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Un dato cruel para madres jóvenes, más ‘ninis’ y otras noticias detrás del 24% de desempleo

Dos de cada tres madres juveniles buscan empleo y no lo encuentran. La cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan aumentó un 26% en un año. El Observatorio Económico y Social analizó la última Encuesta Continua de Empleo (ECE) y muestra que la factura es más pesada para algunos sectores.

La última medición completa del desempleo en Costa Rica mostró que este se duplicó entre 2019 y 2020 al incluir el primer semestre de este año con los efectos de la pandemia de Covid-19 sobre la economía. El dato era ya preocupante, pero el análisis de la Encuesta Continua de Empleo (ECE), con datos hasta junio, resalta realidades que pueden resultar aún más crueles: las de las madres jóvenes y la de jóvenes en general.

El porcentaje de madres jóvenes desempleadas escaló desde 38% a 63% en la comparación interanual. Es decir, no encuentran trabajo dos de cada tres mujeres que tienen hijos y una edad inferior a los 25 años. Parece ser el segmento más golpeado por la escasez de oferta laboral agravada por las restricciones sanitarias aplicadas parea intentar contener los contagios de Covid-19.

“Ha sido cruel”, calificó el economista Greivin Salazar, del Observatorio Económico y Social de la Universidad Nacional (UNA), después de analizar la ECE publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) con datos del segundo semestre de este año.

En ese grupo de madres jóvenes confluyen las dificultades en general de la población juvenil, pues en las menores de 24 años el desempleo es de 57%, nueve puntos más que el total de hombres y mujeres de ese rango etario (48%).

Este dato podría ser aún mayor si no fuera porque también los jóvenes corresponden al 30% de las 235.000 personas que desistieron de seguir buscando trabajo, con lo cual salen de la clasificación técnica de “desempleo” al salir de la “fuerza de trabajo”.

Al comparar las ECE de 2019 y 2020 resalta que el desempleo golpeó con más fuerza a las personas con edades entre los 25 y los 34 años, con 72.170 trabajadores que ahora están en la categoría de “desocupados”, pues siguen buscando opciones.

Mientras tanto, la categoría de “mujeres” en desempleo también sale más alta: pues la tasa general es 30%, 10 puntos superior a la de los hombres.

Un reflejo de ese desempleo femenino y juvenil puede ser el de las empleadas de los hogares, pues casi el 45% de ellas perdieron su trabajo entre junio de 2019 y junio de 2020, la mayor cifra relativa de los sectores laborales en la población. En cifras absolutas, se trata de 63.500 empleos.

Otra cara es de las personas jóvenes que desistieron de buscar empleo, pero que tampoco cursan estudios de secundaria, técnicos ni universitarios. Son los llamados “ninis” (ni trabajan ni estudian) y que aumentaron un 26% o 4,7 puntos porcentuales, pues en 2019 eran un 18,1% del total de jóvenes y para mitad de 2020 aumentaron a 22,8%.

“Puede ser que algunos hayan abandonado los estudios por las brechas en acceso a tecnologías de la información” en el contexto actual de suspensión de lecciones presenciales, señaló el investigador Salazar.

Estos datos recogen la realidad hasta el 30 de junio, por lo que pueden haber experimentado cambios en los últimos tres meses por las reaperturas de algunas actividades económicas o por la dificultad de negocios de sostener su actividad después de ocho meses de alteración del consumo.

Otras noticias derivadas del análisis de la ECE son las siguientes:

  • La reducción de jornadas impactó en aumento del subempleo, como se le llama a la situación de personas que trabajan tiempo parcial y buscan cómo trabajar más horas en la semana (20% de los trabajadores ocupados actuales).
  • El ingreso promedio de los trabajadores ha subido, pero no por buenas razones: obedece a que los que más han perdido el trabajo son personas de baja calificación y que ganaban los salarios más bajos.
  • Por este mismo motivo se redujo la cantidad de trabajadores que ganan menos del salario mínimo. No es que ahora ganen más, es que ahora están en la categoría de desempleados o han salido de la fuerza laboral.
  • De igual manera el porcentaje de trabajadores en la informalidad. Contrario a lo previsto, el trabajo informal no sirvió de refugio para quienes perdieron su trabajo formal y más bien muchos del sector informal perdieron ese ingreso, “Los más afectados eran los que ya estaban en una situación vulnerable”, indicó Salazar.
  • Guanacaste tiene ahora un desempleo de 30% al aumentar 17 puntos desde 2019, con una tasa de presión de 35% (quienes buscan trabajo porque no tienen, porque tienen tiempo parcial o porque quieren cambiar de empleo). En el caso de la provincia, resiente más el golpe sobre el sector turístico, por lo que ahora resulta necesario otro motor que genere empleo, señaló Fernando Rodríguez, también economista de ese Observatorio.
  • Salazar comparó la generación de empleo de los sectores más dinámicos de la economía hasta este año (tecnologías, servicios, finanzas y turismo) con el de los sectores más lentos (manufactura, administración pública y seguridad social, construcción) y apuntó que estos últimos son los que generaban más opciones laborales y más perfiladas hacia las características de los trabajadores desempleados o vulnerables, de nivel educativo bajo y medio. Esto obliga a pensar en una recuperación más lenta del empleo en el futuro cercano, pues además muchas empresas han digitalizado algunas tareas y esperarán a ver el comportamiento del mercado para volver a contratar.
  • “Se debe procurar un equilibrio entre ajuste fiscal y generación de empleo”, llamó la atención Rodríguez, pues recortes fuertes en el sector público pueden significar también pérdidas de puestos laborales o dificultades de recuperación.
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