“Chavela, decímelo a mí”

A ella no le perdonaron usar pantalones de hombre, fumar, beber en las cantinas hasta las madrugadas y renegar de un país que la

A ella no le perdonaron usar pantalones de hombre, fumar, beber en las cantinas hasta las madrugadas y renegar de un país que la trató mal, muy mal, empezando por el sacerdote de San Joaquín de Flores.

A él no le perdonan el mito, la ficción, la mentira que lo hace responsable de haberse robado a la Virgen de los Ángeles.

A ninguno de los dos les perdonan el descomunal éxito que alcanzaron fuera de las fronteras de Costa Rica, él después de haber sufrido la injusticia sin nombre de pasar años de años en el penal de San Lucas siendo inocente; ella, antes y después de pasar por los callejones demoníacos del alcoholismo y la degradación.

Ambos son costarricenses aunque en el mundo no se sepa muy bien y aquí se pretenda ignorarlo. Cantante mexicana le decían a ella, escritor mexicano le han llamado a él.

Transgredir las normas, los valores hegemónicos con los que una sociedad ha construido su autoestima política, es un acto que la tribu y sus instituciones castiga con la condena moral, con la exclusión, con la mancha, con la etiqueta de la infamia, con la construcción imaginaria de subjetividades malditas a los ojos de la comunidad, a los ojos de la nación y pase lo que pase, se demuestre lo que se demuestre, se logre lo que se logre el estigma perdura en el tiempo. José León Sánchez es el escritor costarricense de más reconocimiento internacional, no existe un músico costarricense que haya llegado a las cumbres del éxito a las que llegó Chavela Vargas. Sus vidas parecen ser un espejo para el uno y para la otra, un espejo que refleja el conservadurismo mezquino y violento de este país, el sufrimiento humano, la injusticia, el talento artístico, el éxito internacional y la posibilidad siempre latente de la resurrección social.

Resulta incierto casi siempre poder decir de dónde nace un libro, una novela, pero es seguro que los temas escogen a los autores y no al revés. El personaje fascinante que es Chavela Vargas, su vida más que novelesca, sus conflictos, su belleza, su talento, han generado la escritura de varios libros de distinto orden tomándola a ella como materia prima; pero en +Al florecer las rosas madrugaron hay más, mucho más, simplemente porque lo escribe José León Sánchez, quien habló con ella por horas de horas, que grabó sus conversaciones, que la estudió, que conoce México tanto como ella, que sufrió Costa Rica tanto o más que ella, que conoce de injusticias y de éxitos al igual que ella, que de alguna forma, al verla a ella, se ve él.

Chavela, decímelo a mí”, le pide José León a Chavela y eso tiene un peso distinto. Lo que le pide es que le hable de los momentos más oscuros y dolorosos de su vida, de las violaciones, de la prostitución por necesidad, de los delirios del tequila y se lo dice él, cuya madre era prostituta, se lo dice él, que conoce como pocos lo que es ser señalado, culpado y despreciado, se lo dice él que también proviene del lado oscuro de la vida. Y ella se lo cuenta con la condición de que el libro no se publique hasta que las cenizas de su cuerpo hayan sido lanzadas sobre las aguas de los dos mares que bordean Costa Rica.

Sin ninguna duda +Al florecer las rosas madrugaron, la novela de José León Sánchez sobre Chavela Vargas que publica en el año 2014 el Instituto de la Cultura Mesoamericana. Madrid-México, le pone un valor adicional a la vida de esta mujer maravillosa, le pone el talento de su autor, el valor adicional es la mirada cómplice de su autor.

“-Existe una queja Natyeli en el país que nos vio nacer.

-¿…?

-Ya sabes Natyeli, nacimos en una tierra en mitad de dos océanos y tan pequeña como las barbas de un pececillo en las riberas del río San Juan.

-Es tu tierra… a pesar de que a ti te llegó en mitad desde penar después de tantos años encerrado en un calabozo pletórico de pulgas, piojos y olvidos…

-Natyeli, otros tiempos… La patria donde hemos nacido para ese tiempo si acaso tenía quinientos mil habitantes.

-La queja, ¿cuál queja?

-En la esquina de tu segunda patria mexicana, se te iluminó el alma y diste música a Macorina y desde entonces esa canción está ungida por los besos de la historia musical… ¿De la patria donde un día se te abrieron los ojos te has olvidado?

