Greytown: la novela de Álvaro Rojas

El autor no ha salido del asombro y nosotros tampoco, su libro, Greytown, a zancadas de canguro ha superado hasta el ensueño

Greytown

Álvaro Rojas Salazar

Novela

Uruk editores

1917

El autor no ha salido del asombro y nosotros tampoco, su libro, Greytown, a zancadas de canguro ha superado hasta el ensueño. El pueblo de Grey, sería la traducción del título de esta novela al castellano; en ese lugar también fue donde se redactó una carta para Benjamín Disraeli, el Primer Ministro de la Reina Victoria, ama de los mares del mundo en los tiempos en que la Marina Inglesa estaba siempre a cien millas de cualquier muelle de cabotaje del planeta.

Se puede decir que en ese puerto, en ese pueblecito, azotado por los vientos eternos del Atlántico, nace una leyenda, un canal de mar a mar. No un canal cualquiera sino el primero en la historia de la humanidad. Hasta doña Eugenia de Montejo, la emperatriz de Francia, al leer la primera página del libro de su marido, Napoleón Tercero, intuyó que el sueño marinero de los navegantes griegos estaba henchido de verdad, para ello se necesitaba ser dueño de un río y ese río era el San Juan.

Ese es un río que ya aparecía en el mapa que Hernán Cortés recibió del Tlatoani de México, Moctezuma. Es pues, un río de ríos, un río de historias. Él está unido a grandes sucesos y hombres cuya memoria en alguna tarde iluminaron al mundo, Víctor Hugo, Mark Twain y también el almirante vencedor de Napoleón Primero.

Álvaro Rojas sabe eso y también supo que el maestro Fabián Dobles en su libro En el San Juan hay tiburón, eludió una esquina de ese río. Adarga al hombro y pluma en ristre, Álvaro, con Greytown, se inició en el camino de escribir novelas. Se dice fácil, pero escribir una novela es mucho dentro del oficio de un escritor. Esto también se lo decía Juan Ramón Jiménez a su esposa Zenobia.

Estoy seguro de que el libro será bien recibido por los lectores de San José, Alajuela, Parrita, Limón y en cualquier lugar donde llegue. Greytown ya es parte de la biblioteca del erudito lector.

En el inicio esta historia no pasó de ser un murmullo y después, en la Cantina Morazán, dos hombres añejos de tiempo se sientan ante un Tequila Cuervo, imagino yo, o ante un par de cervezas, imaginan ellos. La Morazán está cerca de una fábrica de amor y por la acera cruzan raudas las mujeres más hermosas de San José, y alguna de ellas pasa por ahí dejando un olor de Chanel 5, como si esa fuera la guía del lobo hambriento de sexo, ternura, amor. Y así inicia este libro que es uno y varios a la vez. Su título es asombro y promesa. Del tema, el lector de Costa Rica sabe poco o nada.

Carlos V solía leer las cartas que su madre, la reina Juana, recibía de Hernán Cortés. Fue de sus labios que emigró a las páginas de todas las crónicas del mundo el lema que lo identifica: “En mi Imperio no se pone el sol.” Años después, en Greytown, eso se vio amenazado por los ingleses y los misquitos, entre otros.

El padre Cardenal, por su parte, escribió páginas sobre el río, desde el río y para el río. Álvaro Rojas se asoma a ese predio literario sin gastarse nada, y nos va narrando una novela de amor, de perjuicio, de ternura, encanto y… ¡Puta! No sé qué más.

Sus personajes ruedan en el espacio más vital de la novela y se enganchan, en verdad se enganchan, en las huellas del río, de un río que mucho ha disgustado a los políticos de Costa Rica y de Nicaragua, que son  las tierras de dos pueblos gemelos.

En esta novela el paisaje se ilumina, los escenarios brillan y emocionan, ella huele a materia seminal. ¿Será que el amor huele al sabor de los besos?

Ya desde hace tiempo Álvaro Rojas (dedosillo para escribir y pergeñar el idioma) nos encanta entre sus páginas, y ahora lo hace con una novela de una mujer, de una muchacha, un poema que recién nace; con una historia  de niños en los barrios de San José que asombra y toca el corazón del lector. Es ya el momento de reconocer que nos ha nacido un escritor que tiene un solo sueño: entregar su alma al diablo y llevarse consigo a los lectores.

En Greytown existe un viento de penumbra, de soledad, una forma de estar triste y acercarse así al recuerdo de un amor, al recuerdo del río, en la memoria de un hombre que ha recorrido la tierra al igual que se hace con la piel de una mujer antes de vestirla de besos.

Esta historia termina de la misma manera en la que se deshoja la flor de un girasol. El río corre de oeste a este y ella acaba donde nace el sol. Álvaro Rojas, con Greytown, con su relato de amor, sangre, odio y oro, ha escrito un libro sobre las aguas del San Juan y también, ha escrito una gran novela.

 

 

 

 

 


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