Del punk, metal y otros descontentos: subculturas del rock

Las subculturas que emergen de la música Rock responden a una dinámica cultural de protesta y contestación.“Los generales se reúnen en sus masas como

Las subculturas que emergen de la música Rock responden a una dinámica cultural de protesta y contestación.

“Los generales se reúnen en sus masas como brujas en misas negras, mentes perversas que planean destrucción, hechiceros que construyen muerte”, canta Ozzy Osbourne mientras una multitud sigue la letra ya sea con sus labios o con sus palmas. El éxtasis enmarca al Estadio Nacional y tiñe del negro que cubre las graderías del recinto la fecha en que Black Sabbath dio un concierto en Costa Rica: 22 de octubre.

La música Rock se caracteriza por convocar grandes masas. Esta voluminosa cantidad de personas que asisten a un estadio para presenciar a sus ídolos se forma basándose en ideas y estéticas similares. Sin embargo, las audiencias cambian, cada una tiene su propio panteón.

Un acorde puede implicar algo más que una nota musical, puede implicar un tipo de vestuario, un peinado e, incluso, un lenguaje particular. En los conciertos de Rock, se confabulan grupos con identidades propias; a través de la música, o a partir de esta, se desarrollan procesos que producen un importante referente de pertenencia.

Los metaleros, los punks, o los skinheads, son subculturas que poseen una identidad que los une, comparten un contexto y ciertos rasgos biográficos, y se adscriben a una mitología particular de signos y significados. Las subculturas son dinámicas, cambian constantemente e, internamente, se fragmentan para crear otras.

Una subcultura responde a una dinámica cultural en la cual se da una interacción entre discursos e ideologías. Además, se ve influenciada por los cambios que produce una determinada tecnología en una sociedad.

BOMBAS DE TIEMPO

Esperar una completa homogeneidad en una cultura es difícil. Muchos factores (biográficos, geográficos, psicológicos, sociales) se relacionan para que un individuo desarrolle su vida dentro de un código sociocultural. Es decir, las personas viven variaciones de la cultura en la que nacieron, o se desarrollaron.

Auque se podría argumentar que todas las personas forman parte de una subcultura, se debe tomar en cuenta que, en la gran mayoría de los casos, los individuos se integran a marcos culturales hegemónicos. Para el pensador británico Raymond Williams, la hegemonía supone una dominación de significados a través de “un complejo realizado de experiencias, relaciones y actividades, con presiones y límites que cambian constantemente”.

Un marco cultural hegemónico constituye un sentido de realidad para la mayoría de personas en la sociedad. Las subculturas responden a este marco, lo debaten y llegan a oponérsele; toman signos comunes y los revierten, se apropian de nuevos significados para construir sus identidades.

El crítico cultural Stuart Hall señala que cada subcultura representa una forma distinta de manejar “la materia prima de la existencia social”. Por ejemplo, los hippies intentaron vivir en un esquema en que imprimieron una forma expresiva diferente a la década de 1960, desde su vestimenta hasta la creación de un símbolo propio que los representara.

Adrián Vergara, especialista en Análisis del Discurso, enfatiza que “los grupos sociales no se forman solamente por discursos, se forman por contextos sociales particulares que generan que los individuos tengan relaciones entre sí”. Los discursos no están aislados del entorno; es decir, hay una relación dialéctica entre estos y los actos sociales.

Vergara señala que las subculturas forman estructuras básicas que generalmente son constantes en sus prácticas comunicativas. “Estos grupos van tomando consciencia de que los discursos dominantes no responden a los suyos y, así, generan contra-discursos, o diferentes a los hegemónicos”.

Así, las subculturas responden a un contexto histórico y a una clase social específica; dialogan con situaciones concretas del momento y  cambian –o resignifican- valores y objetos con los que crecieron.

GENERACIONES EN BLANCO

Para Carlos Sandoval, doctor en Estudios Culturales e investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica, en las subculturas “hay un reclamo de reconocimiento que configura identidad”.  Los movimientos más pronunciados suelen responden a difíciles situaciones políticas de desamparo. La necesidad de expresión eclosiona en un código de referencialidad que, por lo general, es la música.

Dick Hebdige, estudioso de los medios, sugiere que algunas subculturas son consideradas ‘espectaculares’ porque expresan contenidos ‘tabúes’ en formas prohibidas. Es decir, generan impacto porque visibilizan aspectos o elementos de la vida social que son reprobados. Además, se enfrentan con valores hegemónicos de forma directa, como lo hizo, a finales de los años 70, la banda punk Sex Pistols con su canción God Save the Queen, la cual critica el sistema monárquico en el Reino Unido, generando gran polémica. Por esto, es que llegan a ser censuradas y a considerárseles ‘profanas’ o ‘antinaturales’.

