Peligroso herbicida aún es utilizado en áreas públicas urbanas

La exposición prolongada a glifosato es asociada con la incidencia de tipos de cáncer.

A pesar de que su uso solo se permite en la agricultura, el glifosato aún se aplica en áreas verdes de zonas públicas urbanas del país.

Así lo demostró el activista y docente universitario Jaime García, quien aportó fotos de San José y Cartago, y externó su preocupación, pues “hay evidencia científica que sugiere que, a largo plazo, el glifosato es cancerígeno”.

Al respecto, informó que el Centro Internacional de Investigaciones sobre Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), de la Organización Mundial de la Salud (OMS), categoriza al glifosato bajo su clasificación 2A: “probablemente cancerígeno para humanos”.

Esto por cuanto “hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin). También, causa daño en el ADN y en los cromosomas de las células humanas”, según un informe de esa entidad del 2015.

 

EXPOSICIÓN AL VENENO

El Reglamento para el Registro de Plaguicidas de uso doméstico e industrial y fertilizantes de uso doméstico (Decreto Ejecutivo Nº 30043–S) define como “plaguicida de uso doméstico” aquel comercializado en presentación “lista para usarse” –esto es que, previo a su aplicación, no requiera un procedimiento de dilución o de cualquier otro tipo– y que clasifique en la categoría IV según la Clasificación de riesgo agudo de la OMS.

El glifosato corresponde a esta clasificación, pero para su aplicación debe diluirse. “Hasta donde tengo conocimiento, el glifosato en Costa Rica no se vende listo para aplicar. De ser así, estaría inscrito ante el Ministerio de Salud y se podría conseguir en los supermercados, viveros y tiendas de jardinería para aplicar en áreas públicas”, manifestó García.

“Siempre se ha sabido que el glifosato se utiliza en áreas urbanas, pero fue hasta que empezamos la campaña Desintoxiquemos Costa Rica que decidimos ponerle el ojo al uso de plaguicidas en áreas públicas”, expresó el académico. Además, subrayó que, en el caso de plaguicidas permitidos en agricultura, la persona que los manipula cuenta con la protección debida tanto para preparar su aplicación como para ejecutarla, “pero en áreas públicas la situación es muy diferente, porque el que lo aplica lleva su equipo de protección, pero quienes andamos por la calle, no”.

Coincidió en esas preocupaciones el científico Fernando Ramírez, investigador y docente del Instituto Regional de Estudios en Sustancias Tóxicas (IRET) de la Universidad Nacional (UNA).

Apuntó que le consta el uso de glifosato por parte de varias municipalidades del país, aunque reconoció que hace dos años, en el marco de la campaña citada por García, algunas han dejado de utilizarlo.

Ramírez explicó que la aplicación de glifosato en áreas comunes de mucho uso, como bordes de caños y aceras, puede exponer a la población. “Hay que tomar en cuenta que pasa mucho tiempo para que el glifosato se absorba completamente en una planta después de su aplicación”, afirmó, pues, según informó, cuenta con datos propios de que, aun cuatro días después de aplicado, queda entre un 10% y 20% del glifosato aún no absorbido en la superficie de la hoja.

Al hecho de que el veneno permanece “exponiendo a la gente durante varios días”, el investigador añadió que tiene la característica de ser muy soluble en agua, “fácilmente se filtra por el caño y va a dar a los cursos de agua, entonces también hay un problema ambiental”.

Tras citar el mismo estudio de la OMS sobre los posibles efectos cancerígenos, Ramírez llamó la atención a que no necesariamente las exposiciones tienen que ser muy prolongadas, sino que pueden ser repetidas incluso con bajas dosis.

Además, indicó que, si en algunos casos se aplican en áreas comunes y zonas recreativas, entonces hay exposición no solo para seres humanos, sino también para animales domésticos, como los perros que mordisquean el zacate.

Ramírez hizo un llamado a que se busquen otras alternativas, aún en el caso de la agricultura, pues dijo que el glifosato es sustituible según la situación del cultivo, clima y época en que se aplique.

“Ya el país debería pensar en hacer retiro de algunos plaguicidas altamente peligrosos, no solamente el glifosato, sino otros plaguicidas que tienen efectos ambientales muy peligrosos, como los que dañan las abejas; especialmente estos que se han comprobado que tienen efectos a largo plazo, cancerígenos especialmente”, señaló.

REGLAMENTACIÓN NUEVA

García informó que incluso acudió a la Defensoría de los Habitantes, la cual acogió su denuncia al respecto, convocó a varios ministerios y conformó una comisión especial que estudia el tema para “valorar la posibilidad de prohibir” el uso del glifosato en áreas públicas.

Pablo Fernández, del Área de Calidad de Vida de la Defensoría de los Habitantes, confirmó que en efecto el año pasado se conformó la Comisión de Reglamentación del Glifosato, la cual incluye al Ministerio de Salud, al Ministerio de Ambiente y Energía, la Dirección de Gestión de Calidad Ambiental (Digeca), al Ministerio de Trabajo, al Consejo de Salud Ocupacional, al Colegio de Médicos y al Servicio Fitosanitario del Estado (SFE).

Según informó, se trabaja en una evaluación de riesgo del producto para valorar la regulación o prohibición.

Tras enfatizar que el glifosato no está autorizado para uso en áreas urbanas, sino que únicamente para uso agrícola, el funcionario dijo que desde la Defensoría están “satisfechos” con el avance en el trabajo de esa comisión. Además, informó que se trata de tomar en cuenta todos los aspectos relevantes para la salud y el ambiente, “no exclusivamente en lo que se refiere al impacto agudo”, ya que “generalmente la evaluación de plaguicidas es sobre la intoxicación aguda”, pero también es preciso evaluar los efectos crónicos que pueda tener, no por ingestión o consumo inmediato, sino por uso prolongado.

Así, detalló que la evaluación de los impactos del glifosato se enfoca en tres aspectos: la salud, el medio ambiente –que incluye efectos en el agua y en la fauna– y la evaluación de riesgo agronómico.

Fernández dijo esperar que este año esté lista una reglamentación nueva, luego de que los criterios técnicos sean presentados a las jerarquías de los cuatro ministerios involucrados.

Ricardo Morales, jefe de la Unidad de Normalización en Salud Ambiental del Ministerio de Salud, se refirió a los posibles efectos cancerígenos de la exposición prolongada al glifosato e informó que es uno de los aspectos que evalúa la mencionada Comisión interinstitucional.

Esa oficina, según explicó, se encarga de emitir normas y buscar que se publiquen reglamentos y decretos ejecutivos, para “regular, prohibir, controlar y darle potestades al Estado para tomar acciones específicas, ya sea de control, decomiso, vigilancia o inspección”.

Consideró que “el siguiente paso posiblemente sea la prohibición” ante la clasificación como potencial cancerígeno que el plaguicida recibió por parte del IARC. “Falta poco para comprobar los efectos en humanos. Con el paso del tiempo esa calificación será revisada”, afirmó.

Morales observó que, a la fecha, esa dependencia no ha recibido denuncias por el uso del veneno, pero subrayó que el uso en áreas urbanas no es autorizado, pues está registrado para uso agrícola. Además, destacó el esfuerzo de varias municipalidades y universidades que han dejado de usarlo (ver recuadro).

“Es una situación similar a la que se ha dado en otros países, en los que también se usaba y se ha descontinuado. El país está dando ese cambio, dándose cuenta de que no puede utilizar todo lo agrícola en zonas  urbanas, incluyendo el glifosato”, aseveró.

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