Forja

A Rafa Fernández, la patria agradecida

El 9 de setiembre se cumplieron 3 años de la partida del maestro Rafa Fernández, quien a sus 82 años legó una obra que es referencia en el imaginario costarricense.

Desde muy joven gustaba de la fiesta brava y su primer impulso vocacional fue querer ser torero. Pero siendo un adolescente también descubrió su talento innato para el dibujo y la pintura. Empeñoso, como lo fue hasta el último momento de su vida, decidió matricularse en la recién creada Casa del Artista, donde aprendió rápido de maestros como Lucio Ranucci, Dinorah Bolandi, Carlos Salazar, Teodorico Quirós y Francisco Amighetti. Pronto ese talento se dio a conocer y crecía su reconocimiento tanto como sus inquietudes. Con una beca estudió en la Escuela de Bellas Artes en Managua, con el maestro Rodrigo Peñalba, luego gracias a otra beca viajó a España, lo que consolidó su carrera.

A su regreso a Costa Rica recibió tres veces el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en pintura. Siempre con una visión solidaria y comprometido con el gremio de los artistas, especialmente los más jóvenes o desconocidos, impulsó el proyecto del Parque de la Expresión, donde el arte y el artista se mezclaban con el pueblo los domingos en los parques.

Durante esos años se alternaba entre su intenso trabajo en el taller y toda clase de proyectos y causas en pro de los artistas y de la difusión cultural, así como a ayudar a artistas jóvenes.

A mediados de la década de 1980 volvió a España donde se consagró internacionalmente y definió el que desde entonces sería el motivo central de su pintura: las mujeres. Su obra y su imaginario reclaman un sitial de preferencia dentro del arte costarricense. Críticos y galeristas lo aplauden como una figura consolidada del arte latinoamericano.

Amaba la música y la literatura, en particular la latinoamericana, que, como a toda su generación, lo impactó con el boom que mezclaba sin distingos lo soñado, lo recordado, lo imaginado con lo real, como pigmentos en un lienzo.

En 1989, a propósito del centenario de vida democrática del país, realizó una pintura mural de 5,2 x 2,1 m que lleva el nombre de Patria que se exhibe en el Club Unión.

También está dentro de su obra pública el mural en la clínica Marcial Fallas en Desamparados, el telón de fondo Eterno Femenino en el Teatro Nacional y el mural La Virgen Descalza en la iglesia de San Pedro de Montes de Oca.

A finales del año pasado, el diputado Dragos Dolanescu propuso el proyecto para que se le declarara Benemérito de la Patria “por su aporte a las artes y por enaltecer el nombre de Costa Rica” por el reconocimiento internacional que ha tenido su obra. Así, en agosto de este año, la Asamblea Legislativa lo reconoció con esa distinción, lo cual no es otra cosa que un gesto impostergable de la patria agradecida con uno de sus hijos predilectos.

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