Varios mercados se habrán reconfigurado después de la pandemia

Una recesión económica mundial marcará el 2020

Hasta el momento, los organismos multilaterales prevén que la recuperación de las economías ocurrirá en el 2021.

La fuerza inesperada y asoladora de la pandemia de COVID-19 ha puesto en jaque a la economía mundial como la conocíamos y ha dejado “fuera de juego” a los mercados mejor organizados.

El domingo recién pasado, el Banco Mundial dio a conocer su proyección más reciente para Latinoamérica: una recesión a la vista, con una contracción del Producto Interno Bruto (PIB) regional de -4,6% en 2020.

Las líneas aéreas han guardado la gran mayoría de sus aviones por falta de clientes. Algunas compañías no sobrevivirán a la crisis por la pandemia.

Ese freno abrupto a la actividad económica, impuesto por la necesidad de mantener el distanciamiento social para ralentizar el contagio de la pandemia, llevará a que las economías más grandes de la región sufran importantes decrecimientos (-6% en México, -5,2% en Argentina y -5% en Brasil).

Para Costa Rica, la perspectiva es una contracción de -3,3% (-2% en Panamá; -4,3% en Nicaragua; -2,3% en Honduras; -4,3% en El Salvador y -1,8% en Guatemala).

De acuerdo con una discusión virtual de economistas realizada por la calificadora de riesgo Moody´s, los mercados que recibirán el mayor impacto serán los bancos regionales, las aseguradoras en general y las empresas de seguros para el comercio en particular, así como las aerolíneas y las entidades que financian el transporte.

Rodrigo Cubero, presidente del Banco Central de Costa Rica (BCCR), consideró que “industrias como la del transporte público y la aviación deberán ajustarse a lo que posiblemente sea un cambio estructural” (ver la entrevista).

Por ejemplo, según la revista Forbes, a finales de marzo más de 117 aerolíneas ya habían dejado de usar el 90% o más de su capacidad y 167, al menos el 40% de esta. Los viajeros a los Estados Unidos habían disminuido en 87% en comparación con la misma época del año pasado.

El mercado petrolero, por su parte, ya era objeto de conflictos y de una reconfiguración cuando la pandemia de COVID-19 vino a marcarle aún más el paso.

Kristalina Georgieva, directora gerenta del FMI: “Queremos ser optimistas, pero tenemos un margen de incertidumbre importante”. (Foto de streaming)

De acuerdo con la revista especializada Foreign Affairs, a pesar de que el pasado fin de semana los principales países productores de petróleo finalmente pudieron acordar disminuir su producción conjunta en menos de 10 millones de barriles diarios con el fin de sostener el precio, esto difícilmente logrará detener el “panorama devastador” que la pandemia está causando a este mercado.

“Los precios del crudo habían subido un 10% el jueves anterior debido a la esperanza del acuerdo, pero luego cayeron en esa misma magnitud una vez que el mercado comprendió que incluso recortes en la producción de tal magnitud ni siquiera se acercarán a balancear un mercado tan descolocado por el casi cierre completo de la actividad económica en la mayor parte del mundo”, se lee.

Martín Rama, jefe de economistas del Banco Mundial para América Latina, recordó en una conferencia virtual el domingo pasado que este jaque al petróleo afectará de un modo distinto a los países de la región, según sean productores o importadores de petróleo. Por eso mismo, esta materia prima trae malas noticias principalmente para países como México, Brasil y Venezuela.

Sin embargo, en la medida que la pandemia, con todos sus estragos, será pasajera, los pronósticos también prevén una recuperación para el próximo año.

Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), dijo que “no hay duda de que el 2020 será excepcionalmente difícil. Si la pandemia desaparece en la segunda mitad del año –permitiendo un levantamiento gradual de las medidas de contención y de reapertura de las economías– nuestra línea base para una recuperación parcial es en el 2021”.

“Pero de nuevo –enfatizó– planteo aquí una tremenda incertidumbre sobre la perspectiva: podría ser peor dependiendo de muchas variables, incluyendo la duración de la pandemia. Y, crucialmente, todo depende de las acciones de política que tomemos ahora”.

Para Georgieva, la clave de la recuperación está en la magnitud del dinero que están movilizando los Gobiernos para atender las consecuencias tanto sanitarias como económicas de la pandemia, que estimó en $8 billones, cifra que no incluye lo que aportarán organismos multilaterales como el FMI, el G20 y otros.

También Rama consideró que, mientras que el 2020 será “catastrófico”, el 2021 será “bastante mejor”.

“Queremos ser optimistas, pero tenemos un margen de incertidumbre importante. Las medidas financieramente enormes que están tomando las economías avanzadas nos hacen pensar que sus economías van a ser capaces de rebotar en el 2021 y eso favorece a América Latina”, dijo.

