Los Libros

Diplomacia y cultura

30 años y contando. El Centro Cultural de España en Costa Rica Alexander Jiménez Ensayo Editorial Arlekín 2025

Semanas atrás fui invitado por el Centro Cultural de España (Farolito) a una actividad-ceremonia que, si bien es rutinaria en el ámbito del cuerpo diplomático de cualquier país, tenía para mí ingredientes que me parecieron romper la rutina, por lo que me indujeron a hacer las reflexiones que a continuación comparto. En este caso, se trataba no solo del cambio de director del Centro y la consiguiente recepción del nuevo, sino también de despedir a la señora embajadora; en señal de reconocimiento a su señera labor desplegada en el campo de la cultura, el ministro de Cultura de Costa Rica se hizo presente y le confirió una condecoración. La ocasión fue también aprovechada para presentar una obra por parte de su autor, el profesor de la Universidad de Costa Rica, Alexander Jiménez, doctorado en filosofía en la Universidad de Salamanca; razón por la cual sus vínculos afectivos con España no son ajenos a su cercanía con el mencionado Centro. La obra se titula 30 años y contando. El Centro Cultural de España en Costa Rica (Arlekín, San José, 2025).

Es a propósito de esta obra que deseo hablar de lo que ha representado para la vida cultural de Costa Rica ese Centro, más conocido como El Farolito. Más —o menos— que un libro, desde el punto de vista de su formato, esa obra se asemeja a la edición de un número excepcional de una revista ilustrada publicada con una ocasión especial, en este caso el trigésimo aniversario de la apertura de ese conocido Centro. Más que escrito, ese libro constituye una narración, un tanto nostálgica, pero siempre amena, de lo que ha sido en todos sus aspectos el Farolito. En sus páginas se evocan fechas y efemérides, se mencionan nombres, tanto de figuras y grupos de artistas nacionales de otras nacionalidades, especialmente, por supuesto, provenientes de España, como de funcionarios de la delegación diplomática, cuya labor ha hecho posible toda esa impactante irradiación que, en nuestro prolífico y prometedor, pero aún provinciano medio cultural e intelectual, ha  llevado a cabo ininterrumpidamente el Farolito, convirtiéndose así en el principal Centro Cultural de nuestra ciudad capital, es decir, de nuestro país entero. Para evocar a manera de constatación fáctica lo dicho, no sin ocultar su  admiración, se ilustran los textos con una abundante ilustración de fotografías, tanto de personajes conocidos, como de público anónimo como prueba de la popularidad de la mencionada institución.

De esta manera, se evidencia que El Farolito es la prueba irrefutable y palpable de lo que constituye una política del Estado español, tendiente al desarrollo de los vínculos históricos que ligan a nuestros pueblos hispanoamericanos con la antigua metrópoli colonial. Pero no se trata solamente de evocar el pasado, sino, ante todo, de demostrar de manera fehaciente que la cultura es algo más que una política de partidos, ideologías o gobiernos, sino que es una política de Estado. El pasado sigue vivo, se convierte en presente siempre como fuente inagotable de creatividad, gracias no sólo a nuestra lengua común —lo cual es lo principal—, sino también a las otras manifestaciones de las bellas artes. Prueba de ello es que en el Farolito hay permanentemente exposiciones de las más variadas expresiones de las artes plásticas, tales como presentaciones de conjuntos musicales, danza, teatro, recitales de poesía, tanto de España como de nuestro país. No pocos artistas nacionales deben el inicio de su trayectoria y reconocimiento de sus aportes a la cultura, a las puertas del Farolito siempre abiertas a toda expresión auténtica de la capacidad creativa de nuestros pueblos.

Quisiera enfatizar que nada de esto hubiera sido posible sin una política sostenida del Estado español. Lo cual no debe extrañarnos, pues desde tiempos inmemoriales los vínculos diplomáticos que han ligados a los pueblos han tenido en las expresiones de sus culturas autóctonas uno de sus objetivos fundamentales. Aún antes de la creación de los Estados nacionales y como parte de la configuración de su identidad como nación, los pueblos han creado como forma de superar la guerra y fomentar el entendimiento mutuo, la consolidación de vínculos culturales. La cultura es el alma de los pueblos, lo que el carácter o el temperamento es a los individuos; la cultura nos da un perfil propio como miembros de una comunidad que trasciende los avatares políticos y los resquemores o heridas provocadas por los excesivamente frecuentes enfrentamientos armados. La cultura nos permite penetrar en el alma nacional de los pueblos, crea las condiciones para el intercambio comercial y hace de la diversidad de naciones una hermandad o familia, donde sólo nuestra condición de humanos cuenta.

Todo esto se respira en el Farolito. Por eso, deseo expresar lo que muchos costarricenses, especialmente ligados al mundo cultural, sentimos: una inmensa gratitud a la Embajada del Reino de España y a su personal de ayer y de hoy. Por eso, desde lo más hondo del pecho grito AD MULTOS ANNOS.

Suscríbase al boletín

Ir al contenido