Ensayos políticos de Eunice Odio (1947-1963)

Escribir en tiempos de Guerra Fría

Eunice Odio, junto con Yolanda Oreamuno, ha sufrido en cierto modo la reducción a la condición de “divas literarias”

Eunice Odio, junto con Yolanda Oreamuno, ha sufrido en cierto modo la reducción a la condición de “divas literarias” de las letras ticas, y en torno a ellas se ha generado una suerte de “mito” que habría que tratar de deconstruir para centrarnos en el estudio de su producción literaria.

Uno de los factores que más ha incidido en esta “divización” es la belleza física de ambas mujeres, lo cual, aunado a su condición de reconocidas intelectuales latinoamericanas, les deparó, a los ojos de muchos contemporáneos a ellas y aún a nosotros, el calificativo de “mujeres fatales”. La suma de belleza e inteligencia era poco comprendida, en especial cuando la portadora de ambos atributos, como en el caso de Eunice, era una mujer independiente, de carácter fuerte y de gran agudeza crítica.

Sin duda, la faceta más conocida y comentada de Eunice es la de poeta, pero me interesa detenerme en su labor como periodista que fue, además, de la cual obtuvo casi siempre sus ingresos económicos. Además de hacer crítica literaria y artística (pintura y teatro), Eunice escribió una gran cantidad de ensayos políticos para diversos periódicos y revistas, tales como El Imparcial (Guatemala) y la Revista Respuesta (México).

El primer ensayo político localizado lo publicó en El Imparcial (Guatemala) en 1947 y se titula “Exposición sobre política actual de Costa Rica”; aquí Odio lanza una dura crítica a los políticos costarricenses de la primera mitad del siglo XX que, en su criterio, dañaron los intereses del pueblo, y lo hace tomando partido por el bloque caldero-comunista, meses antes de que iniciara la guerra civil de 1948 y desde su “autoexilio” guatemalteco.

Denuncia que el país está dividido en dos, que esta división es a muerte y que la “paz proverbial”, que supuestamente siempre caracterizó a Costa Rica, no es más que una mentira muy bien contada y creída por todos.

Para explicarnos el porqué de sus apreciaciones, la autora argumenta que es preciso remontarse 40 años atrás en la historia costarricense (primera década del siglo XX), cuando don Ricardo Jiménez Oreamuno y don Cleto González Víquez se alternaban la presidencia de la República (Odio: 1947,9). Al referirse a este período, la autora señala que tanto el presidente de turno como el Poder Legislativo gobernaban para una pequeña clase adinerada, capitalista y liberal, que conducía económica y políticamente los destinos del país, siempre en detrimento de la masa popular:

“El pueblo se conformaba con su derecho a gritar sin comer. La palabra revolución aún no se había inventado. El espectáculo de la propia miseria le parecía al pueblo algo completamente lógico y normalísimo. Dios lo manda, decía… (…) Así se explica que el clima para los demagogos fuera paradisíaco. En él se reproducían, crecían y medraban con tanta impudicia como inmunidad y eficacia” (Odio, 1996:11).

En opinión de Eunice, Alfredo González Flores fue un presidente que quiso trabajar por los más desposeídos, pero por esa misma razón fue rápidamente derrocado por la élite económica, personificada en el dictador Federico Tinoco. La autora plantea que en la década de 1920 comenzaron a organizarse en Costa Rica diversos grupos (primero pequeños y luego grandes) que pretendían generar cambios importantes en la sociedad costarricense, pues surgió la conciencia de que había que equilibrar las fuerzas y ajustar los privilegios. Señala que el Partido Comunista Costarricense fue uno de los grupos más destacados que surgió a raíz de tales preocupaciones.

