Sistemas de filtración de arsénico en Bagaces podrían empeorar contaminación

Análisis realizados por científica del TEC, en conjunto con investigadores estadounidenses, revelaron contaminación del peligroso químico en áreas aledañas a los filtros del AyA.

Bagaces, Guanacaste. Vecinos de varias localidades de Bagaces reportan que agua blancuzca, producto de la filtración de arsénico, antes se derramaba por los alrededores, pero ahora se canaliza a través de entubaciones que simplemente la arrojan a la vía pública.

Desde el pasado 21 de mayo, la toxicóloga Virginia Montero, del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), informó que, a partir de un estudio realizado con científicos de la Universidad Tecnológica de Texas, se encontraron rastros de arsénico en un muestreo de suelos en las zonas aledañas a los sistemas de filtración de ese elemento químico que administra el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) en el cantón de Bagaces.

En una carta fechada ese día, la doctora en Gestión Ambiental se dirigió al director del Hospital de Liberia para “informar a las autoridades correspondientes: Caja Costarricense Seguro Social, AYA, Ministerio de Salud, Departamento Ambiental de las Municipalidades de Cañas y Bagaces del problema existente con el arsénico desechado, máxime que dicho metal es un potente nefrotóxico”. Este último es un término que se refiere a las sustancias tóxicas para los riñones.

Ese documento hizo constar que “hay preocupación por parte de la comunidad también acerca de la redistribución del arsénico al medio ambiente a través de procesos de transporte físico y químico, y lo que se pretende con esta carta es que AyA haga una remoción responsable de estos desechos de los sitios contaminados”.

La malla que protege la planta de remoción de arsénico del AyA, en San Martín de Bagaces, muestra residuos de la filtración del químico. (Foto: Miriet Ábrego).

El tema es de gravedad, pues Bagaces es uno de varios cantones guanacastecos que presentan una alta incidencia de enfermedad renal crónica no tradicional. Este padecimiento ha afectado a trabajadores del agro, pero también a menores de edad y personas que se dedican a otras actividades. Destaca como uno de los elementos causantes es la presencia de arsénico en el agua.

En una visita a las tres localidades del cantón de Bagaces donde el AyA tiene filtros de arsénico, San Martín, Montenegro y Quintas don Miguel, UNIVERSIDAD comprobó que esa preocupación se mantiene y que los esfuerzos de la institución por mejorar la situación han sido pocos.

La investigación se dio en el marco del proyecto “Evaluación de factores clínicos, genotóxicos y epigenéticos para el establecimiento de relaciones causales de la Nefropatía Mesoamericana (NM) en niños costarricenses”. Esta investigación, dirigida por la CCSS y el TEC, apenas se ha desarrollado en una etapa inicial, en la que se analizan suelos sobre el contenido de metales pesados para correlacionarlos con el problema de insuficiencia renal crónica que sufren principalmente las poblaciones de Cañas y Bagaces.

El documento señala que existe arsénico dentro de los desechos de filtros de agua que se quitan de los sistemas de tratamiento, “los cuales están siendo dejados en los suelos cerca de casas residenciales, fincas de agricultura y canales de agua de riego agrícola”.

Además, apunta que se encontró que las concentraciones de arsénico, que fueron medidas en esos sitios, alcanzaron niveles de hasta 600 partes por millón (ppm) de arsénico; mientras que en el caso de Cañas es de 9 ppm (nueve partes por millón).

“Actualmente, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) ha emitido una directriz que dice que cuando los suelos tienen el peligro potencial de que puedan ser ingeridos por la población, el máximo contenido de arsénico debe de ser de 0,39 ppm”. También indica que “debido a la alta cantidad de viento en estas zonas se ha considerado un peligro para la población la ingesta de polvo”.

Montero explicó que “lo que este trabajo está buscando es todo el impacto ambiental que en principio no es culpa de nadie, se debe a la zona, condiciones del viento, de la temperatura, la altura, procesos atmosféricos físicos, incluso el viento; entonces  el último trabajo que hicimos consistió en unir todas esas variables y ponerlas en un solo contexto”. Añadió que en el caso de Bagaces, las condiciones geológicas inciden en una mayor concentración de arsénico.

Dijo que, por ello, “inmediatamente hago lo que me corresponde, la carta con copia a Yamileth Astorga”, presidenta ejecutiva de AyA. “Es algo que tiene que resolverse a la brevedad. Entiendo que ya han hecho movimientos de tierra de estos desechos”. De igual manera, expresó la urgencia porque se le dé una disposición adecuada a los desechos de los filtros.

“Muy preocupante”

UNIVERSIDAD intentó buscar una posición del AyA al respecto, pero los intentos por correo y teléfono por coordinar con el departamento de prensa institucional no dieron resultado. Desde esa instancia no respondieron las llamadas el pasado viernes 13 y lunes 16 de setiembre.

En junio pasado, una nota periodística sobre hallazgos del Laboratorio de Análisis Ambiental, de la Universidad Nacional (UNA), reveló que en varias localidades guanacastecas y de la zona norte se mantiene la presencia de arsénico en el agua para consumo humano.

