Lo corpóreo en las artes

Tanto deportistas, como actores y músicos comparten una especie de principio fundamental: el adiestramiento del cuerpo en sus respectivas prácticas

Physical Expression and the performing artists.

Moving beyond the plateau.

Jerald Schwiebert

ensayo

Universidad de Michigan

USA

2012

Tanto deportistas, como actores y músicos comparten una especie de principio fundamental: el adiestramiento del cuerpo en sus respectivas prácticas. Los deportistas lo enfocan más en el tema de la resistencia y potenciación aeróbica y fortalecimiento físico de alto impacto. Los actores y músicos, desde una perspectiva de su utilización de la forma más natural posible, para poder enriquecer el proceso de expresión. Es claro que el concepto de “natural” puede tener diferentes definiciones, de acuerdo con su campo de operación. En el caso de este contexto debe comprenderse lo “natural” desde una concepción de las nociones de dinámica corpórea que priman en las primeras etapas del crecimiento del ser humano y hacen que la persona actúe con espontaneidad. El objetivo en ambas áreas (deporte y arte) es el mismo, potenciar las capacidades de adiestramiento corporales para sus respectivos fines.
El Dr. Jerald Schwiebert, actual profesor de las facultades de Música, Teatro y Danza de la Universidad de Michigan, reflexionó sobre lo corporal por una buena cantidad de años. En el prólogo de su libro Physical Expression and the Performing artists (Expresión física y los artistas performativos), manifiesta cómo desde 1970, mientras realizaba sus viajes en el subway de New York, le inquietó las formas y patrones de tensión que observó en las posturas de algunos individuos que viajaban con él. Con grandes inquietudes acerca de las problemáticas de movimiento del cuerpo, Schwiebert se interesó en los pormenores que potencian o condicionan el comportamiento del ser humano. Años de enseñanza en la actuación lo hicieron notar cómo algunos de sus estudiantes no lograban superar escollos relacionados con su calidad interpretativa. Estos obstáculos que inhibían su evolución estaban relacionados con hábitos y posturas familiares, que suponían principios de tensión que estos ejecutantes no habían considerado o incluso, no tenían conciencia que realizaban:
“Observando estos estudiantes y sus cuerpos tanto como los individuos del subway de New York, empecé a notar que las cosas que no les dejaban avanzar eran hábitos físicos y posturas familiares, combinadas con tensión a la hora de la ejecución. Los obstáculos eran cosas que los estudiantes no consideraban o no tenían conciencia, pero que impedían su progreso: ellos iban por su propio camino y no lo sabían”. (Schwiebert, 2012, p.vii)
No hay expresividad sin naturalidad. Es decir, en la medida que el sujeto esté inhabilitado para verse natural en su respectiva disciplina, se trunca el proceso de expresividad. Un concepto está condicionado al otro. Jerald Schwiebert alude a él como un principio de resonancia:
“Este libro trata sobre el proceso de permitirse “resonar con”. Su oficio / medio / arte / a través de estas vibraciones o intenciones” (ídem)
Uno de los aspectos más esclarecedores en el presupuesto del libro en cuestión, se constituye su capacidad de empleabilidad y reflexiones que puede suscitar en diferentes entornos disciplinarios:
“Estos fundamentos pueden funcionar para cualquiera, de cualquier disciplina. (…) Estoy convencido que si usted tuviera que participar en un estudio similar, las ideas serían tan obvias que usted, también, llegaría a las mismas conclusiones”. (Ibídem p.viii)
Las reflexiones posteriores que se realizan, en este escrito, tienen como motivo profundizar en los aspectos que merodean esta problemática y son tratados por su autor en el desarrollo de este texto.
Más específicamente en la ejecución de un instrumento musical, la sistematización del movimiento es vital para adquirir la técnica. Es precisamente con base en la repetición de un movimiento delimitado, una forma de soplar o respirar específica, como el cuerpo poco a poco se va acercando a la manera más correcta de provocar el sonido en un instrumento. El autor del texto reflexiona cómo estas destrezas pueden florecer y potenciarse gradualmente si van de la mano de un proceso pedagógico en lo corporal-natural.
