Moisés Mug, expresidente de Incopesca:

Pesquerías de Costa Rica “no gozan de buena salud”

Exjerarca de Incopesca dijo que la institución debe tener mayores capacidades de gestión científica y técnica.

La designación de Moisés Mug como presidente ejecutivo del Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura (Incopesca) llamó la atención, pues no se trataba de alguien proveniente del sector pesquero o comercializador, sino del sector científico.

Sin embargo, tras poco más de un año de gestión, anunció su salida de la institución en un contexto además álgido, ante airadas manifestaciones de pescadores impacientes con la espera de soluciones a los retos que enfrenta el sector y la perenne polémica alrededor de la pesca de arrastre de camarón.

A propósito de todo ello, Mug concedió una entrevista desde Bilbao, en el País Vasco, España, donde lidera hasta el 26 de julio la delegación de Costa Rica en las reuniones anuales del Acuerdo Internacional del Programa Internacional de Conservación de Delfines (APICD) y la Comisión Interamericana del Atún Tropical (CIAT), sobre medidas de conservación que regulan la pesca del atún en presencia de manadas de delfines, según explicó.

Mug contestó por escrito las preguntas de UNIVERSIDAD poco antes del exabrupto del ministro de Agricultura, Renato Alvarado, en la Asamblea Legislativa, donde dijo que el Incopesca debe ser cerrado.

Mug manifestó su preocupación por la disminución en la población de especies como el tiburón sedoso (Carcharhinus falciformis). Destacó al mismo tiempo que es poca la información científica sólida sobre las pesquerías costarricenses. (Foto: Archivo)

Poco después, el presidente Carlos Alvarado se hizo eco de las quejas del Ministro y se mostró anuente a reconcentrar las funciones de la institución en el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

Sin embargo, Mug informó que ya se planteó un proyecto de ley para aumentar la cuota de representantes del Poder Ejecutivo en la junta directiva de la institución, uno de los gimoteos del jerarca del MAG.

¿Cuál fue su balance inicial al asumir la Presidencia Ejecutiva del Incopesca?

— Mi visión fue impulsar reformas sustantivas, estructurales, para que la autoridad pesquera tenga la capacidad de gestionar científicamente las pesquerías del país, tanto cercanas a la costa como de alta mar. Tal es el caso de la pesca de los atunes y especies afines (espada, dorado, especies de pico o picudos, como los marlines y pez vela, y los tiburones).

La idea sigue siendo la creación de capacidades nacionales para la adecuada gestión de la pesca y alcanzar la reconstrucción de la base productiva biológica y ecológica de las pesquerías.

Además de la pesca comercial dirigida al mercado alimentario, existe un enorme potencial mucho más grande de lo que se percibe, en la pesca turística y deportiva que no aprovechamos de forma óptima.

Mi visión incluyó también romper el paradigma equivocado de que la conservación y la pesca son polos opuestos y mostrar que, en una visión de sustentabilidad, son elementos indispensables para construir la Costa Rica marina del siglo XXI, la Costa Rica del Crecimiento Azul. Para lograr esta visión, la lucha contra la Pesca ilegal no declarada y no reglamentada (INDNR) es una pieza fundamental.

Encontré con alegría que esta visión se refleja muy bien en el interés que tiene Costa Rica de alcanzar los estándares que le permitan ser aceptada en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), por lo que mucho del esfuerzo que he emprendido ha tenido esto como norte. Desafortunadamente, los sectores no lo han entendido y, por el contrario, lo han combatido, con argumentos que reflejan una visión que, si bien en el corto plazo pueda satisfacer intereses o necesidades inmediatas, en el largo plazo puede llevar a las pesquerías al colapso. He buscado articular y alinear proyectos como el que estamos terminando de formular de Desarrollo Sustentable de las Pesquerías del País, con apoyo del Banco Mundial, e integrarlo con otros esfuerzos como el Proyecto Economía de los Océanos, con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la plataforma de grandes pelágicos con el PNUD, y el INDER, el IMAS, el INA y otras instituciones.

Tuve un gran apoyo del Ministerio del Comercio Exterior (Comex), y ha sido una fantástica experiencia y honor haber trabajado con ellos, junto con el personal del Incopesca que me apoyó. Trabajar en la preparación del Proyecto de Pesca Sustentable, con apoyo del Banco Mundial, ha sido no solo un reto sino una gran oportunidad de ver los compromisos del personal del Incopesca y estamos muy cerca de  completar la fase de preparación e inscripción del proyecto en Ministerio de Planificación (Mideplan), para luego continuar con la negociación y presentación del proyecto para su aprobación en la Asamblea Legislativa. En él se ha plasmado lo que se necesita hacer para que Costa Rica alcance las metas de sustentabilidad de las pesquerías, en lo económico, en lo social y en lo ambiental o ecológico.

¿Cómo evalúa su gestión desde el punto de vista de logros conseguidos contra proyectos o ideas que no logró ejecutar?