Al entrar en la década de 1930, Odio critica con vehemencia la labor realizada por León Cortés Castro, pues opina que durante su mandato los campesinos ticos se empobrecieron aún más. De la siguiente década (en concreto la primera mitad de la década de 1940), considera muy relevante la labor del Dr. Rafal Ángel Calderón Guardia, en especial por la promulgación de las garantías sociales en 1942, así como la actitud sacrificada de Teodoro Picado M., quien, en opinión de Eunice, estuvo dispuesto a renunciar a sus derechos constitucionales con tal de que el proceso electoral fuera limpio y puro.

Ahora bien, uno de los políticos costarricenses más duramente criticados por Odio es Otilio Ulate, “candidato de la reacción”, en palabras de la autora. Las propuestas de Ulate y su Partido son ubicadas por Eunice en el extremo opuesto de las propuestas comunistas o de izquierdas y resulta relevante hacer notar que ante un individuo como don Otilio, nuestra autora se identifica claramente con la defensa de los intereses populares que realizan los comunistas ticos.

En concreto, Odio señala: “¡Esto es comunismo!, anatematizan los ricos tacaños. Porque a ellos les parece que todo estómago que tiene hambre es un estómago comunista. Porque a ellos les parece que todo aquel que tiene buena fe, y cree que el mayor número debe alimentarse, es un individuo que come niños crudos. Porque ellos creen que los trabajadores y los campesinos que ahora no pueden ser exprimidos, son unos sujetos muy pesados con los que hay que acabar. (Gentuza de único apellido, como dijera en uno de sus discursos recientes, Otilio Ulate, candidato de la reacción, a quien habría que pedirle mostrar su árbol genealógico)” (Odio, 1996:20).

Para Eunice, la llamada “reacción costarricense” (que como sabemos luego sería el Partido Liberación Nacional, liderado por José Figueres Ferrer, vencedor de la guerra civil de 1948) está conformada por un grupo de individuos a quienes nunca les ha interesado –ni les interesaba tampoco en 1947, según plantea Odio- “la pureza electoral ni otras purezas, sino únicamente la defensa enérgica de sus intereses creados, por todos los medios que tenga al alcance de su mano, sean los que sean …” (Odio, 1996:21).

Sin duda, con respecto a la política contemporánea de su país natal, Eunice Odio había tomado partido y lo hacía saber con toda claridad; es decir, empleaba todas las letras para denunciar aquello que ella consideraba denunciable y apoyaba el llamado “comunismo a la tica”, pues desde su perspectiva constituía la mejor opción para generar un poco de igualdad y lograr algo de justicia social en una nación que, aunque se decía igualitaria, Eunice sabía bien que no lo era.

El siguiente ensayo que nos interesa comentar es el que se titula “Dos actitudes frente a una tiranía”, publicado en abril de 1949, en El Imparcial (Guatemala); en él Eunice tiene el firme propósito de demostrar que su amigo Eugenio Fernández Granell no es franquista, con el fin de defenderlo de las acusaciones que en tal sentido le hiciera el poeta y ensayista guatemalteco Raúl Leiva (1916-1974). Fernández Granell (1912-2001), destacado pintor e intelectual republicano español, se vio obligado a salir de su país al finalizar la guerra civil en 1939, doblemente perseguido (tanto por el franquismo victorioso como por sus compañeros de lucha al no ser él partidario del estalinismo sino más bien de la línea trostkysta).

Eunice entabla una estrecha amistad con Granell en Guatemala, donde ambos forman parte de la Asociación Guatemalteca de Escritores y Artistas Revolucionarios (Agear), a cuyo secretario general Fernández Granell le envió una carta en la que expresaba su opinión de que el Primer Congreso de Intelectuales y Artistas Guatemaltecos, impulsado por el grupo SAKER-TI, era una actividad promovida por el comunismo internacional. Esta afirmación de Granell desató una polémica en la prensa guatemalteca, en la que participó Eunice Odio con el artículo ya mencionado y con otro más, titulado “La gratitud mal entendida o De Stalin abajo ninguno” (Esquivel, 1983).

