de su apreciación de lo que ocurre actualmente en la letras centroamericanas. ¿Existe una línea identificable en la literatura centroamericana contemporánea? He seguido la trayectoria de la literatura centroamericana y en los últimos años he insistido en que el año 1989 marca el comienzo de una nueva etapa. Incluso tengo una lista de novelas que se llama cronología de la novela postrevolucionaria. Con la caída del muro de Berlín y la derrota de los guerrilleros en Guatemala y EL Salvador, la desintegración de la etapa revolucionaria, que a grosso modo podemos decir que inicia con la Revolución Francesa, dos siglos antes, en 1789.


No se puede prever el futuro, pero me consta que varios latinoamericanos que antes eran marxistas declarados dicen que ya no creen en de tomar el poder por las armas. La idea de transformar la sociedad a través de una revolución armada, ya no rige. Siempre todos tenemos la idea de que hay que mejorar las condiciones de vida para los pobres que cada día son más pobres, y cada día hay más desempleo e injusticia. Hay que mejorar esa situación. Yo creo en la democracia, pero critico mucho sus defectos, porque a veces es democracia solo de nombre. En este momento de la historia todos estamos buscando soluciones, pero nadie puede identificar las soluciones. ¿Cómo se manifiesta esto en la narrativa? Estoy viendo dos tendencias. Una es la continuación del gusto por la novela histórica, que empezó alrededor de 1975. Pero ya no es la nueva novela histórica, experimental, carnavalesca, sino la novela histórica a secas, como La fiesta del chivo de Vargas Llosa o las novelas de Tatiana Lobo. De alguna forma esta tendencia es más escapista que la nueva novela histórica, porque ésta al jugar con las distintas épocas cronológicas, al distorsionar y exagerar, en algunas de ellas, están comentando la época contemporánea mediante el recurso de tratar épocas pasadas. Por ejemplo Vargas Llosa critica el gobierno de Trujillo, pero no lo está asociando con ninguna dictadura actual; quizás porque ahora no hay ese tipo de dictador. En los años 70 la motivación en parte fue la motivación del 500 centenario de la llegada de los europeos. Pero al mismo tiempo era un escape de los problemas contemporáneos de entonces. El otro tipo de tendencia es la que tratan de captar las condiciones caóticas de la sociedad actual, como Cruz de olvido de Carlos Cortés o El asco del salvadoreño Horacio Castellanos Moya, donde no sólo los políticos, sino todos resultan criticados, revolucionarios, literatos, gobernantes. No creo que sea una gran obra, pero sí muy interesante al reflejar la desilusión. ¿Formalmente cómo ve la narrativa contemporánea? Ya no hay tanta experimentación artística. Son novelas relativamente fáciles de leer, porque quieren llegar a más lectores. Hay una oralidad, en el sentido en que los personajes hablan como los pobres de hoy, con muchas alusiones, palabras en inglés, referencias a artistas del espectáculo. También tienden a ser breves. Carlos Fuentes está por sacar pronto una novela que ocurre en el futuro. Sí. Corre el rumor de que es buena. Porque los amigos de Carlos nos hemos sentido un poco defraudados con las últimas novelas publicadas por él. Es una de las personas más brillantes y con obras muy importantes como Aura, La muerte de Artemio Cruz o La campaña, ésta última poco conocida, sobre las guerras de independencia. Esta novela se publicó primero en Buenos Aires, por el Fondo de Cultura Económica y el protagonista es argentino. En mi libro sobre la nueva novela histórica hay un capítulo dedicado a esa novela. Sobre la metodología de investigación de la literatura actual ¿Cómo ve la tendencia postmoderna que parece imponerse? Afortunadamente ha muerto esa crítica hermética que cambiaba de moda cada seis meses, con el estructuralismo, postestructuralismo, recepcionismo, etcétera. Eso creo que ya no rige y los jóvenes ya no se sienten tan aturdidos por esas tendencias críticas como antes. Derrida ya no es el dios ni todos los otros franceses. En Estados Unidos, al menos, hay grupos que tienen la misma mafia que tenían esos grupos, que son los culturólogos; algunos de ellos que se han separado dicen que ya no son culturólogos sino subalternólogos, que están jugando con teorías elaboradas en la India. Algunos de ellos incluso dicen que la literatura es una actividad elitista y por tanto antirrevolucionaria y que los críticos deberías preocuparse más por la cultura popular que por la literatura, independientemente de lo que toque. Esa es la línea que predomina al menos en la mitad de las universidades de Estados Unidos actualmente. No creo que dure mucho. Lo que pasa es que ahora, los que antes eran alternativos, son hegemónicos. Los estudiantes que protestaban en el año 68 ahora están a cargo de las jefaturas y decanatos.

 

 

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