El affaire Kristeva

La intelectual francesa de origen búlgaro, Julia Kristeva, se encuentra en el medio de un escándalo mediático al haber sido vinculada por una comisión

La intelectual francesa de origen búlgaro, Julia Kristeva, se encuentra en el medio de un escándalo mediático al haber sido vinculada por una comisión especial del Congreso de su país de origen como exagente de la policía secreta del gobierno comunista. La escritora de 76 años desmiente categóricamente el vínculo que una serie de documentos, hechos públicos por la comisión, señalan.

El martes 27 de marzo, una comisión especial del gobierno de Bulgaria, encargada de investigar las actuaciones de la expolicía secreta del Estado de la época comunista, dio a conocer escuetamente un documento que señalaba que Julia Kristeva, nacida en Bulgaria en 1941 y residente en Francia desde 1966, había sido agente de dicho servicio secreto a partir de 1971.

Agregaba que bajo el seudónimo de Sabina había trabajado para la Sección Uno de la Seguridad del Estado, la cual estaba encargada del trabajo de inteligencia internacional para temas relacionados con las artes y los medios de comunicación.

Kristeva, considerada una de las intelectuales más importantes del siglo XX, desmintió categóricamente el señalamiento y dijo que se trataba de una campaña en su contra a partir de información falsa y destacó su asombro de que la Comisión investigadora no considerara que los datos proveniente de los servicios secretos podían ser falsos.

El viernes 30 de marzo la Comisión dio acceso público a un dosier de cientos de páginas con los documentos del servicio secreto relacionados con Kristeva.

EL DOSIER SABINA

Aunque ningún documento aparece firmado por Kristeva, con excepción de la correspondencia de la misma escritora, que fue interceptada por la Seguridad del Estado, sí se reiteran vínculos y comunicación con Sabina a partir del momento en que supuestamente fue reclutada en 1971 y hasta los años ochenta.

Algunos analistas, como el periodista e investigador búlgaro Christo Christov, consideran que la Comisión no ha trabajado de manera acuciosa los documentos al hacer ver a Kristeva como agente, cuando pudo haber sido más bien víctima de una vigilancia cuyos resultados fueron considerados fuentes de información. Julia Kristeva viajó a Francia en 1966 gracias a una beca otorgada por el estado francés para realizar sus estudios de postdoctorado en Lingüística. Tenía entonces 24 años.

Estuvo en cursos con Roland Barthes y Emile Benveniste, y pronto tuvo estrecha relación con intelectuales postestructuralistas y semiólogos.

Así se vinculó con la afamada revista Tel Quel, que había fundado en 1960, entre otros, el escritor Phillippe Sollers, quien en 1967 sería su marido.

Se integró entonces a una verdadera revolución intelectual con figuras como Jacques Derrida y Jacques Lacan, vinculando lingüística, literatura y psicoanálisis.

Pronto, sus artículos y libros la llevaron a ser una de las intelectuales más destacadas de Europa. Aunque metodológica y políticamente aquellos intelectuales reconocen su procedencia marxista, son duros críticos del centralismo soviético y de las represiones en los gobiernos comunistas de Europa del Este.

Según el dosier “Sabina”, la colaboración de Kristeva con la Agencia de Seguridad del Estado de Bulgaria se dio de manera asidua entre 1971 y 1973; luego, hubo un distanciamiento y las colaboraciones fueron esporádicas y con mayor reticencia por parte de la fuente.

La escritora he desmentido categóricamente cualquier colaboración voluntaria y aclara que sus divergencias y críticas públicas al centralismo soviético, del que la Seguridad del Estado búlgara era devota, demuestran su postura al respecto.

LITERATURA, PSICOANÁLISIS, FEMINISMO

Julia Kristeva es considerada un referente en la teoría literaria, pues es autora de más de 30 obras que son estudiadas en campos que van desde la literatura al psicoanálisis o la teoría feminista. Sus elaboradas propuestas le han dado también un lugar como filósofa al establecer conceptos de análisis como revuelta o abyección, en una visión disruptiva y deconstructiva.

A partir del teórico ruso, hasta entonces poco conocido en Europa Occidental, Mijal Bajtin, Kirsteva establece el concepto de intertextualidad como una extensión del dialogismo.

Su libro El texto de la novela, publicado en 1974, sigue siendo un libro de consulta y referencia en la teoría literaria contemporánea. Como lingüista, Kristeva rompió con las visiones formales y considera el texto como proceso, inestable y cambiante, cuya principal función es la productividad.

Luego, desde la visión lacaniana del psicoanálisis, los conceptos de otredad y desplazamiento la llevan a una perspectiva innovadora del sujeto marcado por el texto y, a la vez, productor de este. Como mujer, dentro de aquel grupo intelectual en que primaba la presencia masculina, Kristeva aportó una visión distinta que luego desarrolló en sus planteamientos feministas.

Pero sus desencuentros con los movimientos feministas son conocidos, particularmente por la importancia que ella da a la maternidad en la condición femenina.

LA NOVELA DE BINET

El escritor francés Laurent Binet publicó recientemente La séptima función del lenguaje, novela en que ficcionaliza una compleja conspiración tras el supuesto asesinato del teórico de la semiótica Roland Barthes, quien murió tras ser atropellado por una camioneta en marzo de 1980.

Binet, dentro de la divertida y descabellada trama, ficcionaliza a personajes de aquella revolución intelectual francesa, incluida desde luego Julia Kristeva, a quien supone como posible espía a favor de los rusos, los cuales están detrás del supuesto asesinato y la conspiración.

La lamentable coincidencia va más allá de ser un dato curioso y algunos observadores del caso sostienen que el señalamiento que la Comisión del Congreso ha hecho sobre la intelectual es tan descabellado como la novela de Binet.

Según el dosier, en 1976, Kristeva escribe una carta ante las oficinas del Gobierno quejándose porque a sus padres se les denegó el permiso para viajar a París a conocer a su nieto.

Un agente de la Seguridad del Estado escribe entonces: “Sabina recurre a las mismas tácticas otra vez, tratando de obtener algo de nosotros sin dar nada a cambio.”

En una entrevista luego de ser dado a conocer el dosier, Kristeva aceptó que conoció a Vladimir Kostov, en los años 1960, pues ambos habían trabajado en un mismo periódico en Bulgaria y que se había encontrado con él varias veces en París entre 1974 y 1975.

Sin embargo, dijo que jamás supo que podría trabajar con la Seguridad del Estado.

Mientras la intelectual alega que más bien ella ha sido víctima y pudo haber sido manipulada y vigilada por la Seguridad del Estado, la Comisión niega haberla acusado de colaborar o ser agente, sino que constata que existe un dosier extenso que la vincula.

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