En cuanto a la economía costarricense, en su más reciente “Comentario sobre la Economía Nacional para marzo 2020”, emitido el viernes pasado, el BCCR no hizo, todavía, proyecciones sobre la contracción que ya ocurre como consecuencia de COVID-19.

Recordó que “la economía costarricense, antes del impacto de las medidas de contención de la pandemia, mostraba una continuación del proceso de recuperación que se observaba desde mediados de 2019, en un contexto de relativa estabilidad en los macroprecios. No obstante, este proceso se interrumpe de forma abrupta en las últimas tres semanas por el impacto económico del COVID-19”.

Y explicó que, debido a su alto grado de integración comercial y financiera a la economía mundial, la economía nacional “está expuesta a esos efectos económicos globales del coronavirus”.

“En particular, en los meses siguientes, la economía costarricense enfrentará atrasos en la obtención de insumos, una menor demanda externa de nuestros bienes y servicios, una caída en el turismo y los efectos directos e indirectos que las medidas de contención sanitaria puedan tener sobre la demanda interna. Por otra parte, la fuerte caída en los precios del petróleo (y de otras materias primas) favorece los términos de intercambio de Costa Rica y mitiga, parcialmente, el impacto de la menor demanda externa por productos nacionales”, agregó el banco.

El BCCR revisará su Programa Macroeconómico en junio y publicará las nuevas proyecciones en julio, de modo que habrá que esperar por las cifras oficiales para tener una medición de los efectos de la pandemia así como de las expectativas locales del rebote económico.

Por ahora, las proyecciones del Banco Mundial para nuestro país prevén una recuperación del PIB de 3,4% en el 2021 y de 3,9% en el 2022.


Rodrigo Cubero, presidente del BCCR: “Las actividades más vulnerables han sido aquellas vinculadas al turismo (hoteles, restaurantes, alquiler de vehículos y agencias de viajes), las de entretenimiento, el transporte público y algunos segmentos del comercio”. (Foto: Katya Alvarado)

Rodrigo Cubero, presidente:

“Es probable que se dé una recesión mundial”

Afirma que “por ahora, no se está previendo una depresión económica, si por ello entendemos una contracción muy profunda y prolongada en el tiempo (dos años o más) en el nivel de producción e ingreso de un país o varios”.

María Flórez-Estrada Pimentel

maria.florez-estrada@ucr.ac.cr

Rodrigo Cubero, presidente del Banco Central de Costa Rica (BCCR), atendió nuestras consultas sobre los efectos de la pandemia de COVID-19 en la economía mundial, el pasado lunes 6 de abril.

El domingo 11 de abril, el Banco Mundial informó que proyecta una recesión en América Latina. A continuación, las respuestas de Cubero.

¿Los organismos financieros internacionales estiman que se puede llegar a una depresión económica debido a la pandemia del COVID-19? ¿Qué implicaría una depresión? 

–Las medidas de contención sanitaria por el COVID-19 adoptadas por la mayoría de países han afectado negativamente la producción de bienes y servicios, interrumpido las cadenas de suministro y disminuido los ingresos de hogares y empresas, y por ello también la demanda agregada. Los organismos financieros internacionales han señalado que existe muchísima incertidumbre sobre la magnitud y duración de los efectos que la pandemia del COVID-19 va a tener sobre la economía mundial, y no han publicado proyecciones en semanas recientes. (El FMI y el Banco Mundial publicaron sus proyecciones más recientes en enero de este año, y la OCDE a inicios de marzo). Es probable, no obstante, que se dé una recesión mundial.

Por otra parte, por ahora al menos no se está previendo una depresión económica, si por ello entendemos una contracción muy profunda y prolongada en el tiempo (dos años o más) en el nivel de producción e ingreso de un país o varios. Por el contrario, por ahora se prevé una recuperación de la actividad económica en el 2021, aunque existe incertidumbre sobre la fuerza de esa recuperación.

¿Durante cuánto tiempo se estima el peor pronóstico y cuán lenta sería la recuperación posterior? 

–Puesto que se trata de un fenómeno sin precedentes en la historia económica reciente, existe una alta incertidumbre sobre la profundidad y extensión del efecto recesivo de este choque.

Por el momento, es claro que el impacto negativo sobre la economía nacional se extenderá al segundo trimestre de este año y, al menos para las industrias más afectadas, también al tercer trimestre. En línea con lo que prevén los organismos financieros internacionales para la economía mundial, por el momento es previsible que en el 2021 se observe una recuperación en la actividad económica.

¿Cuán fuertes están los mercados de valores para hacer frente a esta crisis? 

