El lado oscuro de El Gato

Un felino avista a una probable presa.

Sombra errabunda
Celso Romano
Novela
BBB producciones
2018

“Un felino avista a una probable presa. Se queda rígido, quieto, mirando con una fijeza extraordinaria, recorrido por una fiebre suave, ansiosa, deliciosa. Es como si estuviera a punto de eyacular. La fijeza de la muerte… y un placer lento y despiadado”.

Este aforismo (¿poema?), del autor de la novela que nos ocupa (Celso Romano es el seudónimo de Francisco Rodríguez Barrientos), resume en mucho el mundo narrado y la tensión dramática de la misma: una sombra desquiciada y ahíta de violencia, pero contenida y metódica en su accionar, se cierne sobre la ciudad.

Fiera sonámbula y asesina es la sombra de El Gato que incansablemente merodea por San José y alrededores (barrios, pueblos, ciudades, montañas) en busca de víctimas propiciatorias. Estamos ante una novela feroz, sinuosa, siniestra, perversa, apabullante, demasiado “real”.

Es una novela de la noche y por la noche, con sus fantasmas y ángeles exterminadores que se yerguen en los cementerios o reaparecen y saltan en las esquinas marginales. La noche profunda se convierte así en un personaje más, quizás el principal.

Pero no es una novela negra al estilo europeo, norteamericano o al uso de la moda transnacional y local. No, es una novela anclada en la compleja realidad de los últimos treinta años en un país que se reconfigura mostrando los peores rostros de su historia contemporánea.

Un país cuya cúpula destruye el estado benefactor para internarse en el berenjenal del mercado totalizante y totalitario bajo un discurso único y fundamentalista.

Es el país donde afloran los miedos profundos y aparecen los traumas patológicos de una sociedad enferma que no tolera las diferencias.

Por eso, engendra los peores sonámbulos, sus propios asesinos. Sombra errabunda es una selección de los principales capítulos de la novela Los gatos violentos, la cual, a su vez, pertenece a la trilogía denominada Malinconia; es su primer tomo.

De modo pues que estamos ante un esfuerzo narrativo proteico, quizás el más arriesgado e imponente de finales del siglo XX y principios del XXI en nuestro país y ¿Centroamérica? Dividido en cuatro partes, el texto se sostiene por sí solo, no solo por la tensión dramática, sino también por sus vívidas, bien diseñadas, macabras y esquizofrénicas escenas; pero, además, por el uso de un lenguaje oportuno, riguroso y de alto vuelo: una lección pasmosa de memoria, elegancia y dominio discursivo.

Tal vez el único problema consiste en que los personajes son demasiado cultos en términos de sus parlamentos y reflexiones. Son bastante finos, eruditos, sobre todo Enrique (El Gato), personaje central; poseen un amplio capital lingüístico.

Ciertamente Enrique ha sido un buen lector gracias a una de sus hermanas y, en esa perspectiva, se nos muestra, a pesar de su evidente y violenta conducta delictiva, como un disperso autodidacta.

Sin embargo, esa supuesta debilidad o endeblez del discurso narrativo potencia la narración, dado que le permite al narrador profundizar sus perfiles psicológicos y metafísicos en una suerte de metanarratividad.

Es así porque en la novela hay abundante material filosófico; Dostoyevsky, Nietzsche y Bertrand Russell, entre otros autores, se pasean por las páginas con amplias parrafadas (pp. 181, 182).

Hay, pues, una aguda introspección psicológica y metafísica en personajes que, a simple vista, parecieran planos y timoratos.

Pero el estilo narrativo protagónico e indirecto, con extensos monólogos, le confiere al texto variados planos y modulaciones; asimismo, una melomanía fantástica sirve de soundtrack a la oscura trama que se entreteje con cantidad de personajes complejos y consistentes.

La novela se ocupa de Víctor Manuel Sánchez Artavia, también conocido con los alias de Enrique y de El Gato. Víctor Manuel es un delincuente nato, un criminal, mejor dicho, un sicópata cuyo instinto es la violencia sexual contra mujeres, indigentes, travestis y homosexuales, entre otros.

Funda una banda y es apresado y encarcelado. Al salir rehace la banda con antiguos y nuevos miembros y se alía con Rodolfo Carballo, hijo de una familia tradicional, de gran relieve económico, social y político.

Este, como Víctor Manuel, es un personaje complejo y atormentado, pero también cínico, inescrupuloso, torvo, sensual, desalmado. Además, cual paradoja y radiografía nacional, se torna policía y colabora con la Contra nicaragüense.

La narración inicia con el encuentro en un night club capitalino entre el narrador-protagonista (Alejandro Barquero) y Víctor Manuel.

En variadas noches, este le relata al primero parte de su vida; pero se excede, airea hechos violentos y sórdidos en los que ha participado (violaciones, agresiones a parejas, entre otros). Luego Alejandro descubrirá que Víctor Manuel anduvo preguntando por él con el propósito de localizarlo y matarlo.

Un extraño encuentro que no termina de producirse entre ambos personajes una noche en el parque de Mata Redonda, casi una epifanía, hace que Alejandro acepte una beca de posgrado, primero a México y luego a Estados Unidos en el año 1985.

A su regreso al país, la figura de Enrique (Víctor Manuel) lo sigue intrigando; entonces, inicia una investigación que lo lleva a conocer la vida de este personaje atormentado y siniestro, así como a otros miembros de su familia, principalmente a sus hermanas Rosario y Claudia, y a Amanda, la hija de Rosario.

De paso Alejandro, y esta es quizás la parte más dramática y perturbadora, psicológicamente hablando, descubre ciertas afinidades entre él y Víctor Manuel.

Estamos frente a una novela brutal y descarnada, pero cubierta por una refinada madurez del oficio narrativo y un lenguaje exquisito que hurga en los meandros más obscuros, oblicuos, exasperantes y terroríficos del ser humano y de la realidad nacional.

Una novela que, sin duda, se convertirá en parte aguas del paisaje literario nacional, centroamericano y de más allá.

Ni se diga del resto de la trilogía, la cual esperamos ver publicada muy pronto, ojalá en una editorial del estado que le haga justicia a un autor hasta ahora menospreciado por el canon, el mundillo literario y el mercado librero.

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