La otra memoria: la única forma de volver a casa

Escribo desde el único lugar que puedo. Pertenezco a Chile tanto como a Costa Rica.

Formas de volver a casa

Alejandro Zambra

Novela

2011

Escribo desde el único lugar que puedo. Pertenezco a Chile tanto como a Costa Rica. Nunca viví la dictadura sino a través de lo que me contaron mis padres, primos y tíos. Pero esas memorias ahora son mis memorias. Escribo, entonces, como Zambra lo hizo, intentando entender por qué me ha afectado algo que no tenía por qué entender; intentando encontrar cuál de esas es mi historia, cuál memoria.

La Historia es el peso que todos llevamos sobre los hombros. La cargamos con un gesto de resignación, porque nadie puede afirmarla ni negarla con la exactitud de horario belga. Aun así, nuestra memoria no llega tan lejos. En Chile, la han contado y la han vivido miles de personas. Más que vivido: sufrido. Pero existen aquellos quienes la experimentaron y sufrieron sin comprenderla, y, años después, les toca seguir sosteniendo ese estandarte que construyeron con la receta de la memoria infantil y la memoria de los padres –que no deja de ser únicamente la de los padres–. Ningún niño puede asegurar que odió con fervor a Pinochet. Podrán sentir impotencia y dolor, por el dolor de ver a su madre temblar paranoica con cualquier ruido, o por la incomprensión de ver su a hermano 15 años mayor, esconderse en el clóset porque “han llegado los milicos; escóndete, Manuel, que no te pillen”. Pero él no puede entender, a los cinco años, ese odio contra Pinochet, la figura mítica que salía en la televisión por las tardes y cortaba sus dibujos animados. Ese niño no le puede tener miedo a lo que no existe. Y la muerte aún no existe. Ese niño no tiene una historia, solo la que han dibujado alrededor de su vida. Ese niño es al actor secundario de toda esta novela.

Zambra ha alcanzado con Formas de volver a casa la excusa perfecta para poder hilar su propia historia. No deja, por lo tanto, de divagar entre la autobiografía, la no-ficción y los juegos metaficcionales. Porque hay algo más ahí: la necesidad imperante de mostrar que cada uno comparte con una voz ajena a sus circunstancias (y, quizás, a la literatura). Obviar la voz de la Historia, comprende el autor, sería imposible, un error. Pero la voz propia, la historia que se aleja de la Historia, la memoria de retazos, es realmente por lo que estamos leyendo. Una reivindicación de la identidad. Por esto sus personajes son los de un escritor adulto, ya alejado de la dictadura; es decir, un viejo niño del período, quien ahora tiene la voz para decir que no es la voz de su padre, y un niño que descubre la vida en medio del clima inhóspito e incierto de la década de los ochenta. Zambra juega por partida doble: su única forma de volver a casa, tanto física como “memorialmente”, es a partir de sí mismo, de la figura del personaje secundario: del escritor y del niño. Es clara la necesidad que tiene por desligarse de esas grandes figuras que lo atan a un momento, a una línea, a una Historia. Con cierta tierna ironía, el chileno escribe una de sus escenas más conmovedoras:

Hoy inventé este chiste:

Cuando grande voy a ser un personaje secundario, le dice un niño a su padre.

Por qué

Por qué qué.

Por qué quieres ser un personaje secundario.

Porque la novela es tuya.

Todo un apartado para este preciso –y precioso– momento. Puesto en el pedestal, en el silencio de la sala, reverberando entra las paredes donde cuelgan las fotos de aquel entonces. “Porque la novela es tuya“. Cuántas veces tendrá que haberlo dicho para no llorar antes, esta su única realidad del momento. Para poder convertirlo en risa. Para poder transgredir su valor de personaje secundario. Para entender que la literatura de los hijos se convierte en la de los padres y viceversa, porque siempre se abandonan, porque siempre se transforman, sin excepción. Pero al final, bien lo sabe, estamos bien. Es el proceso de construcción natural. Una construcción particularmente difícil en una época de contención y reprensión. El trauma corroe la sangre. Me refiero a toda la sangre de la familia que, como por maldición, deja algún gen marcado por la dictadura. Y aún así, Zambra ha logrado encontrar aquellos genes que puedan descifrarlo como persona aparte, como persona pensante, como personaje principal de esta novela.

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