–La incertidumbre sobre la duración de las medidas de contención sanitaria y de la extensión y profundidad de sus consecuencias económicas ha aumentado la volatilidad de los mercados financieros internacionales.

Esto se ha manifestado, en particular, en caídas abruptas de los principales índices accionarios y en una creciente preferencia por activos considerados de “refugio”. En el mes de marzo, esta tensión en los mercados financieros internacionales se manifestó en fuertes caídas en el precio del petróleo y en los precios de los bonos de países emergentes. Los de Costa Rica no fueron excepción.

En Costa Rica, el mercado de valores es predominantemente de títulos de deuda, y en particular está dominado por instrumentos emitidos por el Ministerio de Hacienda, que tienen la mayor circulación y liquidez. En la segunda quincena de marzo, ante la tensión en mercados externos, los títulos en moneda extranjera reflejaron esa tensión y empujaron al alza los rendimientos en dólares, lo que generó cierta presión en los mercados bursátiles en dólares. No obstante, esa presión ha bajado levemente en los primeros días de abril. En colones la negociación de valores se mantuvo relativamente estable. En síntesis, hasta el momento se ha visto cierta tensión, pero la respuesta de los mercados locales ha sido la esperada, con ajustes en precios y rendimientos y también en el volumen transado.

El Banco Central, por su parte, en línea con la autorización otorgada al efecto por su junta directiva, en las últimas semanas ha intervenido en mercados de negociación en colones y en dólares con el fin de inyectar liquidez y reducir las tensiones, todo ello en cumplimiento de su objetivo de velar por la estabilidad del sistema financiero.

En lo sucesivo, el Banco Central seguirá utilizando las herramientas que le da la ley, incluyendo la reciente reforma al literal c) del artículo 52 de la Ley Orgánica del BCCR, para participar en los mercados con el fin de mitigar situaciones de tensión y velar de esa forma por la estabilidad financiera.

¿Cuáles sectores o segmentos serían los más vulnerables? 

–Las actividades más vulnerables han sido aquellas vinculadas con el turismo (hoteles, restaurantes, alquiler de vehículos y agencias de viajes), las de entretenimiento, el transporte público y algunos segmentos del comercio. En general, muchos sectores están sufriendo o podrían experimentar una reducción en la demanda interna y externa por sus productos. Por otra parte, algunos sectores han visto o podrían ver un aumento en la demanda, como los relacionados con la producción de alimentos y de artículos de limpieza y, en el caso del comercio, los supermercados y farmacias.

A raíz de esta crisis ¿pueden reconfigurarse ciertos mercados?

–Sin duda esta crisis va a transformar algunos aspectos de la estructura productiva. Por ejemplo, es previsible que el teletrabajo y las reuniones virtuales se vuelvan más prominentes y también las plataformas digitales de comercio y los servicios de entrega a domicilio. Industrias como la del transporte público y la aviación deberán ajustarse a lo que posiblemente sea un cambio estructural.

Costa Rica, el hecho de que el sector turístico esté mayoritariamente compuesto por pymes ¿lo hace más resiliente? 

–Es posible. Este sector enfrenta una caída total en sus ingresos por varios meses. Las respuestas de política económica, como las moratorias de impuestos, readecuaciones de crédito, la reducción de cargas sociales, así como la red de protección social para ayudar con transferencias a los hogares más afectados, podrían aliviar el impacto en su flujo de caja. Aun así, las empresas turísticas van a enfrentar meses difíciles y posiblemente algunas tengan que diversificarse hacia otras actividades, al menos temporalmente.

¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de Costa Rica frente a este panorama? 

–Costa Rica enfrenta esta crisis con claras fortalezas. En primer lugar, su solidez institucional ha permitido una respuesta sanitaria y económica rápida y efectiva. Las autoridades de salud han desplegado políticas efectivas de contención y de atención a los enfermos con COVID-19.

Existe, además, una extendida red de protección social, con identificación y focalización fundada en bases de datos, que permitirá llevar ayuda en forma rápida a muchos hogares golpeados por la crisis. Muchos de esos hogares ya están bancarizados, lo que facilita la canalización de la ayuda.

Desde el punto de vista macroeconómico, también son importantes fortalezas: la estabilidad monetaria, una fuerte posición de reservas internacionales en el Banco Central, una base productiva diversificada en productos y mercados y un sistema financiero suficientemente capitalizado y con tolerancia a escenarios de tensión.

Por otra parte, la pandemia nos toma con algunas debilidades y vulnerabilidades importantes, como el escaso espacio fiscal, un alto nivel de desempleo y un alto endeudamiento de parte de familias y empresas, incluso, en algunos casos, alto endeudamiento en dólares por parte de deudores cuya principal fuente de ingresos es en colones.


 

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