El valor perenne de Carmen Lyra  

El 14 de mayo se cumplirán 70 años de la muerte de Carmen Lyra en el exilio en México. Su herencia como escritora y mujer comprometida con las clases más necesitadas se recuerda en este aniversario.

Cuando pienso en Carmen Lyra el 1 de Mayo de 1913 junto con Omar Dengo y Joaquín García Monge del Centro de Estudios Germinal, que se convirtieron en los pioneros al  organizar con la Central  General de Trabajadores la celebración del primer día del trabajo, siento una mezcla de orgullo y admiración, por su juventud, pasión e inteligencia.

Ellos participaron de las distintas actividades, un  desfile hacia La Sabana, donde se realizó un partido de fútbol del Club Sport La Libertad y el Club Orión, y hubo un discurso de ella y de los  líderes sindicales Gonzalo Montero Berry, Juan Rafael Pérez, Felix Quesada y Gerardo Vega. Luego se dirigieron al Edificio Metálico donde hicieron una reunión con discursos de Omar Dengo y Joaquín García Monge.

Esta  joven iba a cumplir 25 años y su sensibilidad social y espiritual la había acercado inexorablemente hacia un compromiso con la niñez, era la directora de la Revista San Selerín.  Tenía una  profunda vocación educativa que la hizo cuestionar y revelarse contra esa sociedad clasista y que explotaba sin límites ni regulaciones a los trabajadores. Una riqueza que le parecía, y sigue siendo, ordinaria y chabacana, y un pueblo miserable, sin educación, ni salud ni futuro. Así  puedo comprender esa razón de vivir en la ética de su compromiso con la educación. No solo para los niños sino para los trabajadores.

Le faltaba mucho por vivir, por construir proyectos culturales, como la Universidad Obrera,  la  Revista Renovación. Publica sus libros Las fantasías de Juan Silvestre, y En una silla de ruedas. Se gradúa en el Colegio de Señoritas desde 1904 y en la Escuela Normal funda la cátedra de Literatura Infantil.

Pienso en esa joven maestra con las ansias por mejorar la vida de sus alumnos, de las familias de los trabajadores, esta joven intelectual y líder. Me la imagino dulce, simpática, de verbo fluido, simple y sabio.

Vivió la represión y también la libertad de mujer ciudadana en los movimientos sociales que les hicieron frente a la represión de Federico y Joaquín Tinoco, junto a trabajadores y estudiantes; además de las jornadas cívicas de manifestaciones y lucha contra la policía y el ejército. Fue golpeada como a tantos otros, que fueron atacados y encarcelados.

Junto a  Lilia Gonzáles y Matilde Carranza se le otorga una beca; fueron las primeras mujeres en estudiar en Europa. Después funda la primera Escuela Maternal y se incorpora a la Escuela Normal.

En esta década de los años 20 a 30, en el famoso Repertorio Americano de García Monge,  escribe lo que será la primera literatura bananera, donde su corazón de mujer encuentra a “Estefanía”, y nos la hereda para la posteridad, para que no olvidemos nunca la miseria capitalista, en su esencia económica de la formación de riqueza. Empieza, como la vida misma, en el cuerpo solitario y único de una mujer. Estefanía.

Ella viaja a los territorios de la República Bananera en que nos hemos convertido, participa en la Liga Cívica junto a Ricardo Moreno Cañas, Víctor Quesada Carvajal, Billo Zeledón, Montero Berry y otros costarricenses que luchan por la nacionalización de las compañías  eléctricas.

De ese 1 de mayo de 1913, la veremos en los días de su vida que continuaron llena de pasión por la escritura, cientos de artículos en revistas y sobre todo en los periódicos. Convertida en Carmen Lyra por consejo de su amigo García Monge, será cercana a las organizaciones de trabajadores, a la Unión General de Trabajadores (UGT), fundada en 1927, a la Asociación Revolucionaria de Cultura Obrera (ARCO), que se convirtió en un  centro de estudios socialista con estudiantes de la Escuela de Derecho. Las luchas sociales de esos años van a estar dirigidas por estas organizaciones. Su vida será junto a Manuel Mora Valverde, un proyecto personal y político, cultural y vital.