Cada subcultura tiene un repertorio simbólico de elementos. Es decir, hay una homología que consiste en la correspondencia entre valores, estilos de vida, experiencia subjetiva y formas musicales que un grupo utiliza para expresar sus principales inquietudes.

El descontento se convierte en el principal motor de las subculturas, un descontento con la cultura, con la sociedad, con las instituciones tradicionales, que viene acompañado de una necesidad de identificación y expresión. Se pretende criticar, o al final disfrutar, ser una Blank Generation (una generación en blanco), como canta la agrupación punk Richard Hell and the Voidoids.

DE CYBERPUNKS A REDES SOCIALES

Los nuevos avances tecnológicos han ido cambiando el ciclo de vida que podía tener una subcultura. Estas se nutren del entramado sociocultural en que nace, pero también de otras. Es decir, suelen responder a subculturas anteriores tomando elementos de estas o criticándolas.

Así, era común una línea cronológica de subculturas: una iba seguida de la otra en sus momentos de máximo repunte. Por ejemplo, con el apagonazo del movimiento hippie surge una primer oleada del Heavy Metal (aunque será hasta los años 80 en que se consolide) y se perfila, posteriormente, el nacimiento del punk.

Con los medios sociales hay un contacto más inmediato entre subculturas. Los diferentes grupos tienen la posibilidad, además, de contestar las representaciones que hacen los medios tradicionales de comunicación y de construir una identidad como proyecto; es decir, tener una mayor conciencia de sí mismos como subcultura.

La tecnología siempre se ha relacionado íntimamente con las subculturas. Los LP’s fueron fundamentales para transmitir la música durante los 60’s y 70’s; luego llegó el casete y, posteriormente, el CD para llegar al formato digital de la actualidad. No por nada, el escritor William Gibson creó el mundo cyberpunk, el cual retrata la vida de una subcultura olvidada por el progreso tecnológico.

Luisa Ochoa, socióloga y comunicadora, señala que la tecnología puede ser considerada un artefacto y un medio: es un producto como también un canal de transmisión de diferentes productos. Así, las subculturas se apropian de ciertos artefactos dentro de su identidad y también utilizan diferentes medios para difundir sus producciones.

Este proceso se vincula con el consumo cultural; es decir, la apropiación, contestación y reproducción de sentido que acompaña un determinado producto.

Para Ochoa, las nuevas tecnologías de la información y comunicación “movilizan los referentes identitarios”. Estas descentralizan, aceleran y digitalizan bienes culturales, como la música, y permite un mayor tránsito de influencia. Entonces, hay una mayor flexibilización de subculturas, son más permeables y relacionales entre sí.

De esta manera, al haber una gran posibilidad de acceso a manifestaciones de diferentes subculturas, comienza a tomar importancia el líder de opinión: una persona que indica en qué sitio se encuentra lo referente a cada grupo.

Ochoa señala que, aunque las nuevas tecnologías permiten un proceso de democratización de productos culturales, también  generan interrogantes acerca de la ‘pureza’ y autenticidad de las ‘nuevas’ subculturas o del resurgimiento de algunas ya establecidas.

REALITY SHOWS DE PROMETEO

La novedad y trangresión que pueda generar una subcultura siempre está comprometida. Al entrar en contacto con una cultura hegemónica, este tiende a ‘succionarla’. Carlos Sandoval llama a este proceso la paradoja del reconocimiento; es decir, “en algunos casos el reconocimiento de una subcultura a nivel social neutraliza su propuesta impugnadora”.

De esta forma, las subculturas se mercantilizan, se convierten en tendencias, popularizándose como nuevas formas de vestirse o como un nuevo género de música. Con esto, tienden a ser caricaturizadas por los medios tradicionales, se les presenta como exóticas.

Por ejemplo, el grunge se convirtió en una moda que grandes disqueras quisieron aprovechar; así, se perdió el carácter underground y la crítica social que tuvo el movimiento al inicio. Para Sandoval, “lo ideológico no es identificarse con un grupo de Rock, sino ignorar lo que le da origen”.

Pero este ocaso puede influir en que se generen nuevos movimientos. Así, una subcultura responde a un sistema hegemónico que tiende a querer absorberla de nuevo; no obstante, al fagocitarla, se genera una variación. Se establece una relación de estira y encoge.

La música es un código por el cual diferentes movimientos se han desarrollado y han intentado expresarse. Una guitarra puede convertirse en el himno de una generación que bebe del desencante todos los días. Conforme pasen los años, seguirán surgiendo subculturas. Como observa Sandoval, “ninguna subcultura tiene ruta preestablecida; en cierto modo, no hay garantía de qué van a dar lugar. A veces, producen elementos contestatarios, a veces acaban en moda”.

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