Jorge Boccanera, en su tinta

El poeta y periodista argentino Jorge Boccanera hizo una visita fugaz a Costa Rica, donde residió entre 1990 y 1997, tras_un_homenaje_que_le realizaron en Honduras,

El poeta y periodista argentino Jorge Boccanera hizo una visita fugaz a Costa Rica, donde residió entre 1990 y 1997, tras un homenaje que le realizaron en Honduras, país en el que la iniciativa Mano Nostra, que dirige el poeta hondureño Rolando Kattan, le editó una antología personal.

Dicha edición consta de 100 ejemplares numerados sobre papel de tabaco, encuadernados a mano.

En Costa Rica, Boccanera participó junto a Osvaldo Sauma en un recital de poesía que le organizaron algunos de sus exalumnos de los talleres que si hicieron en los años 1990 en el Centro Cultural de México, que por entonces dirigía el también poeta Julio Ortega.

El recital se realizó en la facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica el miércoles 30 de mayo. Con una asistencia nutrida, poetas como Mauricio Molina, quien fuera participante de esos talleres, reconocieron el aporte de Boccanera como intelectual y como provocador en la poesía. Otros más jóvenes dijeron haberse impactado desde muy temprano por la lectura de algunos poemas del argentino que luego los llevó a búsquedas propias.

En el recital se leyeron cosas disímiles, se tocaron generaciones que coincidieron en un agradecimiento al poeta por su aporte.

Boccanera también acudió el 1º de junio al homenaje a la revista Kasandra de la que fue cercano durante los años en que vivió en Costa Rica. “Me acerqué porque era una revisa anarquista”, explicó el periodista que venía de una larga estadía en México donde fue editor de varias revistas.

También expresó su preocupación por lo que considera una especie de silencio de los intelectuales en Latinoamérica. “Están pasando cosas muy graves y los intelectuales más destacados apenas se manifiestan tímidamente”, dijo.

A continuación aprovechamos para presentar varios poemas extraídos de la Antología Personal que le editó Mano Nostra.

 

“Engarce”

 

A Silvio Rodríguez

 

La mano que lleva un niño de la mano, lleva una llave,

enciende un fuego al tacto, un sueño y una noche que niega la

hondonada, una en la otra se aprende a caminar, a respirar.

Y va enlazada a un ramo.

 

La mano que ha plantado una mano en la suya siente

hundirse un aliento en el agua del día, da confianza de

manos abrazadas como el lugar donde se abre lo por decir,

lo por llegar. Y el que conduce es conducido.

 

La mano que lleva a un niño de la mano da un cuenco y un

viento en ese cuenco y un viaje en ese viento donde estallan

banderas de colores y bestias fabulosas comparten un camino

que comienza en un sitio de manos abrazadas.

 

La mano que lleva un niño de la mano fue a la cita en un lugar

de robustas memorias donde la mano que traga saliva fue

recuperada de la soledad. Una en la otra.

 

La mano que lleva un niño de la mano no retrocede nunca.

 

 

“Alejandra Pizarnik abre su

cuaderno de apuntes”

 

A Jorge Arturo

 

 

El hombre que saca la cabeza del agua,

es un pez que se asfixia.

El pez que mete la cabeza en el agua,

es un hombre y se ahoga.

 

El poeta escribe en la línea del agua,

y se asfixia.

y se ahoga.

 

 

 

“Cuaderno del espejo”

 

 

Entre el espejo y yo, hay un hombre hecho polvo.

 

El perro de policía luce sus colmillos de cristal.

Su saliva ya sueña con mis huesos.

 

El espejo se cree que está leyendo un cuento.

 

Todo el espejo es hambre.

 

Duermo apretado en el espejo, con mi padre y mis hijos.

 

El espejo no escucha, pero te lee los labios.

 

La trampa del espejo está hecha de paciencia.

 

El espejo relata, una vez, otra vez, el cuento de mi cara.

 

En la red del espejo hay un pescado.

Suele mirarme como se ve a un hermano.

 

El espejo es un pozo que se tragó mi infancia.

 

Todas las cacerías empiezan y terminan en el mismo lugar:

el campo pulido del espejo.

 

Espejo delator,

Fragua un retrato hablado del fugitivo.

 

Está hecho de cajones de espanto, el espejo.

Allí guarda las caritas de trapo de los niños,

planchadas, ordenadas, prolijas.

 

Mi rostro, el tuyo, afilan los espejos.

 

El espejo es un libro que está leyendo un libro.

 

 

“Sandunguera”

 

Mi rostro en el espejo de tu lengua viaja, canta, va

de aquí para allá,

se compone o disuelve según el calendario de tu sed.

Alguna vez mis animales pastaron bajo los soles

negros de tus tetas,

cuando movías tus vidrios de colores al son de

“Sandunguera, te me vas por encima del nivel”.

Te conocí bailando negra de amor,

tus gestos levantaban el polvo del infierno.

“Te me vas por encima del nivel”, y el malecón

nocturno de La Habana se abría como un gran

ventanal.

Y ahora, ¿para qué tumbadoras, maracas, para qué?

Si este harapo, esta lengua da su trazo de sombra en

las paredes blancas del silencio.

Yo guardo las trompetas, yo escondo los timbales.

Mi rostro viaja, zumba, le da por hablar solo:

ya no lo quiero es cierto pero a veces: mamá

            no puedo con ella.

 

 

 

 

“Noticias de la historia”

 

Según la historia universal,

a la paloma de la paz

se la comió

la gallina de los huevos de oro.

 

 

“Ilusión óptica”

 

El abejón aletea sobre la cabeza del búho parado

en el sombrero de la niña que camina

sobre el lomo del caballo que galopa

por el camino polvoriento.

 

Pero en verdad,

el abejón, el búho, la niña y el caballo, son

figuras inmóviles,

y el único que corre,

salvaje

es el camino.

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