Teletrabajo se instaló con el COVID-19 y piensa quedarse

Ya existía una normativa para regir esta modalidad, sin embargo, la pandemia dejó al descubierto que todavía hay asuntos por resolver para garantizar la productividad, la salud y el equilibrio de las personas trabajadoras.

Costa Rica ya venía dando pasos hacia la posibilidad de que las personas trabajaran desde sus casas unos días por semana, pues se había aprobado una legislación que normaba vagamente esta modalidad, pero el COVID-19 instauró de golpe al trabajo en los hogares sin previo aviso y sin oportunidad de prepararse adecuadamente.

La tarea ha sido fácil o difícil, según las condiciones de cada teletrabajador. Para quienes viven solos o no tienen obligaciones familiares ha sido más sencillo adaptarse; así como para las nuevas generaciones que ven la experiencia como algo positivo.

Hay otras personas que han sentido cómo se les duplican o triplican las tareas durante el día, deben ayudar a los hijos a hacer asignaciones escolares o que reciben clases virtuales; los trabajos del hogar siempre están presentes: cocinar, limpiar, hacer las compras, desinfectar constantemente, y aún así, mantener el ritmo laboral.

Aunado a esto, las personas teletrabajadoras deben garantizar la suficiente cobertura de Internet para llevar a cabo sus labores, habilitar espacios de la casa para ubicar su computadora y materiales y, de ser posible, adquirir equipos y mobiliario.

Lo cierto es que el teletrabajo es una alternativa que pareciera se implantará por tiempo indeterminado y es una opción que a muchas personas y empresas les parece que se podría continuar, incluso después de la pandemia.

Desde esta perspectiva hay una serie de temáticas que se deben tomar en cuenta; por ejemplo, los elementos que deberían incluirse en la legislación para normar con mayor claridad las relaciones laborales en términos de teletrabajo, así como garantizar el bienestar y equilibrio de las personas teletrabajadoras.

Marco Carit logró teletrabajar durante cinco semanas y atender a su hijo, ahora que ya volvió a abrir la guardería ha podido concentrarse más en el trabajo. (Foto: Cortesía).

Una ley que quedó debiendo

De acuerdo con el abogado laboral Manuel Hernández, el teletrabajo ya había llegado antes de la pandemia impulsado por una ley, pero aún le faltaba mucho para implementarse en la normalidad de las relaciones laborales.

“Definitivamente, la pandemia fue la oportunidad de oro… la esperada, para que el teletrabajo se extendiera, se consolidara y se quede para siempre. Ya la Ley estableció una serie de parámetros, que por cierto es bastante omisa y el Ministerio de Trabajo también publicó una normativa”, explicó Hernández.

Coincidente con esta posición, el abogado laboral Mauricio Castro señaló que la normativa existente no contempló las particularidades que ha planteado la pandemia; es decir, miles de personas sometidas a regímenes especiales de contratación, modificación de sus contratos de trabajo y reducción de salarios en ausencia de la aplicación de normas o derechos.

“El Gobierno salió corriendo a generar medidas en términos tributarios y laborales, de manera que se le pasara la factura a la población y a los trabajadores del sector privado, pero no a las empresas ni a la gente que tiene más plata. Las opciones para la gente fueron claras: disminuir las horas de trabajo, bajando el salario; suspender los contratos de trabajo o irse a la casa, siendo trabajadores de la empresa, pero sin que los rija la normativa existente”, detalló Castro.

La normativa existente es muy básica. Establece elementos que son positivos, entre ellos el reconocimiento del teletrabajo como un trabajo asalariado, cubierto por todas las garantías, como seguridad social y riesgos del trabajo.

Además, plantea que los teletrabajadores tienen las mismas funciones de cualquier empleado, pero conectados con el empleador a través de la tecnología; más allá de eso, no es clara en cuanto a los accidentes que se puedan sufrir en la casa. Todavía falta mucho que avanzar en términos normativos.

