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Memoria histórica: entre el ayer y el hoy

Crisis social y memorias en lucha:

Guerra civil en Costa Rica, 1940-1948

David Díaz

Ensayo

EUCR

La década de los 40 del siglo pasado marcó o, mejor aún, engendró lo que hoy conocemos como la Costa Rica contemporánea; hubo un antes y un después de esa conflictiva década. Por eso, no nos ha de extrañar que ese parto del costarricense contemporáneo se diera entre luchas y conflictos que desembocaron en la conflagración más sangrienta de nuestra historia, como fue la Guerra Civil de 1948. Dicha contienda fratricida terminó con el Pacto de Ochomogo, ratificado internacionalmente en la Embajada de México, y la posterior instauración de una Junta de Gobierno, que impuso un régimen autoritario e implacable en contra de los vencidos, pero reformista en el campo social y que dio origen a la Constitución Política (1949) que hoy nos rige. Por todo ello,  no nos ha de extrañar que esa época haya sido objeto de estudios e interpretaciones muy diversas, como ninguna otra época de nuestra historia patria. Resultaba, por ende, indispensable que se emprendiera la ímproba labor de darnos en un volumen una visión de conjunto, pero realizado por un experto en historia patria. Esta meritoria tarea la llevó a cabo con destacado éxito el profesor-investigador universitario David Díaz Arias en su obra titulada Crisis social y memorias en lucha: Guerra civil en Costa Rica, 1940-1948, perteneciente a la prestigiosa Colección historia de Costa Rica, editorial de la UCR.

La razón por la que yo releí esta imprescindible obra se debe a la vigencia del tema, pues lo que estamos viviendo actualmente en el ámbito político tiene sus orígenes, en buena medida, en lo acaecido en la década de los 40. Para probar lo dicho bastaría con mencionar algunos hechos recientes. Veamos. La Asamblea Legislativa anuló la condena de traidor a la Patria, decretada por el gobierno en 1949 contra el expresidente Calderón Guardia, por haber prohijado, junto con el dictador nicaragüense Anastasio Somoza, una invasión militar a suelo patrio en diciembre de 1948. Otro hecho reciente es que la Asamblea Legislativa aprobó una ley mediante la cual se declara día feriado el 1.° de Diciembre como Día de la Abolición del Ejército; celebración que tuvo verificativo por primera vez el año que acabada de terminar. Por su parte, la familia Figueres inauguró el Museo dedicado a la memoria del Caudillo, en su querida Hacienda La Lucha; allí está el mazo con que don Pepe, por entonces jefe de Estado, golpeó los muros del Cuartel Bella Vista, símbolo arquitectónico del poder militar del Estado costarricense. Con ese gesto, pletórico de simbolismo, se ratificaba la abolición constitucional de un ejército permanente; ese inmueble alberga hoy el Museo Nacional. Como se ve, lo que hoy se busca es dar una interpretación al pasado en vistas a crear una conciencia pacifista en las generaciones presentes y futuras.

De ahí la importancia del este relato; su atenta lectura arroja pistas para comprender el presente y avizorar el futuro. No resumiré el contenido de la mencionada obra, pues su autor lo hace a manera de introducción. Como filósofo, me interesa resaltar la fundamentación epistemológica que inspira la investigación. En el título resalto la palabra memoria. Como trata de una época que fue vivida por varias generaciones aún hoy en vida, estamos ante un relato histórico de un presente vivido por conocidos de nuestro autor. Las fuentes de que se nutre la investigación no son únicamente escritas, tanto primarias como comentarios e interpretaciones posteriores, sino también relatos hechos a viva voz por gente que vivió en carne propia estos dramáticos acontecimientos; su visión tiene mucho de experiencia vivida e, igualmente, de riqueza existencial.

Sin embargo, más allá del texto, debemos tener presente la interpretación que subyace en la lectura de los hechos tal como se la da el autor de estas abundantes páginas; es lo que llamamos en epistemología la lectura exegética y la interpretación hermenéutica. En el primer nivel epistemológico, el exegético, tenemos el relato de los hechos, lo que constituye algo así como la materia prima de la narrativa histórica; en el segundo nivel, el hermenéutico, tenemos el desvelamiento del sentido actual de los acontecimientos acaecidos en el pasado, cosa que supone tener en cuenta el contexto en que el lector lee hoy la versión que le provee el autor. Se trata de un diálogo entre dos en el presente, pero pensando en la construcción de un proyecto político futuro. Autor y lector deben ser vistos como sujetos activos políticamente hablando; lo cual hace que un texto de historia carezca de neutralidad ideológica. Por eso, el mensaje subliminal que arroja el autor ante la conciencia del lector debe ser visto como los anteojos con que el autor nos invita a ver el pasado, penetrando en la piel de quienes fueron los protagonistas de entonces. Concretamente, en lo que se refiere a la obra aquí comentada, su mensaje es lo que los sociólogos norteamericanos suelen llamar: “la segunda generación”, es decir, los hijos tienen una visión del pasado a la luz de las consecuencias de lo que hicieron sus padres, sobre todo, quienes más lo sufrieron. El mensaje de los sobrevivientes de esos hechos es que estos no se deben repetir; ellos desean que la crisis actual, consecuencia de un contrato social que los sectores dominantes quieren destruir, no desemboque, como entonces, en una violencia incontrolable.

Por desgracia, los buenos deseos no bastan; la realidad histórica nos muestra que la refriega brutal se dio porque hubo una lucha de clases, que fue precedida de una confrontación ideológica en las décadas anteriores, protagonizada por el Partido Reformista —el gran ausente de este libro— liderado por el General Volio ya en la década de los 20 y del Partido Comunista —más ampliamente mencionado, con toda justicia, en la obra— en la década de los 30; todo dentro de un contexto de guerra mundial que tuvo como protagonista a la alianza entre la mayor potencia capitalista, los Estados Unidos y la Unión Soviética, la mayor potencia socialista y lideradas, respectivamente, por Franklin D. Roosevelt y José Stalin. Esa alianza se rompe al finalizar la II Guerra Mundial y surge la Guerra Fría.

Costa Rica se inserta en ese contexto internacional con la guerra civil de 1948. En dicha guerra civil, nuestro país está al lado de la potencia mayor que es su vecina y que siempre nos ha tratado como su traspatio geopolítico. Dentro del contexto de la alianza antinazi se dio la alianza “inverosímil” entre Calderón, Sanabria y Mora; pero con la guerra fría se da la Guerra Civil que rompe con esa alianza, si bien mantiene su mayor logro: el Estado social de derecho. Esperemos que ahora surja un nuevo pacto político-social, basado en un nuevo proyecto político nacional, que mantenga los logros del pasado y que dé origen a la Costa Rica del siglo actual e inicie una nueva época para este siglo XXI. La historia crea un espacio, que nos posibilita escudriñar el pasado a la luz de la problemática del presente, en vistas de avizorar las expectativas del futuro. Para ello, la lectura de esta obra debe proveernos de reflexión y no solo de información.

 

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