Darner Mora, director del Laboratorio Nacional de Aguas, del AyA, aseguró que “ya está resuelto el asunto de los niveles máximos de arsénico”, pues la institución “solucionó los problemas mediante plantas de remoción de arsénico”, en referencia a los mencionados filtros, que representaron una inversión de más de ¢1.250 millones.

En ese momento el funcionario aseveró que “garantizo que el AyA ha hecho un esfuerzo enorme por solucionar el problema”.  También Eliécer Robles, director del AyA para la Región Chorotega, ofreció al público garantías sobre el buen funcionamiento de los filtros, pero apuntó que periódicamente requieren trabajos de mantenimiento y limpieza por lo que se deben sacar de operación.

“Para ello hay dos opciones, una es quitar el agua por completo, la otra es decirle a las personas que el agua que se distribuirá no pasa por el proceso de adsorción, se puede utilizar en quehaceres domésticos, pero para consumo humano se reparte agua en cisternas”. Subrayó que “hay todo un protocolo” respecto al manejo de los filtros.

Para Matthew Siebecker, uno de los científicos de la Universidad de Texas que participa del proyecto, manifestó que “es muy preocupante encontrar esta redistribusión de arsénico de nuevo en el medio ambiente, tras tanto esfuerzo para removerlo”.

Tanto más pues el arsénico es “un contaminante medioambiental común que causa problemas a la salud humana, y comunidades como Bagaces ya sufren una alta incidencia de enfermedad renal crónica”.

Sin embargo, opinó que lo más preocupante es que “hasta este momento parece que nadie sabía que los desechos blancos de los filtros en la superficie de los suelos eran ricos en arsénico”, y añadió que no solo las personas en residencias cercanas se ven expuestas, también quienes trabajan y caminan constantemente sobre los desechos mismos.

Agregó que quedan varias preguntas importantes sin responder sobre la biodisponibilidad del arsénico en los sedimentos de los desechos de los filtros. Es decir, cuánto del químico es necesario para que incida en las personas, así como cuál es la forma química del arsénico en esos sedimentos. Estas preguntas serán respondidas con investigación en los próximos meses.

También se buscó una reacción desde el Ministerio de Salud. Aunque en un principio se dijo desde el departamento de prensa que se buscaría quién atendiera el tema, al cierre de edición no fue posible contar con una posición al respecto, aún cuando se llamó en un par de ocasiones al celular del ministro Daniel Salas.

“El Estado no existe”

Minor Picado, vecino de Bagaces e integrante de la Asociación Voz del Pueblo, acompañó al equipo de UNIVERSIDAD que visitó las localidades donde se encuentran los filtros y con frustración subrayó que “no encontramos, en ninguno de los casos, funcionarios de AyA que ilustraran sobre la operación de los sistemas”.

También, aseveró que “cuando se trata de agroquímicos el Estado no existe”, pues productos como el glifosato, utilizado en fumigaciones en las amplias plantaciones de caña de azúcar y arroz en la zona, han sido relacionados con la incidencia de la enfermedad renal crónica. Al respecto, Montero explicó que en el estudio específico que hizo no se tomó en cuenta ese producto agroquímico, pero señaló que sí puede ser un problema para quienes se vean constantemente expuestos de manera directa, como los trabajadores agrícolas.

Desde ese punto de vista, Picado llamó la atención a las fumigaciones aéreas que “siguen siendo normales en comunidades como Agua Caliente o Montenegro, que prácticamente son colindantes con cultivos extensivos de caña y arroz”. Además, dijo que “nos hemos ocupado de presionar y buscar alternativas que pongan más control en el uso de agroquímicos, pero no ha sido factible”.

Insistió en que esas poblaciones se ven afectadas por las fumigaciones aéreas. “Las escuelas, en general todas las comunidades son anegadas con los agroquímicos”, y se trata de “las que más enfermos renales crónicos aportan a las estadísticas de la CCSS. Se señala a Guanacaste como número uno, supera la media nacional más de 20 veces y el peso cae directamente sobre Bagaces y Cañas”.

Tras observar que algunos países tienen “más de cien años de lidiar con esto”, aseveró que Costa Rica no debería brincarse la experiencia de esos países y “jugar con nuestras vidas”, pues cuestionó la verdadera eficiencia de los sistemas de remoción de arsénico. “El de Quintas Don Miguel (club privado con casas de veraneo) ha pasado hasta más de un año sin uso, dizque porque está en mantenimiento”, reclamó.

También denunció que en esas comunidades los vecinos “alegan cero información por parte del AyA si el agua es potable o no. El balance es absolutamente negativo para nosotros. El AyA ha servido para recoger este veneno, concentrarlo y botárselo a los vecinos en los patios donde juegan los niños y conviven los animales caseros” (Ver nota “Convivir con arsénico”).


Ervin Reyes: “antes el agua con arena y la cosa blanca se filtraba hasta aquí. Ahora no recibe ningún tratamiento, lo tiran al caño. Deberían entubarlo y tirarlo en otro lado”. (Foto: Miriet Ábrego).

