Ottón Solís, fundador del PAC y actual representante ante el BCIE

“Quisiera que Costa Rica fuera la capital mundial de los derechos humanos”

Fundador del PAC afirma que sigue teniendo una comunicación cercana con el presidente Carlos Alvarado.

En tres ocasiones no logró convertirse en Presidente de la República, pero cambió, como nadie, la política reciente del país al fundar el Partido Acción Ciudadana (PAC) como una opción de centro (“derecha” en algunas posiciones, “izquierda” en otras), hacia la que fluyeron las personas desencantadas con el bipartidismo tradicional.

Quizás, precisamente por la radicalidad de sus posiciones éticas, fue mal comprendido y temido en un medio en el cual, desde hace muchos años, los “proletarios” –esos obreros industriales que no podían costear su acceso a una familia nuclear moderna– dejaron de ser “la clase trabajadora” y su lugar lo ocupa hoy un funcionariado público de clase media y alta, cuyos ingresos, en el extremo más rico, pueden alcanzar cifras obscenas, por ejemplo, si ocupa las gerencias de la banca estatal.

Hoy, Ottón Solís, además de convertirse en “garante ético” del Gobierno de coalición de Carlos Alvarado, es el representate de Costa Rica ante el Banco Interamericano de Integración Económica (BCIE), un cargo que, como diría el refranero popular, está “ni tan cerca que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre”.

Algunos dirigentes laborales tienen posiciones inamovibles y no comprenden que, si no hay sacrificios de todos los sectores, los primeros que perderán son los funcionarios públicos. Por otra parte, las medidas no contemplan que los trabajadores del sector público pierdan un solo colón de sus ingresos. Más bien, seguirán aumentando, solo que a un ritmo inferior.

En esta entrevista, Solís habla acerca del importante peso económico del BCIE y lo que este banco hace por Costa Rica, de su relación con Alvarado, de la posible confrontación con los sindicatos del sector público debido a la reforma fiscal y de su perspectiva sobre el futuro político del país.

¿Cómo ha encontrado el trabajo realizado por Costa Rica, hasta el momento, en el BCIE?

—Costa Rica es uno de los países que más créditos ha recibido del BCIE en los últimos años y han estado dirigidos a sectores importantes para el desarrollo nacional. La cartera es diversa y contempla el desarrollo social, la infraestructura económica, el agro, la cultura, el sector público y el sector privado, entre otros sectores. Los préstamos del BCIE a Costa Rica superan los del BID y el Banco Mundial juntos (los otros bancos de desarrollo).

 ¿A cuánto asciende ese monto de créditos facilitados por el BCIE?

—En los últimos tres años el BCIE ha aprobado $940 millones para Costa Rica. Mientras tanto, el BID y el Banco Mundial han aprobado $890 millones. Casi el 60% de los créditos del BCIE han estado dirigidos a Desarrollo Humano y a Infraestructura Social.

 La población conoce poco sobre lo que hace el BCIE y, en particular, sobre el papel de su representante nacional, excepto por episodios negativos, como el de un representante que luego resultó condenado por narcotráfico y por investigaciones sobre fondos del BCIE dirigidos a campañas políticas o para financiar consultorías en Casa Presidencial. Desde su visión, ¿qué puede hacer usted por Costa Rica desde el BCIE y qué no debe hacer?

—A favor de Costa Rica debo promover créditos para proyectos y programas que reflejen las prioridades del Plan Nacional de Desarrollo; asegurarme que los créditos tanto para Costa Rica como para los otros países se ejecuten de manera eficiente; estudiar rigurosamente los asuntos sobre los que debo votar en el directorio del Banco; colaborar para que los indicadores financieros del Banco sigan mejorando; gestionar recursos de países desarrollados para los programas crediticios y de asistencia del Banco; colaborar para ampliar el número de socios extraregionales del Banco; promover la eficiencia a lo largo y ancho del Banco; acatar los rigurosos niveles de austeridad que ha solicitado el presidente Alvarado a todas las personas que ha nombrado; intentar inspirar al personal del Banco con un comportamiento ético; tomar los rigores contenidos en el Código de Ética del BCIE como un mínimo; representar a Costa Rica con la dignidad que se merece y tratar de dar la mejor imagen del país.

No debo promover proyectos sin consultar el Plan Nacional de Desarrollo y al presidente Alvarado; dedicarme a traer recursos sin asegurarme de que se ejecuten eficientemente; abusar de los recursos y facilidades del Banco para beneficio personal; manejar de manera poco transparente los recursos de cooperación para el Gobierno que logre obtener; gestionar créditos para parientes; utilizar los privilegios aeroportuarios y migratorios y las inmunidades que me adjudica el puesto para incurrir en actos ilegales o deshonestos; apoyar y menos impulsar mejoras en la remuneración de los directores del Banco.

 ¿Puede ayudar el BCIE en la reducción del déficit fiscal en Costa Rica? ¿Cómo?

—Con sus créditos, el BCIE puede contribuir a incrementar el crecimiento de la economía. Ello incrementaría la generación de ingresos tributarios y reduciría la necesidad de ayudas sociales dirigidas a combatir la pobreza. Ambos resultados contribuirían a su vez reducir el déficit fiscal.

Recientemente hubo un debate sobre cuál es la mejor forma de intermediar la oferta de deuda pública costarricense en el marco de la crisis fiscal. Dado lo pequeño del mercado costarricense y del hecho que, en su mayoría, se transan valores de deuda pública, ¿qué se puede hacer para mejorar y abaratar su colocación?

