Román Macaya, embajador en Washington: “Estados Unidos no es solo un Tratado de Libre Comercio”

“No somos una superpotencia financiera o militar; sí somos una gran potencia en derechos humanos, y nuestro mensaje puede llegar a cualquier parte del

“No somos una superpotencia financiera o militar; sí somos una gran potencia en derechos humanos, y nuestro mensaje puede llegar a cualquier parte del mundo”. (Foto: archivo)

El verbo encendido que hace unos años caracterizó a Román Macaya Hayes en su lucha contra el acuerdo comercial con Estados Unidos (Cafta, por su siglas en inglés),  parece ahora apaciguado por el frío de Washington, en donde se desempeña desde el pasado 18 de setiembre como embajador de Costa Rica, un cargo que lo hace tener claro que ese país sigue siendo el principal socio comercial e incluso político de Costa Rica.

La historia del diplomático costarricense está estrechamente vinculada con el país norteamericano, pues él nació (1968), en el estado de Florida; su papá Ernesto trabajaba allí y se casó con la estadounidense, Roberta Hayes.

“No es que Costa Rica dejó de ser atractivo (para inversión), sino que es atractivo para cierto tipo de industrias”. (Foto: archivo)

Además estudió y se graduó en las universidades de California y Pensilvania, en las que se especializó en bioquímica y gestión de sistemas de salud.

En Costa Rica obtuvo notoriedad cuando se discutía la aprobación del Cafta, desde su posición de empresario exportador y como líder de la Cámara de Empresarios Pro-Costa Rica.

Con la llegada de Luis Guillermo Solís a la presidencia del país, le ofreció asumir el despacho en Washington, en sustitución de Muni Figueres, con quien comparte la particularidad de que para poder ocupar el puesto debieron renunciar a su nacionalidad estadounidense.

A continuación se ofrece un extracto de su entrevista con UNIVERSIDAD.

¿Por qué usted es la persona idónea para ocupar la embajada en Washington?

−En una ocasión le pregunté a Luis Guillermo por qué pensó en este servidor y me lo resumió de la siguiente manera: “Necesito a alguien que comprenda íntimamente la idiosincrasia de ambos países, pero que a la hora de la hora, cuando haya que defender el interés nacional, no le tiemble el pulso”.

¿Por qué es tan importante para el país mantener un vínculo estrecho con Estados Unidos?

−Estados Unidos es un país con el cual compartimos valores esenciales desde nuestra fundación, y del desarrollo de la nación, que son valores de democracia y derechos humanos, de libertades personales y colectivas. Eso quiere decir que si bien puede haber momentos en los que no estemos de acuerdo en todos los detalles de la política, en lo esencial compartimos esos valores; eso nos hace vincularnos de una manera natural en muchas cosas. Aparte de eso es un socio comercial importante; puede ser un socio de intercambio cultural, educativo, de tipos de cooperación importantes; estamos en la misma región del mundo.

¿Costa Rica sigue siendo un socio importante para Estados Unidos?

−Somos un país importante por nuestra bandera en derechos humanos, por los valores compartidos; eso nos da un enorme poder simbólico; si bien no somos una superpotencia financiera o militar, sí somos una gran potencia en derechos humanos, y nuestro mensaje  puede llegar a cualquier parte del mundo.

¿Qué temas deben ser atendidos desde Washington?

−Dado mi perfil y donde creo que puedo contribuir en este rol, es en materia de cooperación en salud, educación, y ciencia y tecnología. He estado en muchas reuniones vinculadas a estos temas, y en diferentes aspectos, desde cooperación e intercambio de profesores, en búsqueda de becas o financiamiento de diferentes tipos de proyectos.

También hay temas que surgen…

−Temas coyunturales, como ahora el de los niños no acompañados y migrantes que están llegando a Estados Unidos, y que aunque principalmente vienen de los países del norte de Centroamérica sigue viéndose a la región como un todo y en eso Costa Rica puede  ser un ejemplo de cómo desarrollarse en la zona con pocos recursos económicos, pero que generen una estabilidad que evite esa gran salida de personas, sino que más bien atraigamos personas.