-No me he olvidado, sigo alimentando el rencor de mi niñez, tirada en un camón de cuero en donde mi madre metía el abandono debajo de la cama y al regresar me encontraba llena de orines y mierda y el cuarto plagado de la hediondez del mismo olvido donde también habitaba el asco. El asco sobre el cuerpo inerme de una niña enferma.

-Natyeli, era cuando la leña verde ardía sobre el fogón de una angustia y…

-Déjame que te cuente:

En ese instante la miré. Cómo me hubiera gustado besar esos ojos sin luz de una anciana ciega.”

Así está construida la estructura de esta novela que no es biografía, que es ficción y es verdad. Es una conversación entre Chavela ciega recordando su vida y José León atento tomando nota de los sufrimientos de aquella niña enferma en San Joaquín Flores, donde la maltrató la familia, la maltrató el cura que la intentó violar y la maltrató la moral pueblerina de herencia católica que la señaló y la estigmatizó una y otra vez cuando ella ya pudo caminar, pudo cantar, pudo ponerse pantalones de hombre, fumar como hombre, beber como hombre y gozar de las muchachas como lo hacen los hombres.

La conversación sigue los caminos de la memoria de Chavela por los circos que llegaban al pueblo, por el malecón habanero, por la Bodeguita del medio y llega al México de Agustín Lara, del Tenampa, de las luces y las sombras de la bohemia, del tequila de José Alfredo Jiménez y sus canciones inmortales, de Frida Kahlo y Diego Rivera, de todo lo que tenía México para ofrecerle a ella, quien tuvo que pagar un amargo precio para llegar a las cumbres de las que cayó hasta lo más profundo del infierno de la mano de su alcoholismo voraz. En la novela, ella recuerda cómo muchas veces y muchas gentes la intentaron ayudar a salir de ahí y ella no pudo o no quiso, la eterna duda de los alcohólicos, hasta que un día no tomó más y ahí estaba Marta, su criada, personaje extraordinario en esta obra de José León, estaba ella, una diputada del PRI, Pedro Almodóvar y muchas manos más dispuestas a levantarla del suelo para que volviera a nacer, para que su voz pasional como pocas se volviera a escuchar en los teatros, en las plazas, en las calles, en las casas, en los palacios de España, en el mundo entero.

“Medio millón de ojos lograron observarla (…) quizás estaba ahí para dar el saludo al sol cuya sombra era esta mujer ya vieja y canosa, con temblor de manos, con alma de corazón, que cantaría sin cobrar un centavo a su pueblo de México, de todos los Méxicos… Rabiosa y divina con su poncho rojo. Ella la que un día llamaron la Puta del Tepito… La vieja de la perra. Como el nombre que le encaramaron albarda allá en la tierra que la vio nacer y de la que ella repetía: -la tierra bananera, la tierra del melindre en donde hasta las piedras un día aprendieron a llorar… Es tu noche Natyeli, esta noche… El Zócalo ya fue de luz por la luz y las campanas de la iglesia dieron una a una la hora del empiezo. La hora del inicio. La hora de la guitarra de Antonio Bribiesca”.

Esa es la historia de esta ficción, la memoria resquebrajada de la vida de Chavela Vargas que ella misma, ya vieja y ciega, le cuenta a José León Sánchez. Novela de diálogos poéticos, con poca narración, con muchas imágenes en una edición que se pudo cuidar mejor y que sin embargo, está escrita con el talento artístico y la fuerza que José León tiene y ha demostrado una y otra vez en su vasta obra literaria.

+Al florecer las rosas madrugaron es una novela que nos hace recorrer los caminos de una mujer excepcional de la mano de un hombre excepcional, al mismo tiempo que nos permite cuestionar los mecanismos de dominación moral en Costa Rica, sus injusticias y sus tensiones, nos permite pensar sobre la libertad sexual de la mujer, sobre el daño que genera la religión y la familia en las gentes, sobre la posibilidad de renacer en esta vida y por su autor, a mí por lo menos, me lleva a pensar que una persona, sea quien sea, es mil veces más importante que una figura de piedra negra con todo y sus joyas de oro. +Al florecer las rosas madrugaron tiene lo que se necesita para ser un éxito de ventas de aquellos a los que desde hace años ya está acostumbrado José León Sánchez.

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