Convivir con arsénico

Ante la mala disposición de residuos de este potente nefrotóxico, vecinos de Bagaces enfrentan el problema entre la frustración y el desasosiego.  (BAJADA)

Vinicio Chacón

vinicio.chacon@ucr.ac.cr

“Nadie ha venido a explicarnos cuáles son los riesgos”,  expresó Ervin Reyes, jornalero de la comunidad de Montenegro de Bagaces, al referirse al agua blancuzca que se derramaba desde el sistema de remoción de arsénico contiguo a su casa, el cual invadía el patio de la pequeña propiedad donde vive.

Ya las autoridades del AyA colocaron en este y otros sitios tubos para que el agua residual, producto de la filtración de arsénico, no se derrame de la misma manera. Pero como si se tratara de un mal chiste, en todos los casos esos tubos simplemente llevan el agua a la vía pública, con lo cual las personas y animales domésticos de igual manera quedan expuestas al peligroso elemento químico.

Reyes detalló que se trata de una comunidad de unas mil personas, en la que ha habitado “toda la vida”. La casa donde ahora vive, la ocupó con su familia hace un año, “ya estaba el filtro, pero el AyA ni nadie ha explicado para qué sirve”.

“Hemos visto el agua blanca salir del tubo, antes llegaba a mi patio, era un charco que se metía. Vinieron los gringos a hacer las pruebas y salió arsénico por todo lado. Hasta más allá por la pulpería”, expresó al referirse a la investigación de la Dra. Virginia Montero, del Instituto Tecnológico (TEC) junto a los científicos de la Universidad Tecnológica de Texas Matthew Siebecker y David Weindorf.

Ese equipo realizó pruebas de suelo en estos sitios aledaños a los sistemas de remoción de arsénico del agua para consumo humano, que el AyA instaló en Montenegro, San Martín, y Quintas Don Miguel, en Bagaces.

Dijo que fue ese equipo científico quien le advirtió, al tomar muestras en su patio, de los riesgos de la presencia del químico: “es peligroso para los chiquitos, no pueden jugar ahí. Está a la par de uno”.

Sentado en el portal de su casa, manifestó que “antes el agua con arena y la cosa blanca se filtraba hasta aquí. Ahora no recibe ningún tratamiento, lo tiran al caño. Deberían entubarlo y tirarlo en otro lado”, sentenció.

Aprovechó para denunciar que en su comunidad “el agua es demasiado cara, las tarifas se elevaron demasiado. Hay personas a quienes les llega entre ¢25 mil y hasta ¢80 mil el recibo”. Añadió que la institución no les ofrece ninguna explicación, “solo les ofrecen hacer un arreglo de pago”.

Agua blanca “como leche”

Más dramático es el caso de Fernando Flores, de San Martín de Bagaces, quien también vive al lado de la planta de remoción de arsénico y que desde 2016 fue diagnosticado con enfermedad renal crónica.

“En 2015 o 2016 empecé a padecer problemas, agotamiento. Yo trabajaba en labores agrícolas y llegaba un punto en que las piernas no me respondían y vomitaba. Comencé a decaer, sin fuerzas, me llevaron a hacer exámenes y se determinó que mis riñones funcionaban a un 15%. Apenas aguantaba salir de la casa”, recordó. “Fue rápido, fue como un año de decaimiento, me hicieron los exámenes y me dijeron que no podía trabajar más”, puntualizó.

Según datos de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), en 2018 Bagaces presentó 626 casos de enfermedad renal crónica, un dato particularmente alto para un cantón que tiene 23.419 habitantes. Como ya se dijo, la alta incidencia de esta enfermedad en el cantón es multifactorial, y en su explicación se deben tomar en cuenta factores como características naturales y geológicas del sitio o la exposición a agroquímicos, particularmente glifosato.

Flores añadió que al momento de su diagnóstico “aún no se sabía nada, medio escuché comentarios de que en el agua había arsénico”. Él sabe que no puede atribuir su enfermedad únicamente a la presencia de la planta de remoción, pero no por ello le causa menos preocupación.

“Los problemas empezaron apenas hicieron esto, cada vez que lavaban tiraban el agua para adentro” de su propiedad, según dijo. “Quedamos a la espera de que el AyA iba a venir a limpiar, sacar la tierra, pero nunca vinieron. Ellos tienen que lavar y llevar a botar esa agua a otro lado, pero lavan y tiran el agua directamente ahí”, en la vía pública; pues al igual que en Montenegro, se colocó un tubo que tira el agua blancuzca a la vía pública.

Se quejó además porque “nunca nos comunican nada sobre la calidad del agua, quitan el agua y uno se queda sin el servicio, o sale blanquitita como si tuviera cal. Ellos no dicen ‘vamos a lavar, recoja agua”. Insistió en que en su casa,el agua sale “blanca, blanca, como si fuera leche. Hay que tener el tubo abierto de 20 minutos a media hora”. Actualmente, él y su familia subsisten con una pensión de la CCSS de ¢130 mil al mes.


Fernando Flores dijo que “ellos (el AyA) tienen que lavar y llevar a botar esa agua a otro lado, pero lavan y tiran el agua directamente ahí”, en la vía pública. (Foto: Miriet Ábrego).


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