Como parte de dicha polémica, Leiva publica un artículo en el Diario de Centro América en el que relaciona a Granell con el fascismo internacional y en el citado ensayo de abril de 1949 Eunice se encarga de desmontar todos y cada uno de los argumentos empleados por Leiva para acusar a Fernández Granell, partiendo de las propias afirmaciones del autor.

Eunice retoma, por ejemplo, la siguiente afirmación de Leiva: “Nuestro país vive hoy un régimen democrático de absoluta libertad”, y concluye: “(…) de ser Leiva el conductor del régimen, la absoluta libertad democrática terminaría en menos de lo que canta un gallo. Todos los que no piensan como él se verían obligados a colocarse en la boca, una espléndida cremallera de oro, o de cobre, o de plata, según las posibilidades económicas de los amordazados” (Odio, 1996: 59).

Ya en este ensayo de 1949 se puede apreciar el claro descontento de nuestra autora con ese sector del comunismo guatemalteco que no acepta críticas y que lanza acusaciones que, para ella, no tienen ningún fundamento.

El siguiente ensayo político localizado lo publicó Eunice Odio trece años después; es decir, en 1962, ya viviendo en México. Apareció en la revista mexicana Respuesta y se titula “Insistiendo sobre la revolución y la guerra de España”. Este ensayo, y once más que publicó entre 1962 y 1963, muestran la postura rotundamente anticomunista que Odio asumió como intelectual y como periodista.

A continuación, realizamos un recuento de estos doce ensayos y las principales temáticas que desarrolla la autora en cada uno de ellos:

