Las luchas por el Parque Nacional Manuel Antonio (1968-1972)

La región fue poblada por los indígenas quepoa, de allí el nombre de Quepos y, luego de una fuerte revuelta de los pobladores de Quepos la propiedad del parque fue adquirida por el Estado, en este punto comienza mi historia.

El Parque Nacional Manuel Antonio queda en el cantón de Quepos, hacia el sur de Costa Rica y está dedicado a cuidar la biodiversidad en 1.983 hectáreas de tierra y 55.000 hectáreas marinas, lo cual lo convierte en área de conservación utilizada para investigar, educar y para el turismo ecológico y recreativo. Solo caminar por el parque invade los sentidos al ver la selva tropical, la biodiversidad, sus arrecifes de coral y las bellísimas playas. Son pocos los que han salido del parque sin quedar impresionados por una vegetación exuberante, el maravilloso bosque de mangle (aproximadamente de 18 hectáreas) y su inigualable fauna silvestre: perezosos, monos ardilla, monos titi, monos cariblanco y los monos congos, guatusas, venados, iguanas y cangrejos, para enumerar unos pocos.

La región fue poblada por los indígenas quepoa, de allí el nombre de Quepos y, luego de una fuerte revuelta de los pobladores de Quepos la propiedad del parque fue adquirida por el Estado, en este punto comienza mi historia. Al caminar por una suerte de malecón a la orilla de la playa fuera del parque nacional, empecé a notar el encanto del pueblo por las placas conmemorativas, tanto a personalidades como del gobierno. En especial detallé en las placas, para el entonces desconocido para mí, Manuel Antonio Ramírez Muñoz. Me detuve primero frente a las placas de sus padres en la base de unas bancas incrustadas en un paraje sugestivo y utilizado por jóvenes parejas de amantes. La placa contiene un acrónimo así.

AMOR

Pocas parejas al unirse han formado esta bella y cautivadora palabra.

Antonia

Muñoz

Octavio

Ramírez

Al caminar unos metros la historia de esta pareja continua, pues se encuentra un busto montado sobre una base alta de cemento con unas placas conmemorativas a Manuel Antonio Ramírez Muñoz (cc. Balu). Además del nombre, se establece que nació el 27 de enero de 1940 y falleció el 17 de junio de 1998, y la placa dice: “En su afán de orden y respeto dio nombre y renombre a este lugar que tanto amó. Su familia agradecida”.

Hasta ese momento no me había preguntado: ¿por qué se llama Manuel Antonio este lugar? La respuesta estaba a mi vista. Según la edición 54 del Golden Gringo Chronicles de febrero de 2013, uno de los hermanos de Balu, Federico Ramírez, indicó que la familia de su padre llegó a este lugar para escapar de la Guerra Civil en 1948, cuando en los alrededores aún estaban presentes los sembradíos de la United Fruit Company (UFCo.). Según el Registro Civil, su padre Octavio Ramírez Garita (1917-1978) y su madre Antonia Muñoz Acuña (1918-2014) eran oriundos del centro de San Rafael de Heredia. La familia Ramírez Muñoz fue una de las primeras que poblaron la zona de Manuel Antonio.

Al revisar las entrevistas efectuadas por Felicia Camacho en su tesis de maestría en Historia titulada “El nacimiento de un parque nacional: Historia del Parque Nacional Manuel Antonio: 1972-2006” (UCR, 2006) encontramos una historia impresionante de lucha comunal que terminó en la creación del parque. Noel Thomas Langham, estadounidense, era el propietario de las tierras entre playas Espadilla sur y Manuel Antonio y una porción del bosque. Un día Langham decidió poner un portón impidiendo el paso hacia las playas. Adujo problemas con los turistas provenientes de San José. Los primeros enfrentamientos por tal decisión se dieron a inicios de agosto de 1968.

En ese momento ya era tradicional para los pobladores de Quepos y para los trabajadores de la UFCo. viajar hacia esas playas, ya fuera caminando (una caminata de aproximadamente tres horas), a través de la trocha en vehículos o en lancha. Por este motivo, se molestaron los lugareños ante la decisión del estadounidense y su esposa. Debido a los conflictos, Langham vendió la propiedad al franco-canadiense, nacionalizado estadounidense, Arthur Aimé Bergeron. Los enfrentamientos empezaron a escalar debido a la férrea posición de Bergeron, al considerar que las playas eran “propiedad privada”. Ya para ese momento se consideraban las playas como propiedad pública de acceso libre.