Este objeto musical, en primera instancia, es completamente ajeno al cuerpo humano. Es “frío”, no tiene alma, no tiene vida sino es producida por su intérprete, quien, de alguna manera, deposita parte de sí en él. No obstante, el proceso para poder llegar a una producción de un fino y elocuente discurso a través del instrumento, pasa por una suerte de conocimiento de este, que demora buena cantidad de años en práctica. Grandes artistas de primer nivel como Paquito de Rivera (jazzista cubano), y Leornard Bernstein (director de orquesta y pianista estadounidense) logran una interacción tan profunda con sus respectivos instrumentos, que más bien pasan de ser cuerpos extraños, a parte integral de ellos, es decir, los naturalizan dentro de sí. Todo fruto de años de afianzar el principio de una técnica sin vicios ocultos, lo que permite la libre construcción de la expresividad.
Según Schwiebert, una buena técnica de aprendizaje en un instrumento musical, debe tener como principio básico y fundamental, el hecho de que todos los instrumentos deben ser ejecutados desde una postura o posición natural, Como se mencionó anteriormente, el presupuesto de lo natural, para estos efectos, tiene como antónimo el concepto de tensión, es decir, toda postura, o proceso corpóreo físico que promueva la tensión, inhibe la destreza. De cualquier manera, los instrumentos musicales están construidos para que su ejecución sea propiciada desde esta perspectiva de lo confortable. Buena parte de los problemas técnicos que se presentan en estudiantes con dificultades para avanzar en su ejecución, son derivados de una incorrecta instrucción en su etapa germinal, propiciado por una mala postura, embocadura , y aspectos derivados con un incorrecto posicionamiento del cuerpo que, como ya se mencionó, provoca una inhibición en el proceso de naturalidad y, por ende, de expresión. Adicional a esto, cuando los problemas de tensión se intensifican por una mala práctica, pueden provocar incluso males mayores como tendinitis, túnel carpal, y otros problemas en las extremidades, todo producto de un incorrecto posicionamiento en la práctica instrumental.
Todos estos aspectos son reflexionados de una forma profunda y esclarecedora de parte del Dr. Schwiebert. No solo analiza la dinámica expresiva del cuerpo, sino va más allá. Profundiza en la anatomía de la expresión, las dinámicas del movimiento, e incluso, cómo todas estas capacidades vienen ordenadas cerebralmente, es decir, se constituyen una forma de pensar.
Según se puede inferir en el subtítulo de su libro: moving beyond the plateau (moviéndose más allá del escenario) La idea de movimiento que plantea Schwiebert busca romper incluso con la barrera del escenario, va más allá. Precisamente naturalizar este proceso, que de hecho, tiene que ver con un reconocimiento interno del cuerpo humano de manera superior. Sus conocimientos sobre diferentes disciplinas de movimiento, incluyen técnicas como Laban, Alexander y Feldenkrais, así como fundamentos de ballet y danza afrocubana. Estas prácticas y estudios fomentaron su conocimiento sobre el cuerpo.
El énfasis que Schwiebert da en su libro, a las etapas primarias del desplazamiento corporal (cuando se es bebé) fundamenta sus enunciados de lo que sucede en las etapas adultas del ser humano. Los conceptos de balance y contrabalance, están cimentados sobre lo que el cuerpo instintivamente busca, por ejemplo, cuando intenta sentarse.
“Cuando mi hermana estaba aprendiendo a sentarse, ella intentó primero poner su frente en el piso, luego se intentó deslizar para atrás, y finalmente se puso en posición. Este proceso fue logrado en un par de días antes de encontrar una mejor forma de levantarse. Ella no lo hizo conscientemente. Estaba simplemente aprendiéndose a mover. (…) Estoy seguro que ella no estaba pensando en la alineación de su columna al sentarse. Esta bebé, como todos los otros, está lista para vivir y explorar…” (Ibídem, p.6)
Schwiebert también reflexiona acerca del poder de la mente en todos estos procesos de aprendizaje. En su capítulo Mente Vrs. Cuerpo, aclara como en ocasiones se hacen asunciones que precisamente puede afectar directamente las limitaciones físicas. Manifiesta además que, para poder mejorar la capacidad de expresión, tenemos que pensar diferente. Comúnmente se refiere a “pensar fuera de la caja” (ibídem, p.16)