  • “Insistiendo sobre la revolución y guerra de España”, (Respuesta, 1962): relaciona a los republicanos, vencidos en la guerra civil por el franquismo, con Stalin y el régimen soviético y plantea que el comunismo estalinista tuvo una fuerte presencia en dicho conflicto, a tal punto que incidió fuertemente en que los republicanos perdieran la guerra. Llega a hablar incluso de sabotajes rusos a la guerra de España.
  • “Lo que quiere Moscú y defiende Sartre”, (Respuesta, 1962): critica fuertemente al Imperio Ruso porque atenta contra la libertad de pensar y de expresarse. Se posiciona contra Stalin y contra los “bárbaros rojos”, así como contra el intelectual francés Jean Paul Sartre por defender una noción de cultura muy limitada y al servicio del estalinismo soviético.
  • “Un tranvía llamado desarme”, (Respuesta, 1962): nuevamente carga contra Jean Paul Sartre por defender al estalinismo soviético y contra el propio Stalin por considerarlo “una momia cuadriculada”.
  • “Cuba: drama y mito”, (Respuesta, 1962): denuncia que el régimen de Fidel Castro es una dictadura contra el proletariado y que los miembros de la Central de Trabajadores Cubanos (CTC) no comunistas están siendo perseguidos por el castrismo. Opina que “Cuba se está convirtiendo en una URSS diminuta, sin que lo adviertan los intelectuales.”
  • El coexistente Nehru y el coexistente mío”, (Respuesta, 1962): ataca a la China comunista de Mao-Tse-tung por su expansión imperialista en el Tibet bajo pretexto de liberar a la región de la colonización inglesa, y señala al respecto: “Algunas veces los comunistas exageran su cinismo a tal grado, que dejan de ser cínicos y se vuelven simplemente idiotas.” Considera que la coexistencia pacífica, el neutralismo y el apaciguamiento, en su momento histórico -1962- conducen directamente a la guerra, tal y como sucedió en 1938-39, cuando “la no intervención” y el afán de coexistir pacíficamente con Hitler, ocasionaron la segunda guerra mundial.
  • “Los libros-Fab”, (Respuesta, 1962): arremete nuevamente contra Stalin y su régimen comunista en la URSS y ataca a los autores de varios libros que, al igual que el detergente Fab, tienen como propósito lavarle la cara al estalinismo soviético. Se refiere en particular a un libro publicado por el Fondo de Cultura Económica en 1962, autoría de los franceses Pierre Broué y Emile Témime.
  • “Rusia y China: dos imperialismos y no dos líneas ideológicas en pugna”, (Respuesta, 1962): plantea que la URSS es el centro del Imperio Comunista y que otros miembros del bloque, como Polonia, Cuba y China, actúan como sus satélites en diferentes partes del globo. Advierte contra la restauración de los imperios ruso y chino que, en su opinión, poseen claros intereses expansionistas, y señala que son fruto de la descomposición del comunismo como ideología.
  • “Brasil al borde de la catástrofe”, (Respuesta, 1963): se refiere a la situación actual de la política en Brasil y señala que Janio da Silva Quadros, presidente de ese país entre enero y agosto de 1961, tiene una política que simpatiza con el bloque comunista y que está en contra de Estados Unidos, mayor representante del mundo libre. Denuncia además “la conspiración comunista, manejada desde arriba en Brasil, por la mafia roja que encabeza Joao Goulart”, presidente de Brasil entre 1961 y 1964.
  • “Cuba y el plan secreto de ataque nuclear de Rusia”, (Respuesta, 1963): ataca el discurso de Nikita Krushchev, pronunciado ante el Soviet Supremo en diciembre de 1962, por considerar que en él el líder soviético miente descaradamente y oculta el plan secreto de usar el territorio cubano para atacar al mundo libre, es decir, a Estados Unidos.
  • “Arbenz y el comunismo en Guatemala”, (Respuesta, 1963): denuncia el fraude electoral en la elección de Jacobo Arbenz Guzmán como presidente de Guatemala y establece que el bloque comunista (que ella denomina mafia comunista) constituido por Juan José Arévalo Bermejo, presidente anterior, Jacobo Árbenz y el Partido Comunista de Guatemala, representa “uno de los regímenes más funestos que haya padecido país alguno en la América Hispana”.
  • “Arévalo y el comunismo en Guatemala”, (Respuesta, 1963): ataca a los intelectuales guatemaltecos pertenecientes al gobierno del profesor Juan José Arévalo Bermejo, pues los considera mediocres y comunistas. Opina que Arévalo durante su presidencia estimuló la “lucha de clases” en Guatemala y señala: “El profesor argentino [se refiere a Arévalo] podrá engañar a los intelectuales tontainas, pero no a quienes, como yo, líbrenos Dios de ser intelectuales, han experimentado, arriesgando la vida, lo que es “su” gloriosa democracia a tiros.”
  • “Los clowns ‘siniestros’ de Brasil”, (Respuesta, 1963?): nuevamente carga la pluma contra Quadros y Goulart y le da la razón a Carlos Lacerda, actual gobernador de Guanabara [Río de Janeiro] y, en su opinión, el gran demócrata, cuando ataca duramente a Quadros por considerarlo inestable y débil mental. Considera que los intelectuales comunistas de Brasil “trabajan juntos y con ahínco por la causa de la antipatria, por la mayor gloria del Imperio Ruso y detrimento del mundo occidental.”

Aunque no podemos precisar el momento en que esta autora realiza el tránsito de la izquierda a la derecha, ni las razones que tuvo para hacerlo, sí podemos plantear que el incidente sufrido por su amigo Fernández Granell en Guatemala y otras experiencias vividas por ella con la intelectualidad comunista de Guatemala y de México, incidieron en el cambio de postura, así como el hecho de vivir en estos países en plena Guerra Fría.

En su última década de vida, Eunice Odio fue una mujer solitaria, abandonada por muchos y en pugna abierta con la intelectualidad de izquierdas mexicana y centroamericana, (a la cual otrora perteneció), vinculada con la CIA (algunos sospechan que incluso pudo haber sido su agente) y periodista infatigable al servicio de la causa anticomunista.


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