Comunismo sin fantasmas

Por qué soy comunista: una reflexión sobre los nuevos retos de la izquierda

Alberto Garzón

Ensayo

Editorial Península

2017

La primera frase del Manifiesto Comunista, texto al que podría atribuírsele ser la piedra fundamental de la ideología comunista, utiliza la metáfora de un fantasma para referirse a la forma en que sus detractores y enemigos atacan a un movimiento político de los trabajadores que cobra cada vez más fuerza en Europa y América. Más adelante agrega: “Ha llegado el momento de que los comunistas expongan a 1a faz del mundo su manera de ver, sus fines y sus tendencias; que opongan a la leyenda del fantasma del comunismo un manifiesto del partido.”

De tal manera, el economista y diputado español de Izquierda Unida, Alberto Garzón, busca con Por qué soy comunista: una reflexión sobre los nuevos retos de la izquierda dilucidar algunos conceptos relacionados con el marxismo, con la práctica del comunismo como visión y análisis del mundo, y como práctica política.

En su afán por apartar la reflexión de cualquier posición irracional, supersticiosa, abiertamente prejuiciada o mal intencionada, inicia con una explicación histórica del desarrollo del pensamiento de la cultura occidental desde la antigua Grecia. Así, explica el establecimiento y funcionamiento de las corrientes de pensamiento y su aceptación o crítica por las sociedades.

Luego, plantea la relación de las teorías de pensamiento con el desarrollo de la investigación científica, para ubicar, en el siglo XIX, la aparición de las ideas Marx en el debate político de entonces.

De esta forma didáctica y clara, Garzón introduce el marxismo como una teoría científica social y lo aparta de cualquier visión de dogma, condición, ésta última, a la que atribuye buena parte de los errores que se cometieron históricamente a partir de las teorías marxistas.

Sin embargo, lejos de rehuir el término comunista, estigmatizado por la guerra fría en las campanas de resonancia del desarrollo tecnológico de los medios de comunicación masiva en la segunda parte del siglo XX, Garzón retoma el concepto para explicarlo como una forma de organización y propuesta política, más allá del dato histórico y cuya vigencia se sustenta en su capacidad de cuestionar y responder antes las frecuentes y alarmantes crisis del capitalismo en diversas áreas de la sociedad, desde la económica, social o ambiental.

Democracia y comunismo

La guerra fría, entre las grandes potencias económicas capitalistas de Occidente y las comunistas de Europa del Este, la Unión Soviética y China, con las múltiples guerras civiles y luchas insurgentes en diversos países subdesarrollados en todo el planeta, colocó como sistemas antagónicos el capitalismo y el comunismo. Sin embargo, esto se tergiversó, a conveniencia de las partes, para colocarse como capitalismo versus democracia o comunismo versus democracia, según cada uno de los discursos.

Garzón explica, desde la perspectiva de Norberto Bobbio, que el concepto de dictadura del proletariado en Marx responde a la idea antigua de dictadura como “una capacidad temporal que se concedía legalmente a un magistrado para realizar tareas extraordinarias como en ‘una situación de guerra (dictator rei republicae gerundae causa) o el apaciguamiento de una rebelión (dictator seditions sedandae causa)”, por lo tanto se refiere a una forma de oposición a la dictadura de la burguesía.

Garzón sostiene que las propuestas de Marx son esencialmente republicanas, pero la burguesía se apropia del concepto de democracia como democracia liberal, que defiende la libertad del individuo, mientras la democracia de las mayorías se sustenta en la democracia social. La libertad no es una cuestión de voluntad sino de capacidades.

Explica Garzón que “una persona es libre, a la manera liberal, si quiere hacer algo y nadie se lo impide. En cambio, la tradición republicana había puesto el acento en las capacidades positivas para que la voluntad pudiera llevarse a efecto. Por ejemplo, una persona es libre, a la manera republicana, si quiere hacer algo y puede hacerlo porque dispone de los recursos suficientes para ello.”

Para Garzón el comunismo responde a la tradición republicana y a la defensa de los derechos humanos. Las formas represivas y antidemocráticas que surgieron con gobiernos del llamado “socialismo real” fueron tergiversaciones del marxismo.

Al respecto, Garzón señala las críticas a la revolución rusa hechas por la dirigente comunista alemana Rosa Luxemburgo, quien advertía: “la eliminación de la democracia como tal es peor que la enfermedad que se supone que va a curar, pues detiene la única fuente viva de la cual puede surgir el correctivo a todos los males innatos de las instituciones sociales. (…) sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que solo queda la burocracia como elemento activo. (…) –en el fondo, entonces, una camarilla, una dictadura; por cierto, no la dictadura del proletariado, sino la de un grupo de políticos, es decir, una dictadura en el sentido burgués.”

Garzón defiende que el marxismo no es un sistema filosófico cerrado, sino un instrumento para analizar y estudiar la realidad. El mismo Manifiesto Comunista explica que la aplicación de los principios dependerá siempre y en todo caso de las circunstancias históricas existentes.

Tendencias y actualidad

Alberto Garzón es un político marxista y, como tal, es un estudioso. Como joven, le tocó vivir el momento de luchas reivindicativas en España con el movimiento de indignados y tratar de comprender y explicar la crisis económica e institucional de este inicio del siglo XXI.

Su lectura del marxismo lo llevó a la necesidad de volver a los planteamientos del comunismo como una forma de respuesta a la presente crisis del capitalismo.

Según su análisis, las tendencias de izquierda en distintos países se apartaron de las propuestas marxistas al relacionarlas consecuentemente y de forma equivocada con el fracaso del llamado “socialismo real”, pero eso no es más que un error de interpretación.

Al separarse del instrumental marxista de análisis, sobre todo el de clase social, se apartaron de un análisis estructural y se volcaron a luchas reivindicativas puntuales que en algunos casos se han tornado coyunturales y hasta oportunistas, y que se apartan de la posibilidad de una necesaria transformación de la sociedad.

“El comunismo que defiendo, del que me siento parte, es el que reclama que se respeten los derechos humanos. El comunismo es una forma de ver el mundo, unas gafas que te pones, Que dice que la desigualdad no es justa y además es evitable. ¿Qué objetivos políticos tiene un comunista del año 2017? Se resumen en ‘transformar la sociedad para que no esté regida por el principio de la ganancia’ y, en la práctica, en asegurar una educación y sanidad totalmente públicas, la nacionalización de las grandes empresas, como las energéticas, y el derecho a la vivienda y el trabajo garantizados por el Estado. Pero, sobre todo, hay otro imperativo, que es el ecológico: nuestro planeta no aguanta un sistema competitivo como el actual modelo de producción y consumo que representa el capitalismo”, agrega.

“El marxismo no es la llave que abre todas las puertas, sino una luz que nos permite entender mejor la realidad”, explica el diputado comunista.



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