Inmigraciones en Costa Rica: Aspectos sociales y de tránsito.

Migrantes laborales, el desafío y la oportunidad: Una mirada regional

El total de inmigrantes de la región centroamericana podría abarcar a unos 5 millones de personas, cerca del 12% de la población del istmo.

Niño migrante de Centroamérica observa un mapa estadounidense en refugio en McAllen, Texas. Foto: David Bolaños.
  • Diálogos sobre el Bienestar, Segundo Fascículo – FLACSO Costa Rica

En América Central funciona un sistema de migraciones internacionales que es un espacio de conexión de distintos corredores, flujos y territorios. La movilidad se ha intensificado durante las últimas tres décadas, en el contexto de la era de las migraciones globales.

Durante ese periodo pierde peso relativo la inmigración y aumenta la emigración extrarregional, hacia Estados Unidos, principalmente. No obstante ello, también en esta última se combinan nuevas migraciones internas y transfronterizas.

Por ello, el sistema regional se vuelve más heterogéneo e integra a nuevos actores, nuevos escenarios y nuevas tensiones sociales. El total de inmigrantes de la región centroamericana podría abarcar a unos 5 millones de personas, cerca del 12% de la población del istmo.

En el corredor con destino a Estados Unidos, según datos censales de 2011 en ese país, se concentraban unos 3,1 millones de centroamericanos, de los cuales 79% eran trabajadores de 16 años o más. El 38% de las personas trabajadoras eran mujeres.

Dos tercios de ellos eran originarios del mal llamado “triángulo norte”: Guatemala, El Salvador y Honduras (Stoney y Batalova, 2013). Se calcula que aproximadamente un 20% o 25% del total de migrantes —unas 700 mil personas— son intrarregionales.

El notorio fenómeno de la feminización, cambia tanto el contenido como el sentido de las migraciones. De igual modo, la participación de migrantes indígenas es un hecho que reconfiguró las dinámicas de los corredores.

La dimensión y las tensiones interétnicas se transnacionalizaron en la emigración hacia el Norte, pero también sitúan la relación entre territorios indígenas y movilidad en un escenario de tensión y conflicto, debido al recorte de las fronteras nacionales a la ancestral movilidad en algunos corredores: Panamá y Costa Rica, Guatemala – México.

Ajuste Laboral

A partir de los años noventa, junto con el aumento de las diversas formas de desempleo y de la informalidad, la migración operó como un mecanismo de ajuste del mercado laboral, debido a cambios en las economías locales y en los mercados de trabajo.

Ello sin perjuicio de la existencia de otros factores, como los niveles crecientes de violencia social e institucional y del crimen organizado, la violencia de género, la discriminación étnica y, entre otros, los efectos de fenómenos naturales.

Si bien, en no pocos casos la opción de la migración puede formar parte de un proyecto de vida individual y familiar, las migraciones son la expresión de un continuo de causas relacionadas con la exclusión, la opresión y la violencia.

Para muchas familias, migrar hacia otro país representa un proyecto de sobrevivencia. Fotografía: David Bolaños.

México, destino y puente

México también forma parte de ese sistema migratorio regional pues aparte de ser un destino importante de migrantes centroamericanos, es el principal corredor de la mayoría de las personas centroamericanas hacia Estados Unidos.

Por otro lado, representa un espacio de intensa migración temporal y transfronteriza para importantes segmentos de trabajadores temporales y transfronterizos guatemaltecos que laboran en cuatro estados del Sur de México, en actividades agrícolas, de la construcción y los servicios.

México también juega un papel de tapón y filtro de la migración centroamericana a Estados Unidos. Por una parte, la frontera sur de México sirve de contención y control migratorio y fronterizo; pero por otra, la operación en esos territorios de redes del crimen organizado se impone como una barrera, otro muro, que los colectivos migrantes deben sortear con un elevado costo de pérdida de vidas, violaciones y otras vulnerabilidades.

La pintura de un migrante representa las barreras a las que debe enfrentarse en el camino. Fotografía: David Bolaños.

Migración Intrarregional

El 80% del total de los migrantes intrarregionales se ubican en el corredor Sur: Nicaragua – Costa Rica – Panamá. El principal espacio de ese corredor se forma en el binomio Nicaragua – Costa Rica, donde se concentra aproximadamente el 75% del total de migrantes intrarregionales.

También se han formado nuevos corredores desde Nicaragua y desde Honduras hacia El Salvador. Después del 2000, El Salvador ha atraído una suerte de “migraciones de relevo”, pues parte de estos inmigrantes se ubican en lugares que históricamente han sido comunidades de origen de la emigración hacia otros países de la región y a Estados Unidos.

En la franja cafetalera fronteriza entre Honduras y Nicaragua se ha conformado un corredor temporal, constituido por cortadores o recolectores de café desde localidades del norte de Nicaragua.

El corredor hacia Belice atrae principalmente a trabajadores de Guatemala, tanto indígenas como ladinos; pero también en diversos lugares de ese territorio se ubican salvadoreños y hondureños, y nicaragüenses en menores proporciones.

Finalmente, en el corredor entre Panamá y Costa Rica es notable la presencia de trabajadores indígenas temporales dedicados a la recolección del café, pero que de igual modo trabajan en otras industrias como el banano y la piña, que junto a otros grupos experimentan mayores condiciones de vulnerabilidad.

Los corredores intrarregionales forman parte de un mercado de trabajo regional, altamente desregulado, donde se combinan muchas veces la informalidad laboral y la irregularidad de la movilidad; combinación que favorece la sobreexplotación de los trabajadores.

Tanto en los Estados Unidos como al interior de la región, las personas migrantes centroamericanas presentan elevadas tasas de participación laboral que contrastan eso si con condiciones de precarización laboral, exclusión social y pobreza, particularmente cuando se trata de personas en situación migratoria irregular.

Los trabajadores temporales se encuentran bajo condiciones de mayor riesgo migratorio, en especial debido a la ausencia acuerdos entre países de origen y de destino que faciliten el ordenamiento y regularización de la movilidad de forma que se protejan los derechos laborales y condiciones de vida de esas  personas y de sus familias.

Abelardo Morales Sociólogo, comunicador social e internacionalista costarricense. Obtuvo su Maestría en Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Costa Rica y el Doctorado en la Universidad de Utrecht en Holanda. Actualmente es Director del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional y ha sido investigador de FLACSO Costa Rica.


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