Denuncia y decadencia

El libro de Joaquín Soto atrapa al lector. Narra la historia-sufrimiento de Zulema.

Zulema. Cuando la lluvia no cesa

Joaquín Soto

Novela

2017

El libro de Joaquín Soto atrapa al lector. Narra la historia-sufrimiento de Zulema. El dolor escalonado será un pasajero incómodo e inoportuno que acompaña con dolor en cada paso vital, desde muy corta edad.

Entre letras y ficciones, no tan lejanas a la realidad sociocultural, se asoma la niña que juega bajo la sombra turbia del riesgo social. ¿Cómo hace un ser humano para seguir viviendo a pesar de sus circunstancias? ¿Qué ocurre cuando el motor-resiliencia se astilla en el centro de la voluntad?

Poco a poco se ultraja la corta inocencia, desflorada por el incesto y las masculinidades abusivas programadas por el argot del patriarcado hegemónico.

Esta novela se nutre de tonos y ritmos que nacen del plano existencial, síntesis de las contradicciones y sus relaciones. La historia en movimiento emerge desde el fondo y la figura que imprimirá la experiencia dolorosa. La sensación abre el pecho y guarda el dolor conocido en el abismo de tristeza. Mientras tanto, la vida conserva en frágiles y escuálidos frascos las pequeñas alegrías que brotan súbitamente y luego desaparecen con la impaciencia lesiva recurrente. Culebra que se muerde la cola, en una suerte de Uróboros, y entre peripecias muere y resucita en silencio la desesperanza. La pureza del espíritu es capaz de tapar toda gotera, para silenciar el aguacero y nutrir la libertad. La libertad queda a cargo de las cartas de El Loco y La Sacerdotisa como tutores arcanos del orden y el desorden constante. Cuando la rueda es la canción que se repite una y otra vez, el caos emergente al transitar entre las cartas de una baraja difícil de leer, por la densidad y el estruendo de sus tejidos.

El estado de ánimo cava el hoyo en el pecho de la melancolía. Las pérdidas significativas de seres queridos van agrietando el buen humor. Roto el pecho surge el enojo. Penetrante es el enojo, hasta transmutar en IRA; sin saber cómo expresarlo, ni a quién culpar. Zulema se defiende y cae entre las garras de la retroflexión emotiva: la marcha entre autolesiones, relaciones sexuales casuales, ingestas alcohólicas hasta el desmayo, el metal de la cocaína y la balada funk de la marihuana. Las fugas psicológicas y los escapes geográficos despiertan el goce que descubre, reconoce y acomoda, junto a la resaca.

Joaquín colorea la realidad social incómoda con notas de terror y realismo, para quienes navegan en automático y duermen en el idilio de la sociedad contemporánea. Sociedad acomodada y rediseñada al mejor estilo de la New Age, consumida por el egoísmo postindustrial de la respiración centrada en la ficción de la serenidad.

Se denuncia y se revela: ¿Cómo funciona la explotación sexual comercial en los contextos turísticos? Se previene con ojo de halcón la visión catastrófica de lo que serán los delitos del crimen organizado costero. Cuando se pierde la dignidad humana y se cae en las garras de la ilusión y el esteticismo mezclado con la fantasía de un mejor mañana, basado en la acumulación de dinero y en la nueva fe pentecostal de teólogos codiciosos; cuando pastores venden al mejor “postor-diezmo-vulnerable” la idea: “Dios quiere prosperarte, la publicidad de consumo y el poder arremeten con todo, en contra de las defensas psicológicas de una población marginal y vulnerable que traduce su auto valía en valores pecuniarios, con artefactos comprados a paguitos y resaltados como parte de la moda de consumo innecesaria en un centro comercial o en la tienda clandestina del barrio.

Pero no todo apesta y se mantiene eternamente gris. Encontraremos personajes como Enriqueta (una explosión de vida y emoción) y los Gemelos (arquetipos de la racionalidad y la reflexión) que vienen a ser necesarios, como ángeles y maestros del símbolo inevitable para soportar la vida. Ellos se sacrifican; involucionan; padecen el humanismo. Bajan por la escalera. Se transforman al conocer el sabor y el dolor. Es el momento justo, cuando nada tiene sentido y el túnel de la desesperanza aprieta como un enorme grillete que cuelga de la garganta. Es la familia atípica y convexa que se convierte en red de apoyo que alimenta la reflexión y el autoanálisis, con la importancia de lo filosófico, para una mejor lectura de sí misma y de sus circunstancias.

No solo de razón o emoción viven las palabras. Falta el ingrediente espiritual que comprende e integra ambas sustancias. Esto se logrará cuando surge Miguel, con las lecciones de un nuevo Cristo, al estilo del poeta Debravo. Un Cristo accesible a las vivencias y necesidades de la colectividad que se adapta a un nuevo mundo.

Esta historia musicaliza, con lírica existencialista, la naturaleza y sus vicios, como mensajes caníbales que se devoran unos a otros. Es una lectura actual en el contexto histórico inmediato, contexto cultural que juega a ser nefasto, y quiere imponerse como una máquina determinista, casi irrechazable. Pero, levantando el puño de la criticidad, nace el potencial humanista y el destello de lo posible, la vida en libertad, las tomas de decisiones, el propio mundo espiritual, la aceptación, el autocontrol de los afectos, el reconocimiento de la propia responsabilidad existencial. Todos los caminos y escaleras ascienden y bajan por laberintos, días soleados, niebla. La Carta del Sol.

Es hora de la visita del Eremita, de mirar hacia adentro como símbolo de la eterna revisión.

Miguel Ángel Castro Guevara

 


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