— Me voy tranquilo y en paz, a pesar de la oposición y resistencia al cambio que he encontrado, pero con apoyo de personal clave de Incopesca que ha entendido la necesidad de cambio, del Ministro de Agricultura, y del señor Presidente. Hemos avanzado en la reforma de la política atunera, con un cambio en la gestión de licencias de atún para buques, incluyendo metodologías científicas para determinar cuánto atún podemos extraer de nuestras aguas para abastecer la industria de conservera, y un modelo técnicamente desarrollado para el precio de la licencia para buques extranjeros que quieran pescar en Costa Rica.

Complementamos este cambio con un proyecto de ley para eliminar las licencias gratuitas, no se justifica de ninguna manera que sigamos regalando el atún.

Estamos finalizando los trámites para la firma de un reglamento para concesionar la capacidad atunera nacional a buques cerqueros. Permitirá un mecanismo transparente y más justo, con beneficios para el país en tres ámbitos: abrirá la posibilidad de generar nuevos empleos en la costa, el país asegurará un registro histórico de capturas en la pesquería atunera en el Pacífico Oriental, y percibirá mejores ingresos por concepto de concesión de cada metro cúbico a buques cerqueros.

Hemos enviado un proyecto de ley para cambiar la estructura de la junta directiva del Incopesca, buscando que el gobierno tenga control de la gestión y toma de decisiones con dos miembros adicionales, del Ministerio de Ambiente y Energía (Minae) y del Servicio Nacional de Guardacostas, que elevarían el número de miembros de gobierno a 6 directores, y el total de miembros de junta a 11.

En un año de trabajo quedan muchas cosas por completar. El tema de las plazas y la estructura formal del Incopesca es uno de ellos. Lo otro es transicionar a una autoridad con capacidad de gestión, especialmente en el aspecto científico y técnico, tanto en la pesquería como en la acuicultura. No es sencillo porque requiere perfiles profesionales distintos, con equipos, tecnología y conocimiento diferente, y una forma de gestión basada en el mejor conocimiento científico disponible, tanto de la pesquería (biológico y ecológico), como en el conocimiento de la economía y los mercados, así como del conocimiento social y cultural.

En su criterio y al ver los problemas globales sobre los mares, desde el cambio climático a la contaminación, pasando por la sobreexplotación, ¿gozan las pesquerías de Costa Rica de buena salud?

— No gozan de buena salud. Lo que conocemos hasta ahora, de los recursos que accede el país y que son altamente migratorios como atunes y las especies afines, están sobreexplotados. Ya hemos tomado una previsión ante esta situación en Costa Rica, con un límite precautorio de captura de atún aleta amarilla. La situación es semejante en el Atlántico con el atún patudo sobreexplotado, y el aleta amarilla sobrepescado, y posiblemente sobreexplotado también. Los tiburones muestran indicadores que sugieren una caída en la abundancia, especialmente el tiburón sedoso, y ya se han tomado medidas en tiburón punta blanca oceánico, pero se requieren mejores evaluaciones y estamos trabajando en ello con apoyo de la CIAT.

Ese nivel de conocimiento y precisión que se ha alcanzado en atunes, no lo tenemos en otras especies  en Costa Rica (pargo, cabrilla, corvina, camarón, etc.), en general. Se necesita entender qué nivel de biomasa tenemos y qué nivel de esfuerzo tenemos, en cada una de las pesquerías (definidas por especies). Se maneja la pesquería con criterios incompletos y bajo presión social por acceder al recurso y demandas de asistencia social, económica y precios diferenciados en el combustible y equipos. Es como manejar un vehículo en la penumbra, sin faros de niebla y bajo la lluvia sin las escobillas del parabrisas, y los pasajeros pidiendo acelerar para acortar el viaje.

¿Se puede considerar la técnica de pesca de arrastre como sostenible?

 — Ninguna técnica de pesca por sí misma es sostenible, esto no se puede decir así, es la manera equivocada de entender el tema pesquero. La sustentabilidad de una pesquería tiene criterios concretos y en su forma más simple son tres:

El primero es el estado del recurso pesquero, el nivel de la biomasa que resultaría en el rendimiento máximo sustentable y el nivel de explotación. El segundo criterio es si la autoridad pesquera (en este caso el Incopesca) tiene la capacidad y las herramientas de gestión, control y monitoreo, para mantener el esfuerzo pesquero y la biomasa dentro de los parámetros de rendimiento máximo sustentable. El tercero es el nivel de impacto que genera la pesca en el ecosistema, incluyendo especies que no son objetivo de la pesca.

Este nivel de conocimiento no lo tenemos para ninguna pesquería costera, nuestras pesquerías son pobres en datos.

En el caso de la pesca de camarones con redes de arrastre, tenemos pruebas completadas para ver el desempeño de equipos y diseños de red buscando la reducción de pesca incidental, para dos especies en un área del Pacífico Central. Desconocemos hasta ahora los niveles de biomasa para esas y otras especies de camarón. Por eso se han planteado investigaciones de dos años para entender parámetros importantes de cuatro especies de camarón, incluyendo distribución espacial y temporal de las biomasas, épocas de reproducción y de reclutamiento e interacción de la pesca con otras pesquerías, en un área de distribución principal de las poblaciones de camarón. Debido a que no hay una flota operando (solo queda un buque pescando cuya licencia pronto expira), hay que rentar mediante licitación buques pesqueros y esto hace realmente onerosa la investigación que se ha programado con recursos del Incopesca y el INA, y presenta una oportunidad buena para colaboración científica con las universidades locales.

