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Guerreras indígenas

Relatos y estampas de mujeres indígenas es un libro publicado gracias al apoyo del Programa de Becas para el Financiamiento de las Artes Literarias del Colegio de Costa Rica, 2019.

Relatos y estampas

de mujeres indígenas

Adriana Herrera Brenes

Relatos

Editorial Vesania

2019

 Relatos y estampas de mujeres indígenas es un libro publicado gracias al apoyo del Programa de Becas para el Financiamiento de las Artes Literarias del Colegio de Costa Rica, 2019.

Son veinticuatro relatos que, en palabras de su autora, Adriana Herrera Brenes, dan voz a un grupo que por su condición étnica y de género ha sido doblemente invisibilizado.

El libro constituye una impronta de las vivencias de mujeres de diferentes comunidades indígenas de Costa Rica, térrabas, borucas, ngöbes, huetares, cabécares, bribris y malekus. La autora transmite estas experiencias con naturalidad de cronista, se apropia del lenguaje llano y lo convierte en cuentos a la manera de instantáneas; pequeños episodios en donde la sutileza de la voz narradora posibilita conservar no solo la autenticidad de la fuente en su vivacidad expresiva, sino también la frágil barrera entre realidad y fantasía.

Dijo alguna vez W.G. Sebald, refiriéndose al oficio de escribir: “La ficción es el corte del traje, pero el buen corte de nada sirve si la tela, el material, no es de primera”. Una vez se tenga un material de calidad, viene decidir qué tipo de prenda se hace con él o, por analogía, el relato, el poema o la crónica.

Relatos y estampas de mujeres indígenas posee la virtud de ser el producto de una intencionada búsqueda; la autora sale a la caza de testimonios, teniendo el buen tino de saber escoger y plasmarlos en una literatura que va más allá del discurso sensibilizador, étnico y feminista.

“Ninguna estaba interesada en hablar del río y la montaña, de las máscaras y los pájaros, símbolos hermosos pero desgastados como consecuencia del estereotipo romántico de la riqueza étnica. Estos relatos han sido escritos desde sus voces, con el fin de visibilizar su vida y su visión de mundo. Algunas han logrado empoderarse para contar su historia; otras prefieren no usar sus nombres sin el consentimiento de su marido”, explica Herrera Brenes, en el prólogo.

¡Diay!, un hombre llegó donde el Cacique a pedirle la hija, pa’ casarse, y él le dijo que sí. Su buena cantidad de tierra le dio por la muchacha. Ella estaba oyendo y al día siguiente tempranito se fue. No le dijo nada a nadie, solo no amaneció. (“Arreglos de hombres”, p. 79).

A pesar de las trabas para la obtención de algunas de estas narraciones, por reservas de sus esposos o padres y reflejo del enconado machismo vigente, en ellas se percibe la orgullosa conciencia del papel de las mujeres en la historia fundacional y tradiciones de estas comunidades.

“Aquí la tierra se hereda a las mujeres. Si el hombre es bueno, ahí se puede quedar; pero si no, se tiene que ir. Es bueno que las mujeres sean las dueñas de la tierra, porque cuando los hombres tienen el poder todo anda de patas p’arriba” (p.48).

Son estos testimonios las postales de un proceso de empoderamiento, las mujeres retratadas son artífices del progreso a través de su diario quehacer en la búsqueda de una mejor calidad de vida para sus familias y comunidad. Denuncian, cuentan de su lucha contra la pobreza y la violencia, exponen su limitado acceso a la educación. En los relatos deben ejercer algunas veces como parteras, en otras como improvisadas médicas y quizá el elemento místico más asombroso de sus historias está dado por su propia pericia y los “milagros” que obran echando mano de curas ancestrales, para sanar a los suyos ante el pobre acceso a servicios de salud.

“En Costa Rica la educación no es igual para todos. Yo tengo hijos y quisiera que tuvieran una educación buena. La única opción de trabajo en el territorio es ser maestro. Nos encajonan a vivir solo en el territorio, estudiar y trabajar ahí” (p. 37, Relato de Lidieth).

En lo anecdótico, entre sus inquietudes políticas y de rescate de tradiciones vislumbramos los renuevos de estas generaciones de mujeres que, ante enormes limitaciones ideológicas y de recursos, procuran abrirse paso en medio de estas atmósferas plagadas de duendes, cuyas huellas a cada rato aparecen en la arena; donde curan el dengue con hojas de murciélago y las personas al morir se vuelven dioses para ser enterradas en sus casas, vestidas con tela de mastate; donde el canto de los jilgueros anuncia el paso a dimensiones paralelas.

En uno de los relatos, Elides nos narra cómo las mujeres salvaron Térraba con la pesca y el cultivo de la tierra, que por el desatino de políticas gubernamentales en las décadas de los sesenta y setenta empezó a caer en manos de personas ajenas a las áreas indígenas.

“Por eso la tierra es mía y los hijos son míos. Yo los tuve en mi panza, yo los crecí con mi sangre, los parí y los alimenté, Térraba se salvó por las mujeres” (p. 21).

De los veinticuatro territorios indígenas que hay en Costa Rica, se estima que el 40% de la tierra está en manos de no indígenas, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (“Más del 50% de indígenas del país no viven en sus territorios”, La Nación, 15 de junio 2014).

Yanina es una chica Bribri, del clan Sulariwak: “Mi mamá ganó conmigo, porque puedo transmitir el Clan. Tengo dos hermanos, pero ellos no pueden transmitir el Clan, solo las mujeres. Cuando yo tenga hijas, heredarán mi Clan… Aunque mi mamá no terminó la escuela primaria, ella siempre me ha apoyado para que estudie y me permitió escoger mi carrera. Mi papá tampoco terminó la primaria, pero son muy inteligentes y saben muchas cosas”. Yanina es estudiante de la carrera de Medicina Veterinaria de la Universidad Técnica Nacional (UTN).

Relatos y estampas de mujeres indígenas constituye un notable esfuerzo para promover la conciencia de una Costa Rica que, aunque pluricultural y con diferentes cosmovisiones, adolece de una real igualdad de oportunidades. Es una publicación de Editorial Vesania.

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