Los estudiantes del Liceo de Quepos también iban a dichas playas, por lo que en diversas ocasiones habían roto los portones para poder acceder a ellas. Así según relatos de Óscar Monge Maykall, citados por Camacho, los jóvenes se organizaron para luchar y reclamar el derecho de los pobladores de Quepos a sus playas, en este caso sus playas favoritas. Los muchachos destruyeron varias construcciones motivo por el cual fueron encarcelados.

A raíz de la lucha por el acceso a las playas, de lo que hoy es el parque nacional, empezó un movimiento y se organizaron en el Grupo Pro-parque, en el cual participaron personas de la localidad. Para ese momento intervino la Municipalidad y empezaron a gestionar la creación del parque nacional en la Asamblea Legislativa. El punto culminante del proceso fue el Cabildo Abierto de agosto de 1972, cuando se reunieron con los miembros del Consejo Municipal, el consejo estudiantil del Liceo de Quepos, estudiantes y profesores, representantes de la FEUCR (Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica), la Junta Progresista del Cantón, la Asociación Femenina, el Club de Leones, el Movimiento Juvenil Quepeño y el cura párroco de Quepos (Camacho, 43). Es importante hacer notar que este movimiento para liberar las playas estuvo capitaneado por los jóvenes quepeños.

Las declaraciones establecen el temor que tenían los lugareños y sobre todo los trabajadores de la UFCo. de participar en las revueltas, pues consideraban que la compañía podría tener represalias contra la comunidad y los trabajadores. Además, tenían miedo que el movimiento fuera tildado como comunista, pues también participaron y organizaron otro grupo para luchar por el acceso libre a las playas.

Aparte de esta historia, existe otra que no ha sido investigada a profundidad y que tiene que ver con nuestras placas, el busto y la capilla en honor a Manuel Antonio Ramírez Muñoz. Paralela está historia desarrollada por sus familiares y quienes seleccionaron la biografía de Ramírez para ubicarlo en el panteón de pobladores distinguidos del parque Manuel Antonio. Según el reportaje publicado por el Golden Gringo Chronicles en diciembre de 2012, uno de los líderes de tal revuelta fue nada menos que Manuel Antonio Ramírez Muñoz, se dice que fue quien organizó a aquellos que vivían en los alrededores de lo que hoy es el parque. La versión es ratificada por la Municipalidad y el reconocimiento a través del busto en su honor y en gratitud a sus aportes. No hay certeza de que el parque haya sido nombrado en honor a Ramírez, pero sí está claro que han tratado de construir una memoria histórica que integre a la familia Ramírez Muñoz, y esa es la historia que se cuenta. Queda pendiente una investigación a fondo para saber el origen del nombre. Pero aquí no termina la historia. 

En paralelo, otra comunidad importante de costarricenses se volcó a colonizar las bellas playas aledañas al parque nacional: los cartagos. Llegar a estas tierras era difícil pues estaba rodeada por los bananales (hoy palmares) de la UFCo., y la organización del tránsito era manejada por la compañía. Eso cambió cuando se empezó a construir la Carretera Interamericana en 1942. Ya para 1946 estaba transitable el tramo Cartago-San Isidro y se había construido el tramo San Isidro-Dominical. Este camino hizo viable que los habitantes de Cartago tuvieran acceso a estas playas. La posibilidad no pasó desapercibida.

Al indagar y mediante el uso de técnicas de historia oral logramos entrevistar a Jetty Leiva, quién tiene un terreno propiedad de la familia de su esposo desde hace más de 60 años. La información fue cruzada con las historias de la familia Gutiérrez a través de una entrevista a Arnaldo Moya Gutiérrez y los Barahona. Leiva y Moya cuentan que, en la década de 1940, Orontes Gutiérrez llegó a esos lares a trabajar con los indígenas del lugar. Al lograr los objetivos de su visita Gutiérrez adquirió una gran propiedad a las orillas del mar. Con ellos vinieron sus cuñados, las familias Solano, luego llegaron los Vargas y los Quirós, y otros que no recuerda Leiva. El arribo de tales familias logró que se creara una pequeña comunidad de ciudadanos cartagineses que le dieron el primer empuje a Manuel Antonio como un lugar privilegiado para practicar el veraneo. ¡Y el resto… ya lo conocemos!!!

SUSCRÍBASE A LA EDICIÓN SEMANAL EN FORMATO DIGITAL.Precio: ₡12.000 / añoPRECIO ESPECIAL

0 comments