“No se establece ningún elemento que plantee acciones cuando se dé un incremento en los costos del trabajador, pues pasar de la oficina a la casa implica aumento en la factura de electricidad, contratar Internet con el ancho de banda adecuado y otros que se le recargan en estos momentos al bolsillo del empleado. A mi juicio se debería responsabilizar al empleador de estos costos”, indicó Castro.

Una segunda falencia de esta legislación es la conciliación familiar, pues ha quedado en evidencia que las funciones del teletrabajo pueden interferir, sobre todo en tiempos de pandemia, en la atención de hijos, adultos mayores o personas enfermas. Todo esto genera una tensión adicional.

Algo que se ha venido incorporando en países europeos es el establecimiento de límites sobre lo que los empleadores pueden pedir a sus trabajadores y el momento en que lo deben hacer.

Para Manuel Hernández, este es un tema esencial que debe normarse; pues es una de las más graves omisiones de la legislación.

El derecho a la desconexión –analizó el experto– implica que más allá de la jornada pactada, la persona trabajadora no está obligada a atender ningún requerimiento patronal, por ningún medio o dispositivo electrónico, sea computadora, móvil o teléfono fijo.

“Pero, más allá, debería significar que el patrono tenga la prohibición de conectarse con el trabajador más allá de esos límites de la jornada. Para mí, el derecho a la desconexión implica necesariamente esta prohibición, para evitar que el teletrabajo se convierta en un contrato de esclavitud electrónica”, señaló Hernández.

Desde la perspectiva de Manuel Hernández, la continuidad del teletrabajo deberá estar dirigida a que los teletrabajadores sean trabajadores con derechos y que no se les precaricen sus condiciones laborales, por lo que todas estas falencias deberán ser resueltas.

La nueva realidad laboral que planteó el COVID-19 puso en jaque la aplicación de normas, el compromiso de los trabajadores y la falta de preparación por parte de muchas empresas para lanzarse de lleno al teletrabajo.

Sin embargo, hay compañías que sí toman en cuenta las condiciones de sus trabajadores y se esmeran por llevar adelante esta emergencia de la mejor manera para todos.

Un ejemplo de ello es Intel, que ya contaba con un plan previo de teletrabajo para sus empleados, el cual permitía que lleven a cabo sus labores uno o dos días por semana.

Timothy Scott, gerente de Comunicaciones de Intel, explicó que en tiempos de pandemia han priorizado el plan de teletrabajo y un 85% de sus empleados se encuentra bajo esa modalidad.

Señaló que han facilitado las condiciones a quienes están en sus casas, sabiendo que no todos tenían las condiciones para instalar una oficina en sus domicilios; les permitieron llevarse, durante el tiempo que dure la pandemia, la silla ergonómica, el teclado externo y hasta dos monitores, con la finalidad de que trabajen con mayor comodidad.

“Tenemos herramientas de ergonomía para los teletrabajadores, la cual les exige cada cierto tiempo hacer pausas y ejercicios, porque vamos a pasar mucho tiempo frente al monitor. Además, la forma en que trabajamos ahora podría generar un estrés mental y emocional, por lo que habilitamos seminarios psicológicos, facilitamos clases de ejercicios y brindamos subsidios a algunos empleados con hijos o adultos mayores en casa, para que contrataran a una persona que les diera apoyo en el cuido”, añadió.


Cuando el teletrabajo desborda la salud mental

De un día para otro, la vida cambió. Una gran parte de la gente que salía a trabajar se tuvo que quedar en casa, los niños y jóvenes dejaron de ir a clases, y se incorporó el teletrabajo, las clases virtuales y la desinfección excesiva de todo lo que entra al hogar.

No obstante, las exigencias laborales no mermaron, muchos ni siquiera valoraron si el trabajador tenía computadora en su casa o si era la única que había para que todos se conectaran; si contaba con Internet que le permitiera estar conectado todo el día o que tuviera quien atendiera las necesidades de los hijos y personas dependientes.

