“Sobre todo cayeron los ingresos de las mujeres”

Las mujeres que laboran en el sector público perdieron 0,4% de su ingreso promedio mensual, mientras que el de los hombres se incrementó un 9,6%.

La coordinadora del Observatorio del Desarrollo Económico y Social de la UNA, Roxana Morales, detalló algunos de los resultados del 2018.

¿A qué atribuye la caída en el ingreso promedio mensual en la mayoría de categorías y sectores y cómo puede remediarse?

-Según los datos de la Encuesta Continua de Empleo, en el cuarto trimestre de 2018 el Ingreso mensual promedio en el empleo principal se redujo un 4,6%, lo que equivale a ¢21.538 por mes.

Esta reducción esta explicada en mayor medida por la caída en el ingreso promedio entre las mujeres (-11%) (¢50 mil menos por mes).

Entre los hombres apenas se redujo un 0,6% (¢2.851 menos por mes). Por rama de actividad económica, la mayor caída se presentó en: Industria Manufacturera (-12.4%), en Hogares como empleadores (-11.5%) y en Hoteles y Restaurantes (-9%).


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El ingreso promedio mensual cayó para todos los niveles y ocupaciones


Por grupo ocupacional se redujo en totas las categorías. Ocupación calificada Alta: -3,5%, Ocupación calificada Media: -7,4%, Ocupación calificada no calificada: -1,6%.

Como se observa, la mayor caída se presentó en las actividades de calificación media, resultado congruente con las ramas de actividad en las que más se redujo el ingreso promedio mensual de los trabajadores.

Al desagregar esta información por sexo, encontramos que entre las mujeres cayó el ingreso promedio en estas tres categorías (-11%, -11,8% y -12,9%, respectivamente), mientras que entre los hombres solo los de calificación media (-4,7%), los ocupados en calificación alta aumentaron su ingreso en 2,7% y los de calificación baja en 4,6%.

Por posición en el empleo principal, también hay una caída en el ingreso promedio de todas las categorías. Asalariados: -3,4%, Cuenta propia: -4,5% y Empleadores: -13,6%, siendo estos últimos los más afectados -como promedio nacional-. Si desagregamos esta información por sexo, se obtienen resultados diferentes para las mujeres ya que son las asalariadas las más afectadas (Asalariadas: -9,2%, Cuenta propia: -8,7%, Empleadora: 6,8%).

Entre los hombres solo cayeron los ingresos promedio de los empleadores (-14,5%), los asalariados aumentaron su ingreso en 0,5% y los trabajadores por cuenta propia en 0,7%.

Finalmente, la caída en el ingreso promedio -a nivel nacional- se presentó únicamente en el sector privado (-6,7%), en el sector público más bien se incrementó en 4,5%.

Si desagregamos esta información por sexo nuevamente se obtienen resultados diferenciados y que afectan más a ellas.

Las mujeres que laboran en el sector público vieron reducido su ingreso promedio mensual en 0,4%, mientras que para los hombres más bien se incrementó un 9,6%.

En el sector privado, las mujeres vieron reducido su ingreso promedio mensual en un 11,4% (¢37 mil), mientras que los hombres solo en un 3,3% (¢13 mil)

Como conclusión, se puede señalar que la caída en los ingresos en el último año está mayoritariamente explicada por la reducción en los ingresos promedio de las mujeres, particularmente de las ocupadas asalariadas y cuentapropistas, las que laboran en el sector privado y en actividades como “enseñanza y salud”, “hogares como empleadores”, “intermediación financiera y de seguros”, “construcción” y “comercio y reparación”.

¿Qué explicaría que ocurrieran estas caídas de un modo acentuado para las mujeres?

-Esta caída en los ingresos promedio podría estar explicada por: el aumento de la informalidad (particularmente entre las mujeres), el aumento en el subempleo entre las mujeres (entre los hombres prácticamente no varió), la reducción de cerca de ¢111 mil en el ingreso promedio mensual de las mujeres que laboran en calificación alta (como los salarios son mayores en las actividades de calificación alta y, además, el 23,5% de las mujeres ocupadas realizan actividades con este nivel de calificación, una reducción importante en su ingreso, reduce el ingreso promedio del total de las mujeres ocupadas).

La economía ha tenido dificultades para crear empleos y muchos de los que se han creado son informales y con bajos niveles de ingreso, lo que afecta sin duda el ingreso promedio de las personas trabajadoras.

¿El problema de la creciente informalidad laboral debe llevar a repensar los sistemas de aseguramiento tradicionales?

-Efectivamente, las nuevas formas de empleo (autoempleo) y los altos costos de aseguramiento, podrían estar incidiendo en que un menor porcentaje de población ocupada esté cotizando para la seguridad social.

Esto no solo tiene consecuencias negativas sobre las personas (acceso a seguro de salud y más adelante al seguro de pensiones), sino también sobre gasto público, ya que posiblemente esta población no tendrá ingresos propios o ahorros para hacer frente a la vejez y, por tanto, generará más presiones sobre los sistemas de seguridad social en el futuro.

Me refiero a que cuando una persona decide afiliarse al seguro de salud y de pensiones, se establece un ingreso promedio fijo mensual sobre el cual debe pagar la respectiva cuota; no obstante, muchas veces, ese ingreso mínimo reportado no coincide con la realidad (los ingresos de los trabajadores independientes son bastante bajos e inestables).

Esta situación hace que muchas personas prefieran mantenerse en la informalidad por el temor de que en algún mes no les alcance sus ingresos ni siquiera para pagar la cuota a la seguridad social.

¿A qué atribuye la disminución de los “ninis”?

-Los jóvenes son aquellos que tienen entre 15 y 24 años. En el último año esta población se redujo en 16.657 personas.

La cantidad de jóvenes ocupados se incrementó en 21 mil (poco más de la mitad son universitarios con o sin título) y la cantidad de jóvenes desempleados en 44 mil.

Los jóvenes que no trabajan ni estudian rondan los 150 mil (84 mil mujeres y 66 mil hombres), y en el último año se redujo en 43 mil (mayor reducción entre las mujeres: 26 mil mujeres menos catalogadas como “ninis”).

Esta reducción en los “ninis” podría estar explicada por el incremento en la cantidad de jóvenes que estudia, que pasó del 55,8% en el IV trimestre de 2017 a 58,5% en el IV trimestre de 2018.

En términos absolutos, en el último año hay 12.967 jóvenes más estudiando.

Además, esta reducción en los “ninis” podría estar respondiendo al incremento en la tasa neta de participación juvenil –personas en edad de trabajar que buscan empleo- (pasó del 40,3% al 49,2% en el último año) y en la tasa de ocupación –personas en edad de trabajar que consiguieron empleo- (pasó del 30,4% al 33,6%).


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