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Quema de 170 hectáreas acaba con alimento de cabécares de China Kichá

Cuatro incendios en una semana hicieron cenizas los cultivos de la comunidad indígena, la cual denuncia por cuarto año consecutivo fuegos provocados bajo orden de finqueros opuestos a sus recuperaciones.

En China Kichá

Tres racimos de plátano y cuatro mazorcas de maíz fue lo que lograron rescatar Eleonora Ríos y Greivin Fernández de entre las cenizas. Los terrenos que recorrían habían sido hectáreas con cultivos de banano, frijoles de palo, yuca, cacao, guava, mamón, naranja, caña, mandarina y plantas medicinales que habían tomado meses de trabajo y que ardieron en minutos.

En las hectáreas quemadas se perdió la siembra de maíz, frijoles, plátano, plantas medicinales y diversas frutas que se cultivan para consumo de la comunidad cabécar.

“Empezó el lunes (12 de febrero) a las 2 de la tarde y se extendió rápidamente. Solo ese día se quemaron cerca de 60 hectáreas y luego aparecieron otros dos que quemaron más. Ayer siguió quemándose, todos los fuegos fueron provocados y sabemos quienes son, es una familia problemática y violenta”, comentó Fernández.

“Los bomberos no traen agua ¿con qué van a apagar el fuego? por ese lado, estamos indignados (…) el fuego no perdona nada, nos quita esperanza porque es todos los años que se quema y por más que hacemos rondas el fuego se pasa”, Greivin Fernández, recuperador indígena.

En una semana, cuatro incendios —con llamas de entre 5 y 7 metros— arrasaron con alrededor de 170 hectáreas  de las 1.100 que constituyen el territorio indígena por decreto, según un análisis realizado en el programa de imágenes satelitales Sentinel Hub.

La recuperadora de Kono Jú, Katherine Ríos, caminó kilómetros dos o tres veces a la semana bajo el sol a temperaturas que pueden superar los 30 grados centígrados, para cultivar su tierra, pero la semana pasada lo perdió todo.

“Estaba reunida en un grupo de mujeres y cuando bajé estaba todo quemado. Me dolieron mucho las frutas y las medicinas que ya no se recuperan. Desanima un poco, pero creo que volvería a sembrar. Esta fue la quema de cultivos más grande porque antes lo han hecho, pero yo estaba, y ahora se quemó todo alrededor de la única naciente de la que agarro agua”, contó Ríos, quien ha denunciado en años anteriores amenazas de muerte y agresiones físicas en su contra.

Los líderes y lideresas indígenas de China Kichá iniciaron la recuperación de hecho de tierras indígenas en el 2018, tras décadas de incumplimiento de la Ley Indígena de 1977 y de los decretos que les otorga estos terrenos. Desde entonces denuncian constante hostigamiento y violencia con, por ejemplo, incendios provocados bajo la orden de finqueros.

Imagen satelital: Imágenes satelitales del 9,14 y 19 de febrero muestran la evolución de los incendios en China Kichá que llegaron a acabar con 170 hectáreas en una semana.

Este es el cuarto año, señala Fernández, en el que los incendios amenazan con desabastecer de agua y alimentos a la comunidad indígena. En el 2021, el fuego llegó a consumir más de 300 hectáreas en dos meses y la frecuencia de los incendios ha impedido que las tierras recuperen su vegetación.

Antes y después de algunos de los cultivos de plátano de la recuperación de Kono Jú, en donde se salvaron tres racimos, de varias hectáreas sembradas.

“Los bomberos no traen agua ¿con qué van a apagar el fuego? por ese lado, estamos indignados (…) el fuego no perdona nada, nos quita esperanza porque es todos los años que se quema y por más que hacemos rondas el fuego se pasa, los compañeros están muy tristes, todos los años es lo mismo y todos los años pierden sus cosechas, sus ranchos, mangueras, herramientas…”, comentó Fernández.

A pesar de la importante pérdida material que implica para la comunidad y lo ajeno que son las quemas es sus valores y formas de siembra, el jefe de la Estación de Pérez Zeledón, Fernando Barboza, inicialmente señaló a la comunidad como responsable de las quemas: “Es una grama pequeña, lo que nosotros conocemos como tacotales, que ellos mismos queman, lo que son en buena teoría quemas controladas y que son de extensiones bastante grandes”.

Pero al ser directamente consultado por la posibilidad de identificar el tipo de quema dijo es imposible determinarlo: “En este tipo de siniestros no tenemos la claridad, más que la información que los vecinos nos da, la fuente calórica no es tan fácil de localizar y no podemos determinar los métodos, si fue una quema controlada o si fue provocada”.

