País

Tarifas eléctricas de Costa Rica son competitivas, pero deben matizarse al plantear reformas al sistema

Experiencias de América y Europa ilustran la necesidad de poner en el centro de los debates la seguridad energética.

Es uno de los debates de corriente más intensa en las reformas al sector eléctrico del país, con posiciones contrapuestas. Empero, hay elementos que sugieren que el tema de las tarifas eléctricas debe matizarse, para incluir otros aspectos en la definición de las prioridades para el desarrollo nacional, que van desde la seguridad a la continuidad de los servicios.

En la Comisión legislativa de Energía, desfilaron dos posturas antagónicas: el 8 de setiembre, los representantes de la Cámara de Industrias solicitaron tarifas más competitivas. Alegaron que, desde hace años, los precios del país no tienen esa condición, e ilustraron que, en el 2020, Costa Rica cerró con tarifas 24% más caras que en América Latina, 39% más caras que Europa y 91% más caras que Estados Unidos.

Este enfoque fue refutado el 22 de setiembre por la Cámara de Empresas de Distribución de Energía y Telecomunicaciones (CEDET), cuyos representantes manifestaron que las tarifas del país son competitivas. Incluso Allan Benavides, presidente de CEDET, aseguró que en su experiencia los extranjeros no se fijan en la tarifa “que de por sí es barata”, sino en factores como que la energía sea constante, sin apagones y de calidad.

Una revisión rápida por la situación de las tarifas en América Latina sugiere que los precios de Costa Rica no están entre los más altos de la zona, tanto en sus aspectos industrial, residencial y comercial. También la comparación con los precios en Europa muestra una situación favorable (ver gráficos).

Sin embargo, el expresidente ejecutivo del ICE Pablo Cob advierte contra la tentación de enfocarse en exceso en los precios. Debe recordarse que cada país tiene diferentes esquemas de subsidios, impuestos y cálculos, lo que dificulta una comparación homogénea. El mismo caso de Europa, influenciado en este momento por la crisis del gas natural, generada por la guerra entre Rusia y Ucrania (Rusia llega a representar hasta un 40% de los envíos a países europeos), lo ilustra: las fotografías no suelen ser similares en períodos de tiempo diferentes.

“Yo creo que las tarifas eléctricas de Costa Rica son competitivas, el debate de las reformas no debe centrarse tanto en los precios, sino en otros factores como continuidad del servicio, capacidad de respuesta del sistema”, manifestó Cob.

Precisamente, la industria enfrenta diferentes polémicas, por interrupciones que van en aumento incluso en países desarrollados como Estados Unidos (ver recuadro: “Los apagones se encienden”).

En el país, el tema de las tarifas trasciende los enfoques de diferentes sectores. Debe recordarse que la reducción de las tarifas fue una de las promesas del presidente Rodrigo Chaves, lo que motivó una reducción del modelo.

Sobre este tema se quiso consultar tanto al ICE como a la Aresep, pero no fue posible obtener la respuesta. Empero, es conveniente recordar que justamente en estos días, el ICE anunció la reducción de un 30% en el costo de la generación para el último trimestre, gracias a la colocación de exportaciones de electricidad en el mercado regional, lo que permitirá una rebaja en las tarifas durante esos tres meses, que va de un 18% a un 1%, dependiendo del distribuidor.

Señal de que el debate, lejos de reducir su intensidad, podría aumentarla en corto plazo.


Los apagones se encienden

No se trata de un problema relacionado con el subdesarrollo: los apagones en los Estados Unidos aumentaron un 64% en la última década, según un reporte de Climate Central, organización sin fines de lucro.

El clima cada vez más impetuoso ha provocado más de 1.500 cortes de energía desde el 2000, principalmente, en Texas y en Michigan. Y, en California, la autoridad supervisora del servicio eléctrico alertó en setiembre de este 2022 de posibles cortes en los siguientes meses. Incluso se recomendó a propietarios de autos eléctricos abstenerse de cargar sus vehículos, como parte de la campaña de reducción del consumo.

Aun en Texas se ha presentado debates sobre la necesidad de una mayor regulación, en un mercado en el que se ha permitido que las empresas estatales se autorregulen, según comentó Morris Greenberg, analista de mercados de electricidad en S&P Global Platts Analytics, quien opinó que era necesaria una mayor planificación.

No obstante, en América Latina el tema de los apagones tampoco es extraño. En enero de este 2022, 700.000 personas en Argentina se quedaron sin energía en un caluroso día, con termómetros que marcaban hasta 41,1 grados. Se estima que México, Argentina y Venezuela son los países en los que los consumidores se están viendo más afectados por los cortes en la actualidad.

En esta región, informes del Banco Mundial indican que parte del problema se origina en una infraestructura eléctrica que es insuficiente para sostener la demanda, que está en aumento por el crecimiento demográfico y los cambios en el clima. Estimaciones de la CEPAL, por su parte, apuntan a que en la última década el consumo creció en un 30%.


 

La alerta de Europa

Europa ha sido un ejemplo de los problemas que pueden surgir en los países que dependen de factores externos para mantener sus servicios de electricidad.

En el 2022, Rusia decidió detener los suministros de gas natural a varios de los países de la Unión Europea, en el marco de los conflictos provocados tras su invasión a Ucrania.

Eso se complicó con las duras condiciones climáticas, olas de calor que impulsan un aumento en el uso de servicio de refrigeración. A su vez, se presentó un aumento de demanda de gas natural en Asía, en el contexto de una recuperación económica.

Para agosto, los precios de la electricidad alcanzaron niveles récord en Alemania y Francia, mientras varios Gobiernos, como en el Reino Unido y Suiza, empezaron a valorar medidas de apagones y racionamientos.

La amenaza motivó una reunión de emergencia de los ministros de Energía de la Unión Europea el 9 de setiembre, en la que se barajaron tanto medidas de emergencia, como reformas estructurales en los mercados eléctricos de largo plazo, en las que se están revalorizando fuentes de energía tan contaminantes como el carbón o tan riesgosas como la nuclear. Pero el primer objetivo es reducir la demanda en al menos un 15%, para desconectar la amenaza de cortes y racionamientos para un horizonte tan cercano como 2023.


 

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