Lenguas africanas enriquecieron el español americano

Los nombres de varias especies vegetales proceden de lenguas africanas, como el kimbundu, el kikoro y el lingala (fotos con fines ilustrativos, tomada de

Los nombres de varias especies vegetales proceden de lenguas africanas, como el kimbundu, el kikoro y el lingala (fotos con fines ilustrativos, tomada de www.odebrecht.com)

De África vino la marimba, los ritmos musicales que hoy nos identifican como latinos en el mundo y múltiples prácticas religiosas que sobrevivieron a la esclavitud impuesta por los europeos.

Los aportes africanos a la cultura latinoamericano siguen vigentes y se sumaron al patrimonio intangible de la región. No es para menos, cálculos hechos por la Unesco indican que en cuatro siglos cerca de 11 millones de personas fueron secuestrados de África occidental y la mayoría fue enviada al Caribe para realizar labores agrícolas y mineras.

Aunque se ha analizado ampliamente la influencia musical y el sincretismo religioso, en lo referente a los aportes lingüísticos africanos hay pocos estudios.

Por ello, el lingüista Dr. Mario Portilla Chaves, director del Instituto de Investigaciones Lingüísticas de la Universidad de Costa Rica (UCR), se abocó a la tarea de dilucidar el origen de algunas palabras de uso común en el español costarricense, y su vínculo con las lenguas africanas.

Portilla parte del término guaro para demostrar que las contribuciones africanas han sido minimizadas, en parte por el eurocentrismo o una marcada “afrofobia” de parte de otros investigadores.

Algunos lingüistas consideran que son pocas las contribuciones africanas al español. Pero Portilla no comparte ese criterio, ya que dicha consideración contrasta con la población de latinoamericanos con ancestros africanos. En Cuba, en los siglos XVIII y XIX rondaba el 57 % y en Venezuela el 32 %; en el siglo XVIII este porcentaje alcanzaba el 50 % de la población, explicó.

“Uno de los mayores defectos ha sido la falta de rigurosidad metodológica. Es sumamente frecuente −más bien esto ha sido la regla− que se den por aceptados como afronegrismos o africanismos algunos vocablos sin el establecimiento cierto de su etimología”, aseguró Portilla. El investigador cuestionó ambas clasificaciones, porque ninguna refleja la realidad lingüística de África y, por otra parte, evidencian un marcado racismo.

A América vinieron personas de África occidental que hablaban lenguas bantúes, una subfamilia del grupo lingüístico níger-congo, la mayor del mundo con aproximadamente 1400 idiomas. A su llegada, el español se enriqueció con nuevos sonidos.

En Cuba, por ejemplo, se han reconocido unas 200 palabras de origen bantú, usadas principalmente en las prácticas religiosas de la Regla de Palo Monte, y una menor cantidad en el habla coloquial.

En Costa Rica, Miguel Ángel Quesada Pacheco incluyó en su Diccionario Histórico del Español de Costa Rica solamente 18 palabras, como banano, bemba, cachimba, congo, guaro, guineo, malanga, mandinga, marimba, motete, ñampí, quijongo y tufí, entre otros.

Estos préstamos lingüísticos provienen esencialmente del kimbundu, lengua hablada en Angola, y del kikongo, lengua oficial de la República Democrática del Congo.

GUARO A LO CONGOLÉS

Portilla dijo que se han admitido como “africanismos” algunas palabras que en realidad ingresaron al contacto con otras lenguas como la inglesa o portuguesa. Por ejemplo, el vocablo banano primero fue adquirido por esos dos idiomas, luego fue asumido por el español. Sin embargo, su etimología sí se relaciona con la lengua wolof, otra del grupo níger-congo.

El investigador propone la aplicación de principios etimológicos rigurosos para profundizar en este tema. En el caso concreto de la palabra guaro, su uso es extendido en América Central, Colombia y Ecuador. Carlos Gagini argumentó que tiene afinidad con guarapo (un destilado de caña), y posteriormente fue reproducido en obras lexicográficas y el Diccionario de la Real Academia Española. Él lo rescató de un documento de Tomás Acosta, Gobernador de Costa Rica, fechado el 30 de enero de 1798.

Pero la investigación reciente de Portilla refuta a Gagini sobre ese punto en particular. Guaro es una voz kikonga y como esta muchas otras se consideran préstamos para lenguas criollas americanas y variedades del español en América, expresó el lingüista.

Portilla detalló que “guaro proviene de ngwàla, que aparece en el Dictionaire kikongo – français de K. A. Laman, con el significado de ‘alcool, boison alcoolique; eau-de-vie’; es decir, literalmente, ‘alcohol, bebida alcohólica; aguardiente’”, añadió.

Producto de la adaptación de las letras “ng” se convirtió en la sílaba “en”; de ahí que ngwàla se termina pronunciando como enguala, enguale, enguara y enguare, como refirieron descendientes de esclavos congoleses en Cuba en estudios anteriores, para referirse a un tipo de aguardiente. Es muy probable que guaro se introdujo en el español costarricense desde Colombia, donde se usa esta palabra, al igual que en Panamá y Ecuador.

Según Portilla, “es evidente que el significado del término kikongo se corresponde más acertadamente con el de la palabra guaro que el del vocablo guarapo. Por supuesto, quedan por aclarar las discordancias entre las formas ngwàla y guaro, así como su periplo desde el Congo hasta tierras centroamericanas”.

Así como el vocablo guaro es de uso ancestral, muchos otros extienden su raigambre hasta el continente africano, una discusión en la que Portilla sigue contribuyendo.

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