Adriano Corrales Arias, un escritor atrapado entre dos siglos

Adriano Corrales Arias, por edad y producción, pertenece a la generación de escritores que se da a conocer a partir de los años 80.

Adriano Corrales Arias, por edad y producción, pertenece a la generación de escritores que se da a conocer a partir de los años 80. Pertenecen a ella autores tan diversos como Ana Istarú, Juan Antillón, Macarena Barahona, Jorge Arturo, Carlos Cortés, solo para mencionar algunos en una amplia gama de nombres y estilos. Una característica de dicha generación es, según palabras de críticos como Carlos Francisco Monge, Álvaro Quesada y Mónica Perea, la búsqueda incansable de las utopías y la caída estrepitosa de ellas.

Me explico: es una generación que nace con el deseo inconmensurable de la libertad, la autonomía, las igualdades y la solidaridad; pero únicamente pudo ser testigo del paso de una sociedad abrigada por el proteccionismo estatal a una que se mata vorazmente por las reglas autoritarias del mercado. Se propuso muchos sueños (Nicaragua como sinónimo de un país libre de imperialismo) y los vio desvanecerse (fin de la Guerra Fría), pero aún lucha, en este inicio del siglo XXI, en contra de la homogeneización y la inclinación hacia lo superficial.

Ese desencanto se expresa en las producciones literarias que comienzan a proponer textos atrevidos a nivel local y a nivel internacional. La obra artística de Adriano Corrales Arias está inserta dentro de esa amalgama de corrientes literarias y búsquedas personales. En esta oportunidad, se presentan dos textos suyos de géneros diferentes: Rueda de la vida y Lina. El primero, una antología poética, el segundo, una novela corta.

Rueda de la vida es una antología personal de la producción poética de Adriano (de San Martín) Corrales hasta hoy. Es un trabajo con el lenguaje que abarca más de veinte años de elaboración constante y multifacética, en donde priman la nostalgia por el pasado y la búsqueda de una sociedad mejor.

Tranvía negro (1995) es el poemario que inicia la retrospección. Es un texto cargado de soledad y añoranza por la casa materna; un boceto de la naturaleza virgen y llena de peligros. La soledad se siente en el yo lírico con remembranzas de sus estadías en la antigua Unión Soviética y La Habana. Sin embargo,  también presenta ritmo y sensualidad, como  en los poemas “Bocetos de la Habana” y “Diana”. Como se mencionó, hay melancolía por la casa materna. Destaca el recuerdo agradable de la casa de campo, la tortilla, el fogón y, ¡cómo habría de faltar!, las cantinas de pueblo. El mundo rural se echa de menos en el tráfago frío de las ciudades rusas y la algarabía de las sociedades caribeñas.

La suerte del andariego (1999) recupera un símbolo importante de la literatura universal: la figura del andariego, esa persona que sufre calamidades o adversidades sin buscarlas, pero que, al mismo tiempo, es testigo imparcial de lo ocurrido en lugares transitorios. Además, la preocupación del yo lírico por el oficio de escritor, un trabajo incomprensible para muchos, lleno de soledad y de amarguras. Se aprecian, asimismo, reminiscencias del este europeo, así como la presencia de lo rural de la zona norte de nuestro país con ambientes como la majestuosidad del paisaje húmedo y el desamparo de inviernos antediluvianos.

Hacha encendida (2000) es un rompeolas dentro de la nostalgia y el abrazo de la soledad. Muestra al lector un ensimismamiento con el ser amado donde se dan el reconocimiento, la confirmación y el desencuentro. Los poemas presentes en la antología nos dan una ligera muestra de un poemario muy personal y, al  mismo tiempo, tan amplio como el amor.

La antología continúa con Profesión u oficio (2002), donde se identifica el tema de la intertextualidad, es decir, la referencia directa o indirecta a textos literarios anteriores o contemporáneos. Hay referencias a poetas como Joaquín Pasos, Carlos Martínez Rivas, José Coronel Urtecho, Federico García Lorca, Jorge Luis Borges y Juan Gelman. El yo lírico se hace testimonial a través de poemas como “Carta a la esposa”, “Carta a la hija” y “Carta al hijo”.

Caza del poeta (2004) nos plantea el símbolo de la ca(z/s)a: la casa materna y rural se añora; la caza es la del poeta comprometido con la palabra precisa. El verdadero poeta se compromete con el lenguaje, escribe para el lenguaje; es un trabajo asiduo, de acumulación de experiencias y de completa sinceridad. Para el yo lírico, el oficio está fuera de estereotipos y de premios literarios. El texto, además, plantea la sensación del viaje a través de Centroamérica: se expone una América Central abarrotada de injusticias sociales, exuberancias caribeñas y  turismo de masas. El poemario también se ocupa de temas no tratados con anterioridad: la idea de una necesaria Centroamérica unida en busca de su propio destino y la crítica a la maquinaria bélica, así como al sistema económico inhumano, concentrado en las ganancias, no en las personas.

En el poemario Kabanga (2008), la temática predominante es la nostalgia: el pasado fue mejor, el presente no lo puede superar. Hay cabanga en lo urbano (temática novedosa del  libro) y en la producción poética de Costa Rica en la actualidad, por lo que se recurre a la paráfrasis (transformación parcial de un texto) o al dialogismo (diálogo multifacético con otros textos culturales). Tales son los casos de los poemas “Intento de réplica a Carlos Martínez Rivas”, “Oda a los heterónimos de Lisboa” y “Sin usura”, que aluden a los escritores Carlos Martínez Rivas, Fernando Pessoa y Ezra Pound.