Las relaciones de Costa Rica con Washington en los últimos años se han supeditado al plano comercial. ¿Sería la problemática de la migración de menores uno de los nuevos esfuerzos, y que además le impriman un sello personal a su gestión?

−Mi sello para este cargo es en materia de salud, educación, y ciencia y tecnología; obvio que en todos los temas políticos que surjan estaremos externando la posición del país, que nace de Cancillería o Casa Presidencial. Pero, el tema comercial no se deja de lado; es un tema que siempre va para adelante. En este tema de la migración Costa Rica podría jugar un rol, porque tenemos una perspectiva un tanto similar a la de Estados Unidos: somos un país con una balanza positiva neta y fuerte de inmigración; eso nos da una posición casi única en América Latina.

Este año algunas de las empresas estadounidenses asentadas en Costa Rica han cerrado sus operaciones; se repite esto de que el país ha dejado de ser atractivo para la inversión extranjera. ¿Usted comparte esa apreciación?

−Hay que tener cuidado cuando se dice o insinúa que Costa Rica ha dejado de ser un país cómodo o atractivo para inversión extranjera directa, porque lo sigue siendo, pero ahora hay que ver qué tipo de inversión podemos atraer. Costa Rica hace tiempo dejó de ser un país de bajo costo −desde todo punto de vista−, por lo que tenemos que hacer es buscar aquellas cosas que nos potencian; uno de esos temas son los altos estándares de calidad que hay que cumplir, con regulaciones muy estrictas, tal es el caso de la producción de dispositivos médicos que ha florecido en el país; no por nada el próximo año ese será el principal producto de exportación. Entonces, no es que Costa Rica dejó de ser atractivo, sino que es atractivo para cierto tipo de industrias y ahí es donde hay que sacarles punta a las inversiones.

Pero ahora se pide un perfil laboral más exigente. ¿Genera esto un rezago en la población no preparada?

−Ahí es donde es importante invertir en educación.

Cómex cambió de jerarca. ¿Cómo ve a las nuevas autoridades?

­−Hubo un relevo, como se da en cualquier cambio político de gobierno, y eso es natural; sí puedo decir que hay una mayor coordinación que se está dando entre Cancillería y Comercio Exterior; antes talvez estaban más divorciados.

Cuando se da a conocer su nombre, como nuevo embajador de Costa Rica en Washington, es inevitable pensar en su pasado ligado a la lucha contra el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

−Hay gente que no me conoce, y no tienen porqué; me opuse al Cafta porque pensé que eso tenía más costo que beneficio, pero también porque teníamos una alternativa, que era la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, que no tenía plazo de vencimiento; pero, se decidió vía referéndum que se iba a sustituir la Iniciativa por el Tratado y eso es lo que tenemos hoy, y eso es lo que hay que usar. En ningún momento he sido anti Estados Unidos; para mí ese país no es un TLC, es un país muy diverso.

Siendo precandidato de Acción Ciudadana, usted mencionó en una entrevista con UNIVERSIDAD que de llegar a ser presidente del país podría intentar mejorar el tratado vía protocolo de enmienda. ¿Es eso posible?

−Hay que hacer lecturas de los momentos, y no veo que eso sea posible en este momento, y no es parte de mi misión, no he recibido instrucciones sobre eso; hay que recordar que el embajador no improvisa su agenda; todo esto viene desde Cancillería.

Hay temas en los que su criterio ha cambiado. ¿Influye ahora su nombramiento en la embajada?

−Mi crítica nunca fue a la relación con Estados Unidos, era con el tratado, pero teníamos un contexto diferente al actual. Creo que esa discusión ahora es estéril; lo que se decidió con el referéndum es con lo que tenemos que trabajar.

¿Pero ha cambiado de juicio o reafirma lo dicho en el pasado?

­−Mire, yo no voy a opinar más sobre esto; ya todos saben cuál fue mi rol en el debate con el TLC, donde había un contexto muy diferente y le puedo decir que en las siete semanas que llevo aquí, ese tema no ha salido en ninguna de las reuniones en las que he estado. No es tema.

Reitero: ¿Ha habido un cambio de opinión?

−No voy a opinar; ya lo que tenemos es lo que tenemos, y vamos a trabajar con el Cafta.


 

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