—Lo que es incorrecto es exonerar del impuesto a las ganancias de capital solo a las transacciones de títulos que se hagan en la bolsa de valores. Si el objetivo era dar ventajas a los bonos del Gobierno, entonces se debió eliminar ese impuesto para esos títulos independientemente de donde se negocien.

 

“El trabajo –analizando documentos de créditos, estados financieros del Banco o reuniéndome con entes ejecutores– me tiene durmiendo poco, pues he necesitado largas jornadas para sacar la tarea”.

El BCIE nació como un instrumento de las políticas para la integración económica centroamericana, hace ya varias décadas. ¿Tiene vigencia el proyecto de la integración, así como el BCIE?

—Hoy más que nunca. Sería paradójico que ante la apertura comercial generalizada no fortaleciéramos la integración económica con los vecinos. Por otra parte, cada vez más los problemas y sus soluciones tienen expresiones regionales transfronterizas. La lucha contra el cambio climático y el tráfico de drogas, por el desarme y la paz, por los derechos humanos o por el desarrollo inclusivo exige soluciones transfronterizas. Si un país queda rezagado, filtra sus problemas a los vecinos. Debemos tratar de desarrollarnos colectivamente. Si no lo hacemos, el que se queda atrás en la solución de esos problemas detiene el desarrollo del que intenta ir adelante.

El BCIE tiene una enorme ventaja para nuestros países: no pone condiciones ideológicas para conceder créditos ni intenta por ningún medio guiar la política económica y social de los gobiernos. Por otra parte, se ha convertido en una ruta confiable para la canalización de recursos de países ricos que desean ayudar a la región.

¿Qué cambiaría o mejoraría en cuanto a las potestades del BCIE?

—Quiero representar los valores y prácticas de la mejor versión de Costa Rica y quiero incidir con mis convicciones sobre la austeridad y la eficiencia en el manejo de los recursos públicos. Esos dos han sido mis principales objetivos en la vida pública y no será diferente en mi trabajo en el Banco.

 ¿Mantiene una comunicación cercana con el presidente Alvarado, a pesar de estar en un cargo más bien internacional?

—Sí, aunque he hecho una consulta formal al Banco para estar seguro de que el papel de asesor del presidente y de garante ético es compatible con su normativa. Es un tanto confuso, pues hay una norma del Banco que estipula que el trabajo de director es de tiempo completo y que solo permite trabajar en la academia, pero ha habido interpretaciones que permiten salirse de esos límites. Por lo demás, el trabajo –analizando documentos de créditos, estados financieros del Banco o reuniéndome con entes ejecutores– me tiene durmiendo poco, pues he necesitado largas jornadas para sacar la tarea.

 ¿Qué opina de la manera como el presidente Alvarado viene gobernando hasta el momento?

–Muy acorde con el significado atribuido a la palabra “cambio” por la mayoría de los costarricenses que no están en política.

En cuanto al recorte del gasto, ¿es posible concertar con el funcionariado público en vez de ir a un choque frontal?

–Se ha intentado concertar por años, pero algunos dirigentes laborales tienen posiciones inamovibles y no comprenden que, si no hay sacrificios de todos los sectores, los primeros que perderán son los funcionarios públicos. Esto es lo que ha ocurrido en todo país en que se dejan avanzar las crisis fiscales. Por otra parte, las medidas no contemplan que los trabajadores del sector público pierdan un solo colón de sus ingresos. Más bien, seguirán aumentando, solo que a un ritmo inferior. En democracia es imperativo negociar, pero deben tomarse decisiones y, cuanto más pronto, mejor para todos.

¿No cree usted que debería exigirse más también de sectores a los que les resulta más fácil eludir el pago del Impuesto sobre la Renta, por ejemplo, mediante la introducción de la Renta Mundial en vez de la renta territorial?

–Estoy seguro de que las autoridades de Hacienda hacen todo lo posible por reducir la evasión del impuesto de la renta y los resultados de los últimos años muestran que están teniendo éxito. Hay cambios legales (por ejemplo, la ley contra el fraude fiscal) que están en proceso de implementación y ayudarán mucho a mitigar la evasión. Estoy de acuerdo con introducir el concepto de renta mundial.

¿Le preocupa una posible articulación futura de partidos católicos y evangélicos que puedan buscar un retorno al pasado teocrático preliberal –añorado de modo particular en dos momentos anteriores de nuestra historia por los obispos Thiel y Sanabria– o considera usted que la ideosincrasia costarricense está firmemente arraigada en los derechos individuales, herencia del liberalismo?

–La historia avanza en la dirección correcta cuando hay una correlación positiva entre tiempo y libertad. Cuando en una sociedad existen derechos cuyo otorgamiento no disminuye los derechos de nadie y pese a ello existen personas o grupos que no los disfrutan, esa sociedad obstaculiza la ruta correcta de la historia.

Tengo la convicción de que no hay nada que detenga la marcha del país hacia el cenit en materia de derechos humanos en todos los campos (sociales, culturales, económicos, políticos), ni nada que en el mediano plazo impida que Costa Rica lidere la marcha del mundo hacia la libertad, así como lideramos en ambiente, en energía de fuentes sostenibles, en paz, en democracia, en desarme, en libertad de prensa y en respeto al derecho internacional.

Me gustaría que ganáramos el campeonato de fútbol en Rusia, pero más me gustaría que mi país llegase a ser declarado la capital de todos los derechos humanos del mundo. A eso debemos aspirar todos los costarricenses. Estoy convencido de que ese es el destino de este especial país y que esa es la naturaleza de la promesa que Costa Rica representa para el mundo.

La vida de una persona es pura si disfruta plenamente de todos sus derechos. Por ello, creo que el “pura vida” es una meta y su popularidad responde a la elevada aspiración de Costa Rica en relación con todos los derechos humanos.

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