Da Vinci y el Renacimiento

Desde el punto de vista de los historiadores de la cultura occidental, el Renacimiento Italiano (siglos XV y XVI) suele ser visto,

Leonardo Da Vinci

Genio del Renacimiento

Luis Racionero

Quarto, ediciones Folio,

Barcelona

2006

Desde el punto de vista de los historiadores de la cultura occidental, el Renacimiento Italiano (siglos XV y XVI) suele ser visto,  no solo como el inicio de una nueva época que puso término a mil años de Edad Media, hegemonizados ideológicamente por la Iglesia Católica y, concretamente, por el papado romano, sino también como una especie de edad de oro de las bellas artes y el humanismo en todas sus más esplendorosas manifestaciones. El (epi)centro de esa refulgente explosión de libre creatividad del genio humano sería la ciudad-estado de Florencia, capital de la Toscana,  sobre todo en la época de Lorenzo el Magnífico (1449-92), de la célebre familia de los Medici. Hay sobradas razones para atribuirle ese incomparable mérito a la no menos  incomparable ciudad de Florencia, reconocida hoy por la Unesco como patrimonio de la humanidad, pues allí nació el patriarca de la literatura italiana y cumbre de la poesía universal: Dante Alighieri,  autor de la Divina comedia, cuya lengua se convirtió en el italiano actual.  Pero igualmente, Florencia ha sido cuna de un sinnúmero de  genios de las ciencias, las artes y los saberes humanísticos. Baste con recordar nombres como Miguel Ángel para corroborar lo dicho.

Ha sido, sin embargo, un nombre concreto el  que simboliza todo el genio desplegado en esa paradigmática época y en esa refulgente región del centro de la Península Itálica.  Quien ha sido, con razón, considerado como modelo y símbolo por excelencia de esa eclosión de los saberes humanísticos es Leonardo Da Vinci. Sobre él se han escrito bibliotecas enteras; se le ha analizado desde todos los puntos de vista imaginables. Por lo que, a primera vista parecería  imposible imaginar siquiera  que hubiese un nuevo enfoque en torno a su personalidad y dentro de su contexto histórico.

Esto no obstante, debo reconocer con mal disimulada euforia y no poca admiración que encontré una obra reciente con un enfoque epistemológico (“objeto formal” diríamos en la filosofía de tradición aristotélica),  concretamente, un ensayo biográfico con un título, nada original aunque muy sugerente: Leonardo Da Vinci – Genio del Renacimiento (Quarto, ediciones Folio S.A., Barcelona, 2006), cuyo autor es el profesor universitario y economista catalán, especialista en urbanismo, Luis Racionero. Como se ve por su trayectoria profesional y se puede colegir de su escrito, es él mismo  un auténtico humanista, en razón de sus conocimientos y de sus gustos personales; por lo que a priori podría colegirse que estaba ampliamente capacitado para  asumir, insisto,  con criterios personales e innovadores esta interesante biografía de un personaje  histórico no menos interesante.

El enfoque de nuestro autor se inspira, como trasfondo filosófico no explícito pero sí permanente,  en la dialéctica materialista, aunque recurriendo a ella como a un método científico y no a manera de un dogma ideológico. Se recurre a ella con entera libertad creadora, cuyo único interés es revelar facetas y aristas del genio renacentista hasta ahora puestas poco o nunca de relieve. Desde este enfoque metodológico, lo primero que corresponde es situar al personaje, objeto de estudio,  en su contexto histórico, de modo que se destaque una relación dialéctica entre el genio individual y las estructuras socio-culturales e  ideológicas, que le permiten a Da Vinci poseer un sólido dominio de las ciencias experimentales inspiradas en la acuciosa  de observación de la naturaleza  más allá de lo logrado por otros genios de la época como Paracelso; lo mismo que en el cálculo matemático, a la luz del cual hace  sus diseños en lo que hoy es el urbanismo; todo expresado en una síntesis que le permite a Racionero configurar una visión universalizante de los valores humanos como manifestación de lo mejor de una época… Eso fue para nuestro autor Leonardo Da Vinci.

Hay, sin embargo, un esfuerzo por lograr unificar este conjunto, un tanto abigarrado, en una visión de conjunto que hace que la multiplicidad de los hechos y datos de información  inspirados en fuentes primarias y comentarios recientes y de reconocida solvencia, se unifiquen en una visión de totalidad que pone de relieve la  intuición genial y más original de Leonardo. El profesor Racionero lo resume en apretada síntesis en estos términos, que trascribo literalmente porque dice más que cualquier comentario: “El método de Leonardo es, pues, un método  generativo, y como todo acto de generación implica dos aspectos: atracción y fusión , es decir, conocimiento y composición. Leonardo quería entender la naturaleza para imitarla; pero imitarla no copiando las formas exteriores, sino reproduciendo sus actos generativos que hacen germinar las obras desde dentro; quería entenderla analizándola e imitarla creando; lo primero es ciencia, lo segundo arte; y ambos, en Leonardo, una y la misma cosa. Unidos indisolublemente, ciencia y arte forman el método de conocimiento generativo, entender para crear, componer conociendo” (pág. 60).

En conclusión, la obra constituye una síntesis bella en su presentación editorial, seria y actualizada  en su contenido pero de agradable lectura, dirigida a un público amplio y culto, pero no especializado.

 

 

 

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