Viraje de diputados fabricistas da al traste con crédito para restaurar el Teatro Nacional

Los legisladores independientes variaron su posición de último momento, a pesar de que apenas el 18 de junio pasado respaldaron la iniciativa en primer debate.

Un viraje de última hora en la posición del bloque independiente Nueva República, los exrestauracionistas afines al excandidato Fabricio Alvarado, dio al traste con el crédito por $31,3 millones para la remodelación estructural del Teatro Nacional, amenazado por al menos siete conatos de incendio en los últimos años.

Los fabricistas cambiaron su decisión de último momento y se sumaron a la fracción de Restauración Nacional, a seis diputados del Partido Unidad Social Cristiana y otras dos diputadas del Partido Liberación Nacional (PLN); cuando ya la mayoría que impulsaba el proyecto se disponía a garantizar la aprobación con los votos justos (suponiendo que contaban con los siete disidentes).

 

La decisión cayó por sorpresa, cuando la independiente Ivonne Acuña realizó su intervención en el Plenario legislativo. Ella se encargó de anunciar que el voto de su bloque variaría y ya no aprobarían el texto, como lo habían hecho apenas el 18 de junio pasado, cuando este se aprobó en primer debate.

Hoy, por el contrario, Acuña dijo que no podía dar su voto favorable porque existían necesidades más importantes: un argumento que semanas atrás defendieron otros legisladores y que los fabricistas pusieron en segundo plano.

“Como ustedes saben, en primer debate, yo voté a favor el empréstito para el Teatro pero, desafortunadamente, hay una realidad que sufren los y las costarricenses que me hace tomar la decisión de votarlo en contra el día de hoy”.

Con esas palabras quedó enterrado el empréstito.

Luego, la excandidata a vicepresidenta añadió que no darían la aprobación a un Ejecutivo que “ha sido un muy mal gerente y un muy mal administrador”, e invitó a replantear de forma integral el proyecto porque, efectivamente,  “el Teatro requiere una intervención”.

“Esto no quita que el Teatro requiera una intervención y de eso estoy totalmente clara, el Teatro necesita una intervención y lo más urgente es la parte eléctrica. Por eso quisiera hacerle una excitativa al Ejecutivo para que, al no tener los votos en esta Asamblea Legislativa, por su mala gestión en estos cinco años para atrás, y por no hacerle frente a las necesidades urgentísimas del país, pueda presentar un proyecto que responda a lo inmediato, a lo urgente, a lo necesario”, puntualizó.

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Las palabras de Acuña dejaron helados a los diputados que sí continuaron apoyando la iniciativa: los oficialistas del Partido Acción Ciudadana (PAC), el Partido Integración Nacional (PIN), el Republicano Social Cristiano (PRSC), el independiente Erick Rodríguez Steller (que abandonó la sesión antes de la votación final), la socialcristiana María Vita Monge y 13 de los 17 legisladores del Partido Liberación Nacional (PLN).

Entre ellos, la reacción más fuerte fue la del oficialismo, cuya diputada Paola Vega sugirió que la posición podía responder más bien a “revanchismos”, “ánimos de venganza”, “animadversiones” y “cobros que se le quieran hacer al Gobierno”.

A las palabras de Vega se sumaron las de su compañero de bancada Enrique Sánchez, quien acusó a los diputados que votaron en contra de “falta de visión, falta de compromiso y falta de querer entender el valor de una infraestructura como el Teatro Nacional (…) basados en mitos, y en un montón de falacias que repiten y repiten sobre el crédito”.

Ambos, además, criticaron la posición de quienes rechazaron el crédito argumentando que existían necesidades mayores, pues, como ocurre con todos los temas, no se trata de asuntos excluyentes sino de necesidades que pueden avanzar en conjunto.

“Es «no queremos el Teatro Nacional», por qué no lo dicen así, «no nos importa que el teatro se queme», por qué no lo dicen así, «no nos importa que en un evento en el que haya miles de personas en el Teatro haya un accidente». Porqué andamos buscando pretextos para justificar que no nos importa la inversión en cultura, son pretextos”, puntualizó Sánchez.

Se hunde el proyecto

Con esta decisión, será imposible realizar la remodelación integral del inmueble más importante de la capital (y símbolo nacional del país).

Para ello, el Teatro Nacional había invertido ya $1,3 millones en diseños y otros estudios de preinversión, estudios que ahora deberán contemplarse como “gastos hundidos”, según las autoridades del Teatro.

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En total, el crédito contemplaba desembolsos por $31,3 millones: $27,7 millones para infraestructura y equipamiento, incluida la construcción del Centro Cultural José Joaquín Vargas Calvo ($8,2 millones); así como $4,6 millones para otras obras, contando la fiscalización , la supervisión y la contingencia de posibles imprevistos.

Según las autoridades del Teatro, estas inversiones debían realizarse de forma conjunta para evitar riesgos asociados a realizar cada parte en etapas y para dejar de pagar alquileres. No obstante, esa visión no caló en un grupo importante de congresistas.

En principio, este grupo era minoritario. Sin embargo, los independientes se sumaron de última hora, bajo el escudo de que existen otras obras más importantes y de que algunos de los gastos serían un desperdicio.

También hubo una corriente minoritaria pero bulliciosa que alegó una disconformidad regional y de las zonas costeras, las cuales, desde su punto de vista, necesitan una mayor inversión que, a diferencia de esta, no se gestiona.

De hecho, en la discusión de primer debate, a mediados de junio, algunos como el restauracionista Melvin Núñez incluso bromearon con la posibiidad de que se quemara el Teatro, “como se han quemado ya muchos edificios”; mientras que otros, como el jefe de esa fracción evangélica, Eduardo Cruickshank, lo dejaron en manos de Dios (declarando que no se quemará).

Un lamento profundo

La decisión de los 21 diputados que votaron en contra  deja golpeado al Teatro Nacional: un edificio de más de 120 años que pide remodelaciones urgentes a gritos y que expone extintores a la salida de cada uno de sus aposentos, casi como una advertencia.

También deja golpeada a su administración, que, hasta este lunes, pensaba que tenía sus votos contados para aprobar la iniciativa.

Ahora, tocará empezar de cero nuevamente, una idea que ni siquiera quería imaginarse la directora Karina Salguero, según comentó en una entrevista con UNIVERSIDAD, semanas atrás.

Pasara lo que pasara, eso sí, Salguero dijo que habría que continuar buscando una solución  “por seguridad humana” y para “salvaguardar el patrimonio”.

“La situación es tan frágil y tan sensible que hay sobrecalentamientos, hay espacios que tienen más riesgo que otros, hay muchísima madera y hay muchísima operación a diferencia de otros espacios patrimoniales”, advertía.

Ese trabajo, señaló el diputado del Frente Amplio, José María Villalta, será a lo que tenga que apuntar ahora el Ejecutivo, que “tendrá que presentar una propuesta para que no se produzca una tragedia que lamentarían nuestros nietos y nuestras nietas, las futuras generaciones”.

Villalta además lanzó un dardo a los fabricistas, de quienes dijo que le sorprendió mucho “su cambio de discurso”.

“Cuando se aprobó esto en primer debate fueron discursos más apasionados, más encendidamente apasionados y convencidos de la importancia de esta inversión, es cierto que solo los ríos no se devuelven, pero ese cambio tan profundo, debo decirlo, me ha sorprendido”, concluyó.


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