Los cien años del Repertorio Americano 

En septiembre de 1919 salía el primer número del Repertorio Americano, esa revista cultural por la que pasaron las mejores plumas de Hispanoamérica y que se constituyó en un proyecto de hondas raíces humanísticas, impulsado_por_Joaquín García Monge,_quien_le_dedicaría_40 años_de su vida.

Don Joaquín García Monge nació el 20 de Enero de 1881 en el centro del cantón de Desamparados. Allí mismo pasaría la mayor parte de su larga y fecunda vida. Muere en las últimas horas del último día del mes de octubre de 1958.

El pensamiento, la obra literaria y, sobre todo, la divulgación cultural ejercida por don Joaquín a través de su artesanal editorial y de la revista Repertorio Americano cumplirán de hecho las funciones que, según  Rodrigo Facio, corresponden por su misma naturaleza a una universidad de un país que se pretende democrático, cual es la de convertirse en la conciencia lúcida de la patria, trascendiendo las limitadas paredes de las aulas y divulgando el pensamiento crítico más actual, pero siempre fiel a los mejores valores cívicos. De esta manera, la universidad cumple su función de ser un aula abierta a todos los ciudadanos.

Repertorio Americano cumplió esa patriótica función mientras la Universidad de Costa Rica no existía, función tanto más urgente cuanto ya el país había logrado grandes avances en la alfabetización gracias a la reforma del Ministro Mauro Fernández, la creación de la Escuela Normal en Heredia, el crecimiento de las escuelas primarias y la consolidación de los liceos  de segunda enseñanza al menos en las cabeceras de las provincias de la Meseta Central. Por lo que necesitaba nuestro país un nuevo impulso en ideas para su propio y autóctono desarrollo material, cultural y, sobre todo, democrático. Por haberlo entendido mejor que nadie y haberse puesto a la cabeza del mismo, por solo ese hecho –insisto– don Joaquín merece un lugar destacado, por no decir único, en la historia cultural y política de nuestro país.

Repertorio Americano se publicó con diferentes periodicidades entre 1919 y 1958.

Don Joaquín García Monge es por sí mismo una institución nacional y, bajo muchos puntos de vista, que luego analizaré someramente, un caso también único en la historia de las letras, de la difusión cultural y de la conciencia democrática de Nuestra América. Por eso su muerte constituyó un duelo continental, como sospecho no lo ha habido por ningún otro costarricense en el campo de las letras, la cultura, divulgación científica y la del compromiso con los mejores y más auténticos valores de la democracia tal como la entendemos hoy: un sistema político, pluralista, crítico pero constructivo, solidario y defensor de la naturaleza.

Don Joaquín es, por eso mismo, uno de los costarricenses más universales de la historia patria, en razón de su mentalidad cosmopolita. Quizás ningún otro costarricense proveniente del campo de las letras y la cultura ha recibido en vida más honores fuera de su país que él. Como prueba de lo dicho, sito las palabras de Don Edelberto Torres Espinoza: ”El nombre de García Monge había llegado a ser pronunciado más que con simpatía, con una nota de respeto y devoción. Era el más visible de todo el continente como sembrador de cultura. Las personalidades intelectuales que pasaban por Centroamérica se detenían en San José para saludarle. Entonces los honores llegaban a él como simientes arrojadas al voleo”.

En cuanto a su propia patria, los honores fueron tantos como los sinsabores, incluida la persecución. Desde su fundación fue profesor de liceo, luego (1917-18) director de la Escuela Normal de Heredia, única institución superior pública de la época. Luego de la caída de del dictador Federico Tinoco, sería por pocos meses Ministro de Instrucción Pública.

Don Joaquín consolidaba así la obra educacional iniciada por la reforma de don Mauro Fernández, pero con plena conciencia de la necesidad de crear una universidad que llenara el vacío institucional dejado por su ya larga ausencia y sentida por numerosas personalidades que, desde los tiempos de Tinoco, venían insistiendo en su creación. Estas mismas personalidades escribieron una hermosa carta al Ministro García Monge en ese sentido, quien la acogió complacido y la hizo llegar al Presidente Aguilar Barquero. Se tomaron entonces medidas concretas para llevar a cabo tan imprescindible obra; pero luego no se continuaron. Don Carlos Monge explica en detalle en su obra Universidad e Historia las causas de este retardo.

De 1920 a 1936 don Joaquín García Monge ejerce como director de la Biblioteca Nacional; pero continúa su labor indeclinable como editor del Repertorio Americano iniciada en Setiembre de 1919 y mantenida hasta su muerte de manera incansable y con frecuencia, sobre todo, al final de su vida, solitaria y casi sin recursos. Por eso considero que el acontecimiento más significativo de su vida se da precisamente en  ese 1º de setiembre de 1919 con la aparición de la obra que por sí sola hará de don Joaquín García Monge una de las figuras más relevantes de nuestra cultura: el Repertorio Americano.

Su nombre constituyó una evocación y una manera de honrar, y una continuación adaptada a nuestros tiempos, del que fundara Andrés Bello, un siglo atrás en Londres, pero con idénticos objetivos: mantener vivos el espíritu del panamericanismo a través de las expresiones más elevadas de la cultura, como es la lengua que a todos nos une. Pero el Repertorio Americano de Don Joaquín será algo más; será ventana abierta al mundo, ojo crítico y testigo comprometido de los acontecimientos políticos y culturales más relevantes de su época. Como muy pocos en nuestra historia, García Monge a través de su ingente labor en Repertorio Americano será el testigo más lúcido de su época, la conciencia viva de los más elevados valores humanos y la voz de denuncia más limpia y audaz de la primera mitad del siglo pasado.

García Monge hará del Repertorio Americano el más alto monumento al humanismo que manos y mentes costarricenses hayan jamás construido. Con su lectura se forjaron generaciones enteras, que mientras vivieron  guardaron su memoria en el rincón más sagrado de sus recuerdos, como lo testimonia Adela Ferreto entre otros muchos. Sus compatriotas supieron reconocer, al menos en buena medida, esa colosal labor. Finalmente, a escasos seis días de su muerte, nuestra Asamblea Legislativa lo declaró Benemérito de la Patria.

Pero este don Joaquín García Monge, universal y cosmopolita como quizás ningún otro costarricense, inclaudicable en sus principios y exigente en sus criterios estéticos, políticos y morales, amado y perseguido, honrado  y controvertido, fue, sin embargo, el hombre más apegado a su terruño.

Gustaba mostrar y demostrar su amor entrañable a su madre, a su esposa y a su hijo. Jamás negó ni ocultó sus raíces campesinas y su entrañable apego a su terruño desamparadeño. Tico por los cuatro costados, tuvo, sin embargo, una mente amplia y ancha como el universo… Tal fue don Joaquín García Monge; así se retrata en su obra monumental: el Repertorio Americano, cuyo centenario amerita ser celebrado a lo largo y ancho de este año.


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