En 1931 funda el Partido Comunista, no está en el Comité Central porque las mujeres no tenían los derechos políticos. Ella es cofundadora junto a Ricardo Coto Conde, Sergio Carballo, Jaime Cerdas, Rodolfo Guzmán y Manuel Mora Valverde.

Nadie como ella habrá visto con lástima e indignación la moral hipócrita, machista, llena de prejuicios y clasista de esta sociedad. Ella que rechazó el apellido paterno, pues el esposo de su madre fue su padre afectivo; ella que fue dueña de sí, de su cuerpo, corazón e intelecto; la que recupera la herencia oral en los Cuentos de mi Tía Panchita, para el gozo de todas las generaciones, la que en 1933 le dice a las mujeres: “Hay damas que pueden comprar pijamas de seda de cien colones y medias de veinticinco colones el par y muñecas artísticas y animales de peluche para colocar sobre las camas y abrigos de quinientos y mil colones cubiertos de pieles como para habitantes del Labrador o de la Groenlandia y alhajas valiosísimas  y quince pares de zapatos y un número incontable de trajes. Mujeres que pasan el día dándose lustre a las uñas, quitándose pelos de las cejas, haciendo ejercicios para no engordar y perder la línea hablando de los besos de las estrellas de cine y de trajes y sombreros”.

“Y hay mujeres que andan descalzas o con los dedos de fuera y para salir se ven obligadas a pedir prestada a la vecina una toalla y unas medias y no tienen segundo vestido que ponerse y de noche se abrigan con una cobija llena de remiendos pedazo de yute, criaturas que trabajan en las cogidas de café o en las escogidas o las imprentas, en las fábricas de cerveza, empapadas desde las seis y media de la mañana hasta las cinco de la tarde, expuestas a herirse a cada paso, en las fábricas de breva y cigarrillos, teniendo que remojar hasta mil quinientas libras de tabaco de pie, en charcos, en las tiendas de corre de aquí corre de allá –todo el santo día–  estén como estuvieren, agachándose, haciendo que buscan o arreglan algo en la parte baja de un estante para descansar unos segundos cuando ya no aguantan, pegadas de la máquina haciendo ropa interior fina a real el vestido o pantalones a tres colones la docena, o camisas de a colón y medio la docena, pegadas de la batea o de la plancha… u obligadas a prostituirse”.

Carmen Lyra supo leer su tiempo, su voz se levantó con la palabra como estandarte para narrar y criticar una sociedad que no estaba acostumbrada a verse. Ella construyó ese espejo de mujeres, de niños, de trabajadores, los que nadie quería ver. Con su ensayo Grano de Oro le enseñó a leer al pobre como al rico, puso números a la pobreza y dignidad a los niños descalzos. Así veo a Carmen Lyra, feminista, digna, emancipada de lastres y prejuicios, de una independencia que un siglo después aun luchamos las mujeres, de una solidaridad de clase y género. Amorosa y combatiente, de ahí tanto temor que aún enferma. Hace 70 años los que ganaron en la pírrica victoria de la Guerra Civil 1948, le temieron, y se fueron contra ella,  ya enferma, como valientes, a darle aún más a su corazón y su cuerpo, y no le permitieron venir a su casa de orquídeas y bahareque a descansar y morir. No, la violencia contra la mujer tuvo en ella la máxima crueldad.

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FOTO 01: María Isabel Carvajal, conocida como Carmen Lyra, fue pilar en las luchas sociales en la primera mitad de la Costa Rica del siglo XX y murió en el exilio en México el 14 de mayo de 1949. (Foto: ).


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