Relación entre enfermedad y pobreza se confirma en Costa Rica

La desigualdad y la pobrezavan asociadas a la enfermedad,según investigacionesrealizadas alrededor delmundo. Costa Rica no es laexcepción. Dos economistasrealizaron un estudio parademostrar si esta

La desigualdad y la pobreza van asociadas a la enfermedad, según investigaciones realizadas alrededor del mundo. Costa Rica no es la excepción. Dos economistas realizaron un estudio para demostrar si esta premisa se confirma y cuáles son las enfermedades que más padece la población de todos los estratos socioeconómicos. La investigación fue realizada por el Dr. Juan Rafael Vargas Brenes y el M.Sc. Pablo Slon Montero, especialistas del Posgrado en Economía y Salud de la Universidad de Costa Rica (UCR). Se concluyó en el 2010 y está basada en la Encuesta Nacional  de Salud (ENSA).

Los investigadores demostraron que la hipótesis es correcta en términos de resultados generales, pero descubrieron varios datos que desmienten algunos supuestos que el imaginario nacional y las noticias de los medios de comunicación han reforzado. Uno de ellos es que enfermedades como la hipertensión, el colesterol elevado, el asma y la bronquitis son más frecuentes en la población de clase media y alta (no pobres, como los denomina el estudio) que en la clase baja (pobres).

La Encuesta Nacional de Salud que se usó para este estudio contiene una muestra de 6336 personas de quienes se conoce el ingreso del hogar, lo que permitió hacer las valoraciones socioeconómicas de acuerdo con la línea de pobreza establecida por el Instituto Nacional de Estadística y Censos.

Otros datos reveladores tienen que vercon el uso de los servicios. Por ejemplo, en las zonas rurales las personas no pobres (31,24 %) usan más los servicios de salud que los pobres (28,4 %), mientras que fuera de la región central las personas pobres (39,27 %) acuden más a las consultas de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y los Ebais que los que no lo son (32,9 %). En cuanto a las personas que no están aseguradas, un 13,33 % de las que usan los servicios de salud son pobres y un 6,9 % poseen recursos económicos.

También, el estudio reveló que de la muestra poblacional estudiada las personas pobres que usan los servicios de salud tienen un nivel educativo de primaria o menor, mientras que los no pobres se distribuyen en forma proporcional entre personas con educación primaria, secundaria y universitaria.

La percepción de los servicios también fue analizada y se determinó que las personas de menores ingresos que usan los servicios desconocen más los programas que brinda la CCSS y el Ministerio de Salud, desconfían del médico y perciben que tienen mayores dificultades para obtener cita que las personas de mayores ingresos. Estos califican en mayor proporción que los pobres que los servicios son malos o muy malos y consideran que el centro de salud les queda lejos. No obstante, de las personas que ocupan los servicios porque están enfermas, tanto pobres como no pobres, usan el servicio de salud prácticamente en igual porcentaje (97,11 % y 97,31 %, respectivamente).

Cuando se comparan los tipos de padecimientos que afectan a personas pobres y no pobres se aprecia una diferencia en cantidad de afectadas en: colesterol elevado que afecta más a los no pobres, lo mismo que la hipertensión arterial, el asma o bronquitis crónica, enfermedades mentales y problemas del período menopáusico. Sin embargo, los porcentajes son más altos entre las personas pobres en enfermedades como mala circulación, jaquecas, dolores de cabeza, alergias, artrosis y problemas reumáticos, discapacidad, hernias, diabetes, diarrea, problemas de la próstata, tumores y cáncer y úlceras de estómago. El estudio de Vargas y Slon estableció algunas relaciones entre variables como lugar de residencia y género, edad y nivel educativo y la probabilidad de enfermarse y, por lo tanto, utilizar los servicios de salud.

Dentro de este marco se detectó una  relación directa entre la probabilidad de enfermarse y residir en zonas rurales, ser mujer y ser una persona de mayor edad. Los niños, los adolescentes, los dultos mayores y las mujeres son las personas más proclives a enfermarse y a utilizar los servicios de salud. En términos numéricos, “la mujer tiene 1,97 veces más posibilidades de enfermarse que los hombres, entre mayor sea la edad hay 1,93 veces más posibilidades de enfermar, para el desempleado 1,25 veces más posibilidades de enfermar que alguien empleado. Los que residen en una
vivienda mala tienen 1,27 veces más posibilidades de enfermar, mientras que los pobres 1,13 veces más posibilidades de enfermar que los no pobres, lo cual sirve para confirmar la hipótesis que pobreza y enfermedad están relacionadas”, afirman los autores del estudio. Añaden que si la persona vive en una zona rural tiene 1,07 veces más riesgo de enfermarse que si vive en una zona urbana. Por consiguiente, tiene menos posibilidad de enfermarse quien reside en la región central, lo mismo que quien tiene mayor educación.

Los investigadores recomiendan establecer programas como Avancemos en salud para las personas que no pueden pagar el seguro social, así como adaptar políticas de salud a enfermedades específicas, como por ejemplo la actividad física contra la hipertensión arterial. Asimismo, los economistas Slon y Vargas llaman la atención de las autoridades nacionales en salud para mejorar
los programas relacionados con las mujeres, principalmente las adolescentes y personas de edad avanzada. La encuesta en la que se basó este estudio está disponible en la siguiente dirección del sitio web del Centro Centroamericano de Población (CCP) de la Universidad de Costa Rica: http://ccp.ucr.ac.cr/farmacoeconomia/ensa.html .

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