La cirugía ambulatoria en Las Correcciones

La producción literaria estadounidense es voluminosa, intensa y agitada. El vertiginoso mundo del libro se mueve en ese país acorde con la dinámica de

La producción literaria estadounidense es voluminosa, intensa y agitada. El vertiginoso mundo del libro se mueve en ese país acorde con la dinámica de las otras industrias de comercialización.

El escritor Jonathan Franzen (Illinois, 1959), es uno de los escritores jóvenes más destacados. Con su tercera novela Las correcciones ganó en el 2001 el National Book Award, vendió más de un millón de copias en los primeros meses y ya vendió lo derechos para la realización de la película, precisamente con los productores del celebrado film Las Horas, que actualmente acapara la atención en las pantallas.

Precedida con una crítica muy favorable y un agasajante favor de los lectores, Las correcciones fue traducida el año pasado por Seix Barral, e igualmente alcanzó buena recepción en su versión en castellano, a cargo de Ramón Buenaventura.

 

 

Se trata de la historia de la familia Lambert, los padres Alfred y Enid, los hijos, Gary, Chip y Denise. Podría considerarse una familia típica de clase media del medio oeste de los Estados Unidos. Pero lo que Franzen quiere exponer es una disección de la disolución de la familia norteamericana, con sus frustraciones, sus luchas de poder, envidias, egoísmos, falsa moral y sueños perdidos.

A través de los Lambert, se descubre la decadencia de toda una sociedad, que intenta sustentar en las apariencias una formalidad de la que carece y quizás nunca tuvo.

El gran mérito de este escritor es su uso del idioma. Hábil narrador, con un gran manejo de metáforas y descripciones, desarrolla una sátira a veces espeluznante, que mantiene con buen ritmo narrativo.

La trama es sencilla. El viejo Alfred, quien pasa los 75 años, desarrolla la enfermedad de Parkinson y un proceso de demencia cada vez más severo, que aunque se sugiere, nunca se atribuye a Alzehimer. Enid convoca a sus tres hijos, quienes ya sobre pasan los 35 años, para pasar juntos una Navidad.

Con base en este esquema, Franzen elabora una estructura en la que cada uno de los personajes toma protagonismo en los correspondientes capítulos. Inicia con los ancianos Lambert, para ofrecer un panorama de su decadencia. El viejo en un deterioro acelerado, que evidencia el derrumbe del poder patriarcal con que gobernó a su familia; su esposa, quien acapara control de la situación y espera poder disfrutar los años que le quedan y cobrarse los que sacrificó dedicada a su familia.

La relación entrambos es de constante confrontación, insatisfacciones y reclamos. Trampas y dudas con las que ella intenta sacar adelante su vida y él se exaspera al ver derrumbarse su antiguo régimen.

Luego introduce a Chip, el hijo de en medio y preferido del padre. Un profesor de literatura, aventurero y liberal, un poco pícaro e irresponsable, quien quiso vivir su vida con libertad y beberse los mejores tragos que pudiera. Es la figura del neoyorquino. Respaldado por un amigo, logra un puesto en una universidad y se dedica a la gran vida, con drogas, buenos vinos, comida internacional y lecturas. Hasta que una perversa estudiante, joven, adinerada y sin escrúpulos, logra que Chip rompa los de él y se involucran en una relación atropellada, cuya consecuencia es que el profesor Lambert termine sin trabajo y despreciado socialmente.

Hundido en la desesperación y una incipiente adicción a las drogas, herencia también de su accidentada relación con la estudiante, Chip intenta, con la intervención de una amiga de su hermana vender un guión cinematográfico. Pero su vida es un fracaso tras otro. Así conoce a Gitanas, un lituano que se dedica a estafas internacionales promoviendo a su país mediante Internet a inversionistas norteamericanos.

El hijo siguiente es Gary, la figura de snob gerente bancario, tacaño y receloso de su familia, quisiera olvidar su nombre y su procedencia. Casado y con tres hijos, vive un infierno de matrimonio en el cual su esposa lo manipula y humilla constantemente, utilizando para ello muchas veces a sus hijos. Gary es un pobre diablo, víctima del estrés, y solamente encuentra consuelo y compañía en los diversos licores con que intenta apagar su frustración.

Denise es la hija menor y predilecta de todos. Bella, inteligente y correcta, la mejor hermana para sus hermanos y la mejor hija para sus padres, pero nadie para sí misma. La autoestima de Denise está en el suelo. Desconcertada intenta proyectar una imagen de solvencia, pero se desploma fácilmente y sucumbe a la seducción de un empleado de la empresa de ferrocarriles donde su padre era jefe y donde fue a hacer trabajo de vacaciones. El seductor era un hombre mucho mayor, para quien fue fácil descorrer el velo de firmeza y autosuficiencia de la joven Lambert y no sólo llevarla a la cama, sino lograr que se enamorara perdidamente de él.

Al final del verano Denise no vuelve a saber. Aún más confundida y sin empatar completamente con el mundo universitario en vive, Denise gusta de escaparse a casa de una compañera donde trabaja en una fonda. Allí es seducida por el padre de su amiga, quien desde luego, la abandona tras un romance clandestino y breve.

Como resultado abandona sus estudios y con el tercer hombre mayor que se encuentra se casa. Este tiene un restaurante y allí Denise desarrolla su verdadera vocación como jefe de cocina. Tras el fracaso matrimonial ella consigue empleo y logra destacar como cocinera experta. Su vida entonces será la cocina. Brian, un joven millonario recién estrenado, gracias a que creó y vendió un programa de computadora a una poderosa compañía por más de 19 millones de dólares, la contrata para poner un restaurante de gran nivel en Filadelfia. El éxito social y económico está asegurado, pero su vida es un desastre, hasta que conoce a Robin, la esposa de su benefactor.

El retrato fragmentado que hace Franzen de la familia Lambert, parece una ensalada entre los Simpson y una parodia de la familia Walton.

Como novela decae después de la mitad, donde los recursos literarios se hacen cada vez más evidentes y carentes de imaginación.

Franzen se limita a hacer una descripción de los personajes, la trama pierde interés e intenta rescatarla con un vértigo forzado de la salida de Chip de una Lituania víctima de un golpe militar. Débil caricatura de los personajes de Grahan Green.

Las correcciones es una novela cuyo autor sacrifica su talento por una pretensión excesiva, que al final no logra resolver literariamente, e intenta sostener al lector mediante trucos de morbosidad y sentimentalismo.

Una vez más, la literatura estadounidense pierde a un buen escritor víctima de la superficialidad, quien parecía, como en la película Belleza Americana, decidido a entrar con el bisturí, pero al final no pasó de una incisión epidérmica.

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