Tinte de caracol, un símbolo de la lucha indígena

Su excelente calidad, firmezay hermosura que recordabalos mejores colores utilizadospor la élite, lo convirtió enun recurso tan apetecible quefue sobreexplotado. Además,enfrentó muchas veces a

Su excelente calidad, firmeza
y hermosura que recordaba
los mejores colores utilizados
por la élite, lo convirtió en
un recurso tan apetecible que
fue sobreexplotado. Además,
enfrentó muchas veces a las
comunidades indígenas con los
poderes locales, regionales y
estatales de Costa Rica.

Los pueblos costeros, pequeñas islas,
isletas y sitios cercanos al litoral Pacífico,
como Boruca, Quepos y Nicoya.
Su historia se encuentra indisolublemente
ligada a la extracción de la perla y la
madreperla, ya que ambas actividades se
efectuaban en los mismos sitios, al mismo
tiempo e inicialmente por indígenas, aunque
después incursionaron en estas labores los
pescadores y buceadores no indígenas.
La profesora e investigadora de la
Escuela de Historia de la Universidad de
Costa Rica (UCR), Dra. Elizet Payne Iglesias,
en su estudio sobre La explotación del
tinte de caracol y la lucha de los indígenas
por su preservación en el Pacífico de
Costa Rica (siglos XVI al XIX), señala que
la explotación de los recursos marinos en
las costas de ambos mares del país se ha
efectuado desde tiempos inmemoriales.
Sin embargo, considera que es un
tema poco conocido por los estudiosos y
por la ciudadanía, y fue hasta hace varias
décadas que los biólogos y los arqueólogos
comenzaron a preocuparse por
conocer la historia de la diversidad marina
en estas regiones, la pesca y la extracción
de algunas especies y sus diversos usos.
Entre las especies utilizadas se encontraban
los moluscos y caracoles como
el Spondylus princeps, el Strombus, la
Pinctada mazatlánica y el caracol de tinte
Plicopurpura pansa.
Agrega que fueron los cronistas, frailes
y conquistadores quienes se dedicaron
a recopilar y describir los numerosos
recursos marinos y terrestres existentes
en América.
No obstante, el impacto de la conquista
y colonización tuvo efectos directos sobre
un sinnúmero de formas de vida y prácticas
de las sociedades nativas. La implantación
del mercantilismo sobre los bienes
producidos por los indígenas y su control
en manos de los españoles alteraron las
formas de uso, producción e intercambio
de los recursos naturales, y bienes como
las perlas, madreperlas y el tinte de caracol
pasaron a formar parte de los artículos
comercializados por los europeos.
Según Payne, en la época colonial las
comunidades de Boruca, Térraba, Pacaca,
Quepos y Nicoya sufrieron los efectos de
la sobreexplotación del caracol, debido a
que la demanda de los hilos teñidos afectó
a la población de caracoles tintóreos y a la
mano de obra indígena.
Objetos tributados
por los indígenas
El uso de las especies marinas en la costa
del Pacífico es milenario entre las antiguas
culturas precolombinas, aseguró la investigadora.
Las conchas y caracoles fueron
objetos de intercambio con los pueblos del
interior, a cambio de oro y otros productos.
En Costa Rica, esta tradición es
revivida por las comunidades indígenas,
especialmente de la zona sur del país.
Hasta la llegada de los españoles, el
teñido de hilo había sido una actividad
sostenible, pues se hacía entre octubre
y marzo, en momentos en que el caracol
no se encontraba en período reproductivo.
Además, su extracción no involucraba
su muerte, sino que se garantizaba su
sobrevivencia al colocarlo nuevamente en
la roca de donde había sido tomado.
Sin embargo, en la época colonial
la obtención del tinte sufrió un cambio
radical, al transformarse los hilos y mantas
teñidas en mercancías muy apetecidas por
las élites locales, regionales y miembros
de la Iglesia.
El mercantilismo que provocó el
consumo de este producto tuvo efectos
directos sobre la explotación de la mano de
obra indígena, pues era obligada a trabajar
largas jornadas en las labores de extracción
y teñido de tinte de caracol, en la pesca
y el buceo de perlas y madreperlas y en
el acarreo de mulas y bienes, a través del
camino hacia Panamá o hacia Nicaragua.
También los indígenas sufrieron castigos
corporales, pues eran azotados si se
negaban a teñir el hilo que se les repartía.
Después de la Independencia y, en
particular, durante el período liberal, se
agudizó la lucha entre las autoridades
locales, el Estado, las comunidades indígenas
y los comerciantes o pescadores
mestizos, y en muchas ocasiones no se
lograron frenar los abusos cometidos
contra los indígenas y, sobre todo, contra
el caracol de tinte, aseguró la historiadora.
Aunque en junio de 1840 el Estado
otorgó el dominio único de explotación
de este recurso a los indígenas y puso
penas a los contraventores, la respuesta
no siempre estuvo a favor de los primeros,
pues cuando las élites del valle central
requerían explotar otros recursos marinos
más rentables, como la madreperla, el
Estado les confería dichos privilegios.
Estos beneficios se extendieron durante
el siglo XIX y las primeras cuatro décadas
del siglo XX.
Por ejemplo, los indígenas de Nicoya
no descansaron en manifestar su desprotección
frente a los pescadores mestizos
y comerciantes del valle central y de Nicaragua
que llegaban a la costa a extraer
el tinte.
La documentación consultada por
Payne en el Archivo Nacional de Costa Rica
muestra que esta comunidad reclamaba
con insistencia su legendaria posesión
sobre el recurso marino y acusaba a los
extraños de exterminar el caracol.
Para la investigadora, la historia del
tinte de caracol revela que su extracción
comercial superó sus capacidades naturales
de reproducción y extracción, lo cual
afectó su existencia.
Asimismo, las numerosas formas de
explotación que pesaban sobre las comunidades
indígenas redujeron su capacidad
para dedicarse a labores de subsistencia,
lo que hizo que estos pueblos heredaran la
pobreza que hoy en día arrastran.


El tinte más firme
del mundo

En el Pacífico costarricense
hay una gran diversidad de
caracoles tintóreos, entre
ellos el Plicopurpura pansa.
Esta especie fue utilizada
desde antaño por los pueblos
indígenas para extraer el
colorante color púrpura, al
cual se le considera el tinte
más firme del mundo, ya que
no requiere fijador. Se fija
solo con el agua salada, sol
y oxígeno.
Este organismo habita entre
Baja California y Perú y tiene
un tamaño promedio de tres
centímetros. Vive adherido
a las rocas a unos pocos
centímetros por encima de la
marea, pues requiere de aire
para vivir.
Su tinte lo expele en
forma defensiva cuando se
encuentra en peligro o es
estimulado para reaccionar en
forma defensiva.
Puede vivir hasta 40 años y
aunque generalmente tiene
miles de crías, solo sobrevive
el 5 % de estas. Se reproduce
en la época lluviosa.


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