Esto implica también, de alguna manera, desmitificar algunos presupuestos alrededor de partes del cuerpo, ubicación y funcionamiento. En este sentido, el pensamiento de que los huesos son parte insensible del cuerpo no es verdadero. Schwiebert recuerda que el esqueleto que está dentro está vivo. Dentro de los huesos la médula fabrica sangre. Además, temas descolonizadores del pensamiento convencional como la posible división del cuerpo humano según la cantidad de músculos que realmente intervienen cuando una extremidad entra en movimiento, dan una diferente e innovadora perspectiva de lo que realmente sucede internamente, lejos de lo que se aprecia externamente. Su concepción es que el cuerpo se mueve en patrones, no en partes, presupuesto que ayudará a concientizar las grandes facultades expresivas que pueden existir en él.
Las dinámicas y gestos sobre los músicos que intervienen un instrumento musical son importantes, ya que apoyan su expresividad y fortalecen el discurso sonoro, pero también hay artistas cuya destreza no es depositada en un elemento “extraño”, sino que radica en su propio cuerpo. Tal es el caso de los actores, oradores, cantantes, o directores musicales.
Para todos estos, en sus respectivas funciones, la expresividad del cuerpo es vital para poder producir impacto en sus respectivas audiencias y no dependen de un objeto externo. Tanto el exceso de ademanes o gestos, como la ausencia total de ellos pueden producir un efecto en común para los que se enfrentan a sus audiencias: la confusión y el desinterés. Un director de orquesta que se descompone en muecas y se mueve excesivamente, más que motivar al grupo, le provoca contrariedades y desconcierto. Posiblemente los músicos de este conjunto terminen evitando observarlo, lo que menoscabará sus capacidades comunicativas. En el otro polo, si un actor de teatro no manifiesta claramente sus gestos faciales y ademanes, creará un ambiente de hermetismo, tanto entre los demás colegas que interactúan, como con los espectadores. El concepto que equilibra claramente ambos polos según se puede notar, y que además atraviesa todo el libro, es la naturalidad.
Esta naturalidad debe ser auténtica. Es decir, no se debe intentar copiar gestos de otros grandes artistas. “Cuando se copia un gesto, se está “haciendo el momento” (enfocándose en cómo el gesto se ve para usted, y cómo usted intenta hacer que se vea) y esa intención bloquea su propia experiencia del momento”. (ibídem. P.181) Schwiebert insiste en que los gestos deben florecer de la manera más auténtica posible, y no de forma artificial.
Además el autor va más allá, intenta esclarecer por qué algunas personas poseen dificultades de pánico escénico, lo que influye directamente su proceso de comunicación. En este sentido indica:
“Cuando se está ejecutando, no se trata acerca de usted. Se trata acerca de lo que usted está haciendo, lo que experimenta. Enfóquese en lo que está haciendo. Experimente lo que hace. Si se incluye lo que está pasando alrededor de usted, no se tendrá suficiente energía ni tiempo para ponerse nervioso o temeroso”. (Ídem)
De forma conclusiva, parte de los desafíos que plantea el autor en sus apartados finales, tienen que ver con los retos a los que se enfrentan los que deseen realizar sus experiencias comunicativas más dinámicas. Estos retos son tanto físicos como mentales. Físicos tanto facilidad y economía de esfuerzo, además de dinámica y expresividad. Mentales tanto como asunciones, mitos, intenciones qué cambiar en el paradigma del pensamiento y conciencia.
Después de la reflexión de los presupuestos capitales del autor, se puede inferir que esta filosofía sobre el movimiento corpóreo no solo funciona como un motor de mejora en los procesos comunicativos de los individuos que más requieren en sus disciplinas enfrentarse a audiencias respectivas. Sino también, el uso correcto del cuerpo, desde una perspectiva más natural, inhibe hasta cierto punto tensiones acumuladas producidas por malas posturas en el diario vivir. Puede ser visto incluso, como una oportunidad de mejora en la calidad de vida de las personas.


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