Hay un enorme recargo de estas funciones en las mujeres, quienes deben continuar con sus funciones laborales, dando la talla; haciendo el desayuno, el almuerzo, la cena; respondiendo a las videollamadas; garantizando que los niños hagan la tarea o se conecten a las clases; peor aún, en medio de una coyuntura donde el cuido y la salud son el eje central y en una época en la que apenas se comenzaban a dar pasos por compartir los trabajos domésticos.

Aquí entra en juego la salud mental y emocional de quienes teletrabajan. De acuerdo con Vilma Leandro Zúñiga, representante de Colegio de Profesionales en Psicología, todos los factores de la vida de las personas han confluido en un solo espacio, lo cual resulta abrumador.

“Sentir que no se puede con todo produce frustración, cansancio emocional y desgaste psicológico. Hemos visto que esto genera aislamiento emocional, sobre todo si no había de previo redes de apoyo y vínculos sanos y respetuosos en el hogar. En esta época, la gente tiende a aislarse, los niños y adolescentes pasan horas en el cuarto y se habla poco”, detalló la experta.

Leandro enfatizó que se han reportado muchos síntomas físicos en las personas teletrabajadoras, que incluye insomnio, dificultades en el manejo de los alimentos, muchos ataques de ansiedad y mayor tendencia a las adicciones, con lo que se ha disparado el consumo de licor o tranquilizantes. Todo esto habla de una afectación seria de la salud mental, un síndrome denominado como “estar quemado por el trabajo”.

También hay estudios que hablan de la afectación fisiológica que están sufriendo los teletrabajadores, debido a la exposición permanente a las pantallas; además, hay una mayor irritabilidad, la gente se enoja con más rapidez y la gente pierde habilidades sociales, cuyo resultado afecta la resolución de conflictos.

“Otro elemento es las pérdidas que están teniendo los trabajadores; se perdieron los espacios laborales, las dinámicas, la gente se encuentra, conversa y comparte con sus compañeros. Estamos ante una situación de duelo por la pérdida de la vida anterior, por no saber qué va a pasar y todas las cosas pequeñas de la normalidad que teníamos; esto incide en la productividad y las cargas emocionales de las personas”, concluyó.


Teletrabajadores y su experiencia

“Las primeras 5 semanas fueron difíciles”

Para Marco Carit, las primeras semanas de teletrabajo en medio de la pandemia fueron muy complicadas. Una semana antes de la declaración de las medidas de contención ya se había instalado en casa, pues su hijo de tres años se enfermó y solicitó el beneficio que brindaba Intel para cuidarlo y trabajar desde su hogar.

“Las primeras cinco semanas fueron difíciles, mi esposa es doctora y ella debía ir a trabajar. Inicialmente yo tenía solo mi laptop y me sentaba en la mesa de la cocina, pero al poco tiempo me di cuenta de que debía apartar un espacio en la casa, adquirir un escritorio y acomodarme mejor”.

Se despertaba a las cinco de la mañana y a las seis se conectaba a trabajar, porque alrededor de las siete se levantaba su hijo. Ahora tocaba hacer desayuno para ambos y se veía obligado a dejarlo viendo televisión gran parte del día.

Cerca de las cuatro de la tarde, cuando llegaba su esposa, trabajaba más intensamente y podía quedarse conectado hasta las 9 de la noche para reponer los tiempos. Ahora que ya abrieron la guardería y puede dedicar el tiempo a trabajar, solicitó a la empresa el préstamo de la silla ergonómica y el equipo de trabajo;la experiencia ha mejorado, pues los días son más productivos.

“Al final ha sido una buena experiencia, que me ha permitido ahorrarme horas de mi vida que pasaba en presas”.

“El teletrabajo ha sido fácil para mí”

Mayra Palencia trabaja en el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y su experiencia ha sido muy positiva. En la Institución ya venían implementando el teletrabajo una vez por semana y al ubicarse en el área de sistemas, el puesto es idóneo para esta modalidad.