¿Por qué considera que Costa Rica no ha avanzado más en iniciativas en el campo de la acuicultura, como el cultivo de camarón, las cuales podrían ser útiles para mejorar el nivel de vida en las comunidades costeras costarricenses?

— Es un área de mucho potencial, aunque también tiene sus límites por la disponibilidad de condiciones naturales para desarrollar distintas formas de acuicultura, tanto en agua dulce como en el mar. Nuestro personal técnico es limitado e insuficiente en pesca, y mucho más restringido en acuicultura, algunos con mucho conocimiento, pero pronto a pensionarse.

Con apoyo del MAG, la FAO y la Universidad Nacional (UNA), se ha avanzado en un plan nacional de acuicultura, pero requerimos encontrar los recursos para llevarlo adelante. Sin embargo, en el nivel de la pequeña escala o proyectos pequeños o medianos hay un potencial.

El apoyo de la UNA y el Parque Marino del Pacífico es crítico, especialmente en acuicultura marina. El apoyo que está ofreciendo la ONG Conservación Internacional, representa una esperanza. Estamos en fase de aprobación de un convenio con esa ONG.

Ya estamos con un convenio con la Federación Costarricense de Pesca (Fecop), para apoyar a la institución en temas de capacidades científicas e información científica en varias ramas, incluyendo información de la NASA, para monitorear condiciones oceanográficas que pueden afectar la pesca.

¿Qué circunstancias han sido detonantes de su salida del Incopesca?

 — Ha sido una valoración personal que he meditado desde hace un tiempo, y que lo he conversado desde hace ya casi tres meses con el Ministro de Agricultura y el señor Presidente. Mi forma de trabajar basada en ciencia y el conocimiento en manejo y gestión pesquera ha guiado siempre mi carrera profesional.

Las recomendaciones científicas están orientadas a recuperar las pesquerías, con medidas, plazos y condiciones que aseguren la sustentabilidad, en los criterios que le he comentado. Esa es la contribución que yo puedo hacer, y mi criterio seguirá siempre basándose en estos valores y en la conservación de la biodiversidad y los ecosistemas marinos, en el que por supuesto están inmersos y dependen de forma directa los medios de vida de los pescadores y acuicultores. Así lo he hecho en más de 35 años de carrera profesional, en América Latina y el Caribe.

Unas pesquerías bien gestionadas deben generar riqueza, y no en crear condiciones que en el corto plazo atienden la urgencia, pero que en el largo plazo mantienen las pesquerías en la pobreza, o el beneficio de unos pocos solamente.

¿Cómo evalúa los resultados de las negociaciones con el sector pesquero? ¿Se trata solamente de políticas pesqueras, o es un tema en el que pesa más la variable política desde el gobierno?

— Es complejo, las listas de temas van creciendo y cambiando, los actores se sientan y se levantan de las discusiones, hacen protestas y amenazas. Es una forma tradicional de actuar, a la que yo no estoy acostumbrado. Yo no soy un político, nunca lo he sido y nunca he pretendido serlo. Muchas cosas se pueden solucionar, algunos temas son sencillos, como cambiar los criterios para que un pescador artesanal autorice a otra persona a que vaya en un viaje de pesca en su lugar. Otros son más complejos de solucionar, como lograr acceso a licencias y regularizar pescadores que llevan tiempo en la pesquería sin estar ordenados. Recuperar las pesquerías, reducir los conflictos entre sectores, como pescadores artesanales contra pescadores de arrastre, o pescadores de palangre y pesca de cerco e industria conservera, requieren diseños más complejos y acuerdos nacionales. Otros temas en mi criterio no se pueden negociar, como control y vigilancia, que tienen que ver con seguridad más allá de la pesca.

Hemos solucionado algunos temas como límites de un parque nacional marino, pero la dinámica y táctica que se ha empleado para presionar hace complejo avanzar, eso sin contar la capacidad limitada y sobrecarga que ya tiene el personal, y recursos financieros muy limitados.

No se trata solo de políticas pesqueras, aunque en mi criterio, muchos de estos problemas no existirían hoy si las decisiones se hubiesen tomado a tiempo en el pasado, especialmente, respecto a la gestión de las pesquerías buscando la recuperación de las mismas. Si el recurso está en mala condición, las economías de los pescadores, sus familias y la comunidad empeora. Si colapsa la pesquería, colapsa la economía de los pescadores.

En una pesquería bien gestionada, trabajar en mejorar las condiciones de los pescadores tendría un temario diferente al que hoy se está presentando. Se trabajaría en mejorar la cadena de valor, en cómo diversificar las economías, en invertir en la misma conservación del recurso, en buscar un modelo en el que encontremos formas distintas de aprovechar la riqueza del mar no solo extrayendo el recurso, como en ecoturismo o en impulsar la pesca turística y deportiva, y desarrollar los negocios conexos que se derivan.


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