La comunidad lamenta que el fuego arrase cada año con sus esfuerzos por reforestar la tierra, que se realiza con árboles donados y que UNIVERSIDAD constató que se quemaron.

Bomberos entran custodiados

En declaraciones dadas a UNIVERSIDAD, el jefe de la Estación de bomberos de Perez Zeledón, Jorge Barboza, confirmó que los incendios en el territorio indígena suceden todos los años durante el verano y que la semana pasada acudieron a cuatro llamados, pero que enfrentan múltiples dificultades para atenderlos.

Entre ellas, posiblemente la más crítica es que deben seguir un protocolo de seguridad que indica ingresar al territorio después de que la Fuerza Pública “constate la situación” y que la zona sea protegida, por el peligro de ser agredidos.

“Es un poco conflictivo, la zona es bastante complicada y presenta inseguridad para el cuerpo de bomberos, sobretodo en horas de la noche, ya que el personal se expone a mordeduras serpientes venenosas y porque está, de alguna manera, custodiada por los mismo vecinos armados para proteger sus tierras”, dijo Barboza.

La comunidad cabécar con frecuencia denuncia sufrir violencia por parte de peones enviados por finqueros, por lo que también, con frecuencia, piden ser escoltados para ingresar a sus tierras. El territorio indígena de China Kichá es el que más acciones violentas registró en el 2022, según registros de la Coordinadora Lucha Sur Sur, que va desde insultos y pedradas hasta amenazas.

“Nosotros en el territorio tenemos un concepto no tan bueno de parte de Fuerza Pública, porque siempre se llama, pero llegan a ver los incendios y no hacen nada, tampoco los bomberos, porque nos dicen que no pueden meterse en tierras conflictivas y que hasta mejor que se quemen todos los potreros para no estar viniendo, no traen agua, a nada vienen”, lamentó Fernández.

Eleonora Ríos recorrió los cultivos quemados de su hija, Katherine Ríos, quien tuvo que desalojar, ya que en años anteriores ha sido amenazada de muerte en años anteriores y el fuego reciente alcanzó su rancho.

 Quema de “charral”

El cuerpo de bomberos también dice contar con limitado acceso a recursos, los cuales se priorizan para incendios en estructuras, así como dificultad en llegar por la distancia, que les toma una hora de viaje.

“Son casi 55-60 kilómetros de viaje en un sentido para llegar a la zona de los incidentes, hasta el momento hemos atendido cuatro quemas de charrales, se envía un vehículo pequeño porque el acceso a las unidades extintoras es complicado y cuando llega con el personal lo que se divisa son quemas de charral sin amenaza a estructuras y se atienden aproximadamente áreas de 2.000 y 4.000 metros cuadrados”, dijo Barboza.

Barboza aclaró que el cuerpo de bomberos califica como charral lo que observa como “vegetación pequeña” y dijo era importante que cuando se hicieran llamados “fueran verdaderamente calificados”.

La comunidad resiente que los bomberos vean poco valor en sus tierras, las cuales antes de ser recuperadas fueron utilizadas intensivamente como potreros, pero que ahora es la fuente de alimento de cerca de 60 familias indígenas y la casa de decenas de aves.

“Se quemaron potreros, que realmente no son potreros porque se están regenerando, esa una visión y meta de nosotros, que todo ese territorio se recupere y que sean montañas con vegetación”, comentó Fernández.

La comunidad indígena cabécar de China Kichá sostiene agricultura orgánica de subsistencia en la que incluyen sembradíos de arroz, que son amenazados con las quemas anuales.

En los territorios recuperados incendiados de Yuwi Senaglö, Kono Jú y Nama Jú también se había iniciado la reforestación de las tierras, con árboles donados, que este Semanario constató habían sido consumidos por el fuego.

La violencia que sufren moviliza a comunidades indígenas en diferentes partes del país y esto se refleja en que, durante los tres años en que se ha emitido el Informe Anual del Observatorio Comunitario de Acciones Colectivas, son el actor social que más denuncias y protestas registran en el país, por encima de visibles marchas como las estudiantiles y las de agricultores.

También, en reiteradas ocasiones, el relator especial de las Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre los derechos indígenas, Francisco Calí, ha condenado la violencia que sufre la comunidad cabécar de China Kichá, así como la inacción del Gobierno y la impunidad en crímenes cometidos contra la población indígena de Costa Rica.

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