Un corolario es  la crítica social que se evidencia en textos como “The house of the rising sun” y “L@s elegid@s de Dios”, los cuales remiten  a la contracultura musical del rock y a un exponente primordial de la poesía centroamericana: Roque Dalton. Por último, se debe destacar que se trabaja abiertamente la temática sexual, se describen diferentes tipos de mujeres, así como las remembranzas juveniles del yo lírico con ellas.

San José varia (2009) plantea varias temáticas que encontraremos en esta selección, una de ellas es la manifestación del enigma poético (Ars poética). Se enfatizan la soledad, el trabajo con el lenguaje y la honestidad del oficio: jamás se debe escribir para agradar a los demás. Algunos ejemplos son los poemas “Ars poética I”, “Ars poética II”, “Ars poética III” y “Ars poética IV”. Otro tópico interesante es la concepción de la patria: la construcción de Costa Rica está en el mestizaje, la naturaleza, la sencillez de nuestros antepasados y la candidez de las personas.

Con el poemario Samsara (2012) nos adentrarnos en las concepciones orientales o hindúes. El término “samsara” remite a la reencarnación constante debido al karma (purificación del alma) hasta conseguir el Nirvana. Esto no impide otros asuntos como la evocación de la América Central sometida por potencias: cruce de culturas en una historia marcada por el dolor. Se presenta, asimismo, la nostalgia por la niñez (Ciudad Quesada, urbe local en lucha contra la globalización) y la pérdida de los ideales juveniles por la mercadotecnia y la ley del más fuerte. Basta referirse a poemas como “Hogar dulce hogar”, Cowboy”, “En San Francisco” y “Frente al lago”.

San Lucas, Ciudad Quesada 2011 y otros poemas (2012) se enfoca en vetas temáticas diferentes, tales como las sensaciones provocadas por la visita a la isla San Lucas, el recuerdo de un compañero de la guerrilla muerto, homenaje a Rogelio Nogueras (poeta cubano), homenaje a María Schneider (protagonista de El último tango en París), reflexiones sobre la poesía y el oficio poético y un elogio interesante a la marihuana, en donde se propone a la planta como una forma de transportarse a otras dimensiones de la mente.

En Diario del amante (2013) Corrales propone un tópico que no había sido abordado con anterioridad: el erotismo, el cual se presenta a través del amor físico (la culminación del acto sexual) y remite al placer compartido a través de diferentes posibilidades: abrazos, besos, caricias, sexo oral, distintas posturas y cierto tipo de dolor morboso como arañazos y mordiscos. No importa dónde ni cómo, lo urgente es la necesidad de amarse y de aplacar el deseo de dos seres que se necesitan para compartir lo más bello de la naturaleza. Por supuesto, ese acercamiento tiene un final; por ende, el propósito fundamental de una relación es disfrutar intensamente de la compañía del otro y entregarse sin pedir nada a cambio.

Por último, el más reciente trabajo poético del autor se titula Todo Tiempo Futuro (2014). Sobresalen en él dos temáticas: la primera es la incomprensión y el asombro del yo lírico cuando regresa a su pueblo natal. Se muestra la transformación de la sencillez, la naturalidad y la belleza hacia al materialismo, la hipocresía, la sociedad machista y  la pérdida de las amistades. Impresiona el recurso del juego de palabras con dichos populares y lugares comunes del idioma español. Algunos ejemplos: “Cada vez que voy a mi pueblo / como por arte se me acaba la magia”. “…y un cantinero cantor explicándome / que este pueblo ahora es una ciudad / por eso me siento orgulloso / ¿me entiende, sea, moderno, cachete, contento…? “¡Alguna vez juré regresar / a este pueblo de… nieblas!” El otro asunto presente en este libro es el surgimiento de la vida en territorio americano, así como un presente lleno de matices y contradicciones. Es el caso del poema largo “La nacencia”.

Lina es una novela corta (95 páginas); es un texto donde el narrador es fiel testigo de su tiempo. David, el protagonista, es un hombre marcado por su pasado y la relación sentimental con dos mujeres: Lucía (quien tiene una hija, Lorna), con quien hace química de inmediato y mantiene relaciones tormentosas a través de los años, y Livia, quien también tiene una hija que supuestamente es de él. La historia de la novela consistirá en la inserción de este nuevo miembro al hogar sui generis de David.

La primera historia, la de Lucía, está contada a través de un narrador protagonista, mientras que la segunda, la de Livia, se nos presenta a través de un narrador omnisciente o por medio de diálogos de los personajes. Se intercalan ambas historias y, al final, como en un montaje de acciones paralelas, se unen. Llama la atención la integración de los diálogos con la voz del narrador o del protagonista, voces que hay que descifrar dentro de la novela. El final abierto deja desasosiego en el lector: la plurisignificación puede motivar varias interpretaciones. Aparte de eso, Lina es una novela amena, fiel estampa de la Costa Rica de inicios de siglo XXI, una sociedad en constante transformación con nuevos paradigmas sobre lo que debe ser el núcleo familiar.

Adriano Corrales Arias es un escritor que define muy bien esa metamorfosis de nuestra sociedad que añora un pasado mejor, pero que debe continuar bregando en un presente lleno de incertidumbres y esperanzas, a pesar de los tirabuzones  de la vida postmoderna y la pérdida de sueños a causa de la mandíbula insaciable del capitalismo neoliberal, ese que proclama: es mejor comerse al prójimo que compartir el trozo de tortilla que nos puede alimentar.


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