“Para mí fue fácil porque ya teníamos implementados los sistemas, el Internet, el equipo y acceso a plataformas para video y teleconferencias. El único problema es que la silla que tenía en la oficina es ergonómica, pues tengo problemas en la espalda y en la casa no; ahí sí he visto mi salud un poco afectada y he tenido que hacer ejercicios e ir al fisioterapeuta”.

Mayra Palencia sí extraña el compartir con sus compañeros de la oficina, los almuerzos y la cercanía para resolver cualquier situación que se presente, pues prefiere la interacción personal que estar enviando mensajes por celular.

“Hacemos reuniones virtuales para compartir”

Es la primera vez que Sergio Urbina teletrabaja, porque es diseñador gráfico y necesita un equipo especial para realizar sus funciones. Al darse la situación de la pandemia en su trabajo les indicaron que les rebajarían en un 15% la jornada laboral y, por ende, el salario; además que deberían trabajar desde casa.

Le tocó adecuar un espacio en su casa, pedir permiso para llevarse el equipo para diseñar y consiguió silla y mobiliario para instalarse. Su esposa también teletrabaja, por lo que han tenido que acomodarse.

“Practico pausas activas cada vez que puedo, a media mañana y por las tardes. Pero realmente ha sido fácil adaptarse en la parte laboral, porque tenemos plataformas, chats internos y sistemas que nos permiten tener una comunicación eficiente. El tiempo es más eficiente, aunque siempre se extraña la interacción con los compañeros, los almuerzos compartidos; pero hacemos reuniones virtuales para compartir”.

“Ha sido cansado, pero es una oportunidad para estar con mis hijos”

Cory Zamora ya había experimentado la experiencia de teletrabajar antes de la pandemia una o dos veces por semana, le resultaba muy positivo porque le permitía concentrarse mejor en los proyectos que desempeñaba.

El asunto es que tiene dos hijos, el mayor tiene tres años y el menor tiene una debilidad en los bronquios, por lo tanto, con la pandemia tuvo que reducir el círculo de contacto de su familia, la guardería cerró y la señora que le ayudaba dejó de trabajar.

“En el trabajo nos exigen tener un horario de 8 a 4:30, pero cómo hacerlo cuando se tienen dos niños pequeños; las dos primeras semanas fueron de mucho estrés y nos contactaban fuera de turno. Los niños resintieron mucho el cambio, por lo que mi pareja y yo decidimos hacer dos roles de trabajo, de manera que quien no está trabajando se encarga de la casa y los niños”.

Esta estrategia funcionó. Aunque ha sido muy cansado y difícil, considera que es una oportunidad para estar con sus hijos, ahorrar tiempo en desplazamiento y no perder tiempo en interrupciones; además, tiene la ventaja de que su equipo de trabajo mantiene una comunicación fluida.

“Somos más en la casa, hay que organizarse”

Marisol Zamora trabaja en estos tiempos al lado de su esposo, su mamá, su hija de 15 años y su hijo de 6 años. El menor de ellos debe conectarse tres veces por semana a recibir lecciones y tiene en un solo lugar muchas responsabilidades que cumplir al mismo tiempo.

“Es un poco más cansado, es como hacer un doble o triple esfuerzo para realizar el trabajo, hay que saberse organizar y tener más orden. A las 7 de la mañana ya tengo que estar conectada y estar disponible para lo que se requieran en mi jornada. Tuve que innovar y ajustar un espacio para la oficina, comprarme una computadora y una impresora”.

Asegura que gana tiempo por no tener que desplazarse y está más al tanto de sus hijos y de la vida familiar, que al principio era cansado, pero se ha logrado adaptar.



Logre teletrabajar sanamente

Para lograr un equilibrio entre el teletrabajo y su vida personal tome en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Revise su estrategia de organización y planificación del trabajo.
  • Redefina horarios.
  • Establezca límites hacia los demás.
  • Separe espacios y respete sus propios tiempos.
  • Pida ayuda y ofrézcala.
  • Procure hacer actividad física.
  • Piense que su trabajo es esencial para la sociedad

Fuente: Vilma Leandro Zúñiga, representante de Colegio